domingo, 24 de abril de 2016

martes, 22 de marzo de 2016

MENSAJE DE CONGRATULACIONES

Muchas felicitaciones a los seguidores de mi blog, les deseo muchos éxitos en sus empresas. Aquí nos seguiremos encontrando para continuar en la búsqueda de una mejor vida. Mis congratulaciones a todos. Hasta la próxima visita. Atentamente Adan López.

TENGO UN POEMA ESCONDIDO

TENGO UN POEMA ESCONDIDO El alma de mi poema se ha cansado y sin embargo quiere continuar su camino hasta el ocaso. Tengo un poema escondido entre mi yo, mi mente, alma, vida y su razón. Poema que no he podido echar a andar por la vía florida de la ilusión hasta llegar a la culminación anhelada. Y como pasaron los años y el verso quedó estancado; otros versos diferentes aparecen, que ni siquiera se acercan a los que debiera mostrar, que fueron los preferidos. Me iré con los versos sabios con sabor a nieve y humo, y en medio de valles rudos haré de ellos un jardín. Quienes a aquéllos se acerquen, mirarán cuando me muera, las flores del olvido, pues de olvido siempre fueron, son y habrán de ser. Saldré de paseo y llevaré mi Poema encerrado en el alma, sin que se merme su mérito. Así no pueda caminar por sí mismo, lo llevaré de la mano como a un niño al que se quiere, porque niño y corazón son afines hasta el fin. Salí a la calle; la tarde estaba lluviosa y horrorosamente fría. Nada qué decir del color de las nubes, menos de la expresión que mostraban los rostros que vi a mi paso. Algunos mostraban la conturbación que aprieta como un nudo. Otros dejan ver el amargo de lo que espanta. Muy pocos mostraban la satisfacción que agrada al traer la calma. Llegué hasta el parque de “los pájaros caídos”. (Desconozco por qué lo llaman así). Sí sé que aquí vegetan unas aves que importunan a la mayoría de los transeúntes con algazaras mordaces. Emplean una forma rayada en la villanía contra quienes a ellas no se acerquen. Esas aves horrendas, despotrican, acusan, aseguran; hacen juicios. Son lo más inocentes, cuando recae sobre éstas una humana acusación, exclaman bien enojadas: ¿Usted no sabe quién soy? Cómo no se va a saber, si hasta los grillos conocen a quienes están allí, sin que les resten sus méritos. En este sitio no halló espacio mi Poema. Cómo podía ser así, cuando éste busca la claridad del Ser, la manifestación de la gracia salvadora, y ello está a mil kilómetros de distancia. No me quedó otra opción que la de encaminar mis pasos a un bar próximo en el cual colocan música de los años setentas, y como todavía no estaba presente la clientela habitual, pedí que colocaran tangos. Tango amigo del cambalache, del malevo y de la harpía, del hampa y sus comisiones. También de los corazones solitarios. Por obra de la casualidad o del destino el tango es dirimidor de traiciones y de intrigas, de venganzas y de pasiones tormentosas. ¿Quién entre los que escuchan tangos tiene una cara en la cual la alegría esté presente? Por eso el tango es de todos los ritmos que se conozcan el más frío, el más tristón, tan amargo que es mejor escucharlo cuando todo se derrumba y al corazón no le queda ni una mínima esperanza. Cuando se borra un camino, cuando una puerta se cierra; cuando la luz es tan tenue que ni siquiera se ve una moneda en el suelo, el tango recorre con su armonía los lugares que quedaron atrás, dormidos entre un alud de quebrantos. Aquí mi Poema se detuvo, no por mucho tiempo, acaso porque los temas que exponían eran cosas comunes y corrientes. Los lugares más comunes todavía. Seguí andando como en un sueño. (Tal vez soñaba). Por una calleja estrecha, un callejón de aspecto deprimente recorrí un tramo en bajada hasta una galería de presentación lúgubre como el resto del entorno. Las personas que por allí transitaban andaban como perdidas entre una selva distante. Vi que en ese lugar pululaban muchos perros flacos y sarnosos, hambrientos, desmechados como esos seres que van sin rumbo, sin aliciente por las calles fangosas de la indigencia, fruto de la desigualdad. ¡Ah mi tristeza! ¿Qué es esto que huele a desperdicios de una fábrica de abono? Qué fue de la alegría, qué fue de tanto esplendor. Qué cambios tiene la vida, del paraíso al infierno solo hay un paso y no muy largo. Aquí no podía estacionar mi Poema, tenía que salir cuanto antes. Cuando di los primeros pasos, me di cuenta que había olvidado la entrada e ignoraba totalmente la salida. Recorrí el lugar en todas las direcciones: oriente, occidente, norte y sur. Por lo menos así lo creo. No encontré salida alguna: por doquier casetas, negocios en los que vendían cosas usadas y viejas; trebejos, cachivaches y otras cosas que no las nombro por insólitas. Cuando me sentí agotado me senté sobre una plataforma de cemento, casi a ras del suelo. Pensé: es de noche, sé que alumbran las estrellas y no las puedo mirar. Me doy cuenta que me encuentro en un lugar cerrado, no se contemplaba el cielo nocturno, por lo tanto, también debía de estar techado. Pasa un tiempo que se me hace interminable. Me acosa el sueño; duerno, no sé cuánto tiempo. De repente escucho el latido de un perro y veo cerca de mi cara sus dientes prestos a desfigurarla. Es un can enorme y además muy fuerte; es tanto el susto que me asalta, que lanzo un puñetazo acompañado de un grito enorme como hasta entonces no lo había emitido. Despierto, tomo consciencia con parsimonia engorrosa. Salto y veo con beneplácito, que me encuentro en mi habitación rodeado de todo lo que en el lenguaje coloquial llamamos, mío. La vida con su esplendor, el cielo abierto, la mente fresca y el corazón dispuesto a todo cuanto la oportunidad presenta. Fue un sueño nada más y qué sueño. Tengo tantos años, como hijos un maguey u hojas el libro El quijote. No obstante, mi Poema no envejece, ni sobre cosas impúdicas se adentra. No entiendo cómo pudo alguien envilecer mi Poema, denigrándolo con mordaz rencor, su estructura y su engranaje. Puede ser que quien lo hizo sea un pobre escribidor de versos cursis, o un don Zoilo pretencioso de los que no han de faltar. Prosigo protegiendo mi Poema de la osadía de tanto bribón, de tantos Juanes, y de aquellos que se creen más completos que una invasión llevada a efecto por los gringos. ¿Qué le importa a mi Poema lo que puedan hacer esos fantoches? Puede ser, puede no ser, entre una cosa y la otra hay un abismo. Claro está que en estos casos, el hecho de cavilar, es echarle más fuego al horno que arde como el infierno, (en caso de que lo haya). El hecho de denigrar sí es realidad. Mi poema es vagabundo compulsivo, y más que todo, puerta por la que entran casos y cosas artificialmente construidas y modificadas. En una palabra, la vida misma con sus muchas ambiciones y añoranzas; algo así como un tornado que todo lo absorbe y lo trastoca. Aquello de trastocar, es cosa de quienes buscan que el mundo marche al revés. A mí me fascina. Hay amigos sinceros, como también existen otros, que mostrándonos los dientes fingen sernos fieles hasta el fin. Uno siente sus influencias y se adhiere a sus pretensiones. Cuando ha pasado algún tiempo nos quedamos sorprendidos; cómo fue que le creímos a un patán estafador. La gloria tiene su cara y no del todo risueña; crepuscular su mirada y su sonrisa abismada, cual si tuviese presente algún engaño fatal. Gavilanes del espacio, palomas de los olivares; ¿qué relaciones existen entre especies tan distintas, la una tan prepotente, la otra sin ambición? No quiero comprometerme, aquello todos lo saben, el que manda y es más fuerte come el fruto que el otro plantó y regó. Qué se hizo mi poema, supuestamente guardado, fue una sátira que el viento desplegó en la inmensidad. Fue un resuello de angustiado, un resentido clamor de una persona que quiso que el sol alumbrara a todos, como estaba concebido desde antes de que las fieras empezaran a cazar, desollar y desmembrar. No duerme mucho el interés ni la ambición se descuida; el saber que el otro tiene un caudal en su poder, da motivo a que se ponga a trabajar la codicia y se busque con ahínco la manera de sacarlo de las manos del portador. Gran negocio es el de aquel que se pasa noche y día en pos de aquéllas ganancias, sean éstas justas o no. Lo mejor que tiene el mundo, es que el vivo va adelante, mientras el apocado camina sin saber a dónde va. La contraparte radica en cosa de mucho peso: cuando despierta el oprimido se tornará en opresor. Mi poema no fue en vano; al conocer el mal peor, puedo buscar que otros sigan preparando los caminos de una patria en donde brille esa perla que se llama, Tolerancia, cuyo sello trae a quienes la practican, el perdón, la Libertad. ¿Ambicionas más? No te engañes. Si quieres unirte al carro de los que sobrevivan al próximo desastre, no busques el poder. Busca la justicia rescatando una palabra ya olvidada: equidad. ¿Estás de acuerdo? Los pesos excesivos achatan las superficies planas, mientras las verticales se encorvan y colapsan. La palabra hablada a su debido tiempo es como la lluvia al árbol, como el calor al viento. Estuve cerca de un templo en donde el fervor ardía, en cada plegaria resonaba la voz dolorida de algún dolor secreto. El peso de todas las congojas, angustias y tormentos, conforman el fardo que tenemos que cargar. Decidme, ¿acaso el hombre se siente liberado de todos los errores posibles, que en el transcurso de su existencia pesan? Los humanos entregados a diversas ocupaciones, se bañan en la santidad de la fatiga. No sólo los hombres, también los árboles, los ríos, la luna y los planetas están entretenidos en su destino afecto. Ninguno reniega de la ocupación que a su incumbencia le fue notificada. ¿Por quién? Partir de algo existente, por lógico se tiene. ¿Quién ha existido antes de que brillara el día? El Sol, pero ya el Sol estaba programado formando la parte que le correspondía. Ni día ni noche, ni astros, ni Cielo ni Tierra, pueden sentirse libres de ser un día reformados. ¿Por qué pretende el hombre que eterno sea su día? ¿No ven cómo la lluvia que luego será un río, poco antes era nube? Y el diamante que ahora brilla con grandiosa refulgencia, ¿cuánto hace fue carbón? El agua trae la vida aunque es murmuradora. La lengua de los hombres¸ aunque bendice, también avienta el fuego que todo lo devora. Así de sencillo, como el que vende y compra, la humanidad se juega lo que le corresponde, a veces juega más, y entonces llega el peso que la aplasta y la sepulta. Creo en mi noche, creo en mi día y creo que llega la hora presentida de dejar el paso libre y despejar la vía. El Supremo Trasformador, este es el nombre que a mi Señor yo le he dado; si todo se transforma, yo lo seré también. El tiempo con su paso será la clave de ese proceso, lo demás, como cuando amanece y se echan a rodar todas las actividades del campo y la ciudad. Espacio verde azulino que circunda a las catedrales. Solaz de los albañiles que descansan sobre el prado, después de la dura lucha de su labor realizada. Soledad de campo abierto y senderos alejados, perdiéndose en los lugares donde los ojos no alcanzan ni siquiera a discernir si es bestia o humano el bulto que se pierde en la distancia. Nostalgia del peregrino cuyos pies ya están cansados, lo mismo que su alma buscan, un lugar una morada. Silencio de las estrellas, del río en el remanso hay calma; del arpa sus dulces notas, del bosque el perfume ignoto. De quien se fue, el recuerdo disolviéndose en el tiempo. Es larga la caravana de tanta estampa viajera. Los primeros que se fueron y son parte de la tierra, no se sabe si están en polvo o si el lodo los anega. A donde quiera que el hombre se dirija, tiene enfrente una sombra que lo aflige; la duda que aguijonee y la certeza de que está nadando en aguas turbias y malolientes. Una tendencia a buscar lo que cree que le corresponde lo impulsa con vehemencia. Al traspasar la barrera que divide y reúne, se da cuenta que es igual lo que tuvo y lo que ansiaba. Desesperadamente el hombre esclavo del infinito, va buscando en otra vida, que no es otra cosa que lo que tiene en ésta, y desprecia como si no le importase. Si la esperanza se acaba y el amor no ha funcionado, una falla traza el hito. El camino lo haces tú. Vuelve el lobo a su lugar, pero la oveja que ha sido de sus mandíbulas presa, se quedará en el olvido. ¡Es esa su suerte negra! Por mucho que se diga que está colmado el balcón alguna butaca queda.

DAR UN VISTAZO

DAR UN VISTAZO El hombre ante el infinito *** Pasarás junto a mi humanidad sin hacer ruido, como pasa la luz de la mañana silenciosa, revistiendo con su lumbre un campo ya desierto pero en espera de todo cuanto en él caiga. No me asombran tus ojos, ni el aire de frialdad que impones a tu rostro, que llenó mi corazón de dulces fantasías. Más allá de las meras apariencias, hay un vacío, y en éste, no se puede apreciar ninguna forma. No sabrás cuanto te amé, y mucho menos cuando empecé a arrojar tu recuerdo hacia el olvido. ¡Oh olvido!, qué remedio más eficaz contra todo pesar el que nos dio la vida. Mientras más piensa el hombre, más desafortunado se hace. ¿Qué límites demarcan sus expectantes pensamientos? La luz del entendimiento no supera a la porfía de indagar por todas partes lo que ya fue, lo que es y lo que será después, cuando los ojos ya cansados no puedan mirar con nitidez la luz del día. Después de todo, para qué se quiere ver lo que después de pasado un momento no es otra cosa que un recuerdo cuyas vibraciones a veces perduran por un tiempo y luego en silencio se tornan en el peor de los olvidos. ¿En dónde está la felicidad por todos añorada? ¡Ah!, si el botón de la rosa que se abre, permaneciera para siempre con toda su hermosura. El tiempo en su transcurso lo convierte, primero, en flor hecha, después en mísero despojo. Cambio y transformación constante es lo único cierto que se tienen. Ver caer un astro hacia el abismo es igual que ver pasar la vida y todos sus asuntos, alegrías, tristezas y delirios. Sobre la tierra está la gloria de los vivos, que es la vida misma con sus pasos. Sobre la muerte está la gloria de los muertos, hasta el momento presente ignorada y rehuida. Un pálpito indecible percibe lo distante, unas pupilas generosas observan lo factible, entre tanto una pequeña grieta intuye y propaga lo que ha sido percibido. Flordeliso, amigo o enemigo, no me importa. Lo que me incumbe es saber que has estado a mi lado desde el día en que la noche, trayendo sus rumores de selva vesperal, llegué al mundo cual un bajel que arriba cargado de posibilidades, pero abatido; pone en manos de quien lo recibe todo el temor que dejan los espasmos del dolor en medio del piélago iracundo. Hay alguien que se agita entre las fauces de dos abismos, el de arriba y el de abajo, Él mismo es un abismo que se une a los primeros. Entre abismo y abismo no hay fisuras, una fuerza mayor los hace permanecer siempre unidos. El ser humano es una parte del todo, igual en valor a la primera parte. Antes del Odio estuvo presente el Amor, que fue el pionero de todo lo que el ojo humano contempló casi perplejo, cuando al pasar la noche llegó el día, con él el destello de un sol refulgente, pero esquivo. El amor tantas veces prometido, el amor tantas veces insultado, une y reúne el Cielo y la Tierra… Luego llega el odio y los separa. No hay que temerle a lo uno ni a lo otro, ambos son parte de un binomio y si se alejan, sólo el vacío como si nada existiera no respeta ley alguna, imperará sin control como una llaga. Quisiera hacer una reflexión y corregir, si fuese posible todas mis malas andadas. Comprendo que no puedo cambiar mi destino, porque sé que la eternidad se traga todo hueso que allí va a parar, y no son pocos, tan crecida es la suma y sin embargo, no está colmada la avaricia de ese monstruo que todo lo tritura, ignoro si por placer, y doy por sentado que éste se alimenta de sus propios desechos y se renueva de manera continua. Cada caso sucede en el momento correspondiente. El universo tiene un ritmo que ni se acelera ni se aminora. Al traspasar el umbral de lo enigmático está la noche con su apariencia recia y su caricia helada. No trates de retener tu vida, el morir es más natural que recibirla. Mientras en la calle con frenesí trepida la bulla, en la penumbra se escucha una triste canción. Si todos comprendieran qué pensamientos pasan por la mente, o qué actitud asume el que al dejar la plebe se oculta tras de las apariencias del desdén. Tanto renegué del amor, sus atractivos y marrullerías, que al final tuve que admitirlo, no como una vivencia, sino como algo soñado, aunque sentido. Unos ojos verdes, por cierto, una sonrisa fresca, unas palabras aunque pocas, me hicieron comprender que el amor existe, que es hermoso, así traiga el dolor y conturbe nuestro espíritu. Premonición de olvido trae la tarde, todo olvido tiene el sello de quien fue amado, o al menos deseado por algo en particular. Hoy su sombra no cruza por la calle que recorro diariamente, si volviera a encontrar aquella persona que admiré, no tendríamos nada qué decirnos, ni siquiera una mirada, menos una sonrisa, ni siquiera un gesto de admiración. ¡Cómo es la ilusión de efímera y qué deleznable el destino! No vivo en un palacio rodeado de espejos refulgentes y bruñidos. Mi pasado no es glorioso, ni el presente tiene valor definitivo. En la estancia una palma se confunde con un río y mi experiencia sabe que palma y río no permanecen. Los pasos que ineluctablemente hacia el olvido avanzan, son lentos y tienen la constancia del bicho que taladra. No hay desvío ni atajo por el cual se evada el paso. La lucha de la razón aquí resulta vacua. ¿Qué hacer entonces, si la fuerza que por el espacio arrastre, es tanta que nos obliga a cada instante avanzar sin detenernos? No luches, sigue el paso de lo envolvente y olvídate que puedes liberarte. A flote sale del agua el tronco, y no porque su lucha así lo determine, es porque se ha entregado, y quien se entrega vence o sobrevive. Cambios continuos completan lo ya iniciado. A lo completo sigue lo decadente cuando avanza el deterioro. Ver caer un astro hacia el abismo es igual que ver pasar la vida y todos sus atractivos, alegrías, tristezas y delirios; panes que tienen que comer todas las almas, pues sin ellos, ni es vida la vida ni llega a ser realidad lo que se espera. El tiempo es la mejor medicina para sanar los corazones heridos. Después del tiempo, el tiempo; ya lo han dicho y aclarado. Sin embargo, ahí está la herida abierta como el pico de un pichón que reclama el alimento. Un misterio encierra otro misterio. Es posible que no haya ni uno de los llamados misterios, quizás sea simple y llanamente que nuestra mente y su conocimiento no alcanza a abarcar el asunto que se le pone en frente. Por medio de la locura la humanidad ha llegado a conocer muchas cosas de gran trascendencia. Por medio de la razón se hunden muchas. Sócrates y Jesucristo murieron de razón. La divina Comedia de Dante dice: “Arroja la esperanza”. Es decir, que en la lobreguez del infierno ésta resulta innecesaria. Aquí en el lugar donde se expande el día, aquélla resulta indispensable. ¿Por qué? Tal vez una noche envuelva al alma sofocándola y por eso tenga la necesidad de algún consuelo. La vida es una gran verdad envuelta en una gran mentira. Lo que parece verdad, es ilusión hecha forma. Forma de tigre o de paloma; formas de ojillos que tejen otras formas más sutiles. No me digan que el jaguar es un bicho despreciable, no he visto mayor encanto que sus ojos y sus pintas. Sol de las selvas tupidas, casi un dios que causa espanto; espanto porque el espanto es conocido por todos. ¿Quién ignora lo que se siente cuando el rayo viene a tierra, y hendiéndose el escorpión amedrenta con su cola? De todas las travesuras la de Cupido es la más hermosa. Sin embargo, cuando apunta su flecha en lugar vedado, como un Sultán que ha perdido su comarca y sus vasallos, cual una estrella caída se amilana y desespera. La verdad sólo la trae la tragedia y el olvido. La paloma, si supiéramos, en ella encontraríamos ese algo que se pierde, que se aleja sin que vuelva hasta nosotros, nos deja llenos de aquello que no es dolor y no es tormento, justamente lo contrario, bienestar y regocijo. Galopan los caballos a lo largo de la llanura; las miradas de los hombres les infunden grande intriga. El reino de la desventura es el lugar más cercano al temible más temido. No se trata de desconsuelo, se trata de desamor, la ofensa que el cielo sufrió sin cura definitiva. La espera ha sido larga y no se escucha el más leve rumor de reconciliación entre las sombras. *** Cada cual tiene su historia, y ésta lo exalta y engrandece hasta llegar a tocar la punta de alguna estrella, confundiéndose con su brillo y esplendor figurativo. Otras veces nos lleva a un simple sumidero en donde todo lo que creíamos precioso no es más que residuos de minas ya trabajadas, que ya no son, aunque hayan sido. La existencia es igual a un desagüe por el cual desaparece nuestro ser ya fatigado. Si riendo, si llorando, si ligero, si despacio da igual, al mismo lugar llegamos. El corazón solitario va sin tregua y busca el fin, en el transcurso se obstina, pero la fuerza que atrae es más fuerte que el deseo de seguir perteneciendo a un mundo que nos rechaza y no nos reconoce. Aunque la noche cierre sus pupilas de hierro, una ventana quedará abierta en el alma hacia una vertiginosa inmensidad. Solitario, solitario, solitario como quien canta una canción frente a la mar, no me asombro ni me inmuto. Desde hace mucho tiempo tuve la dicha o la desdicha de ser un navegante de descampado que sin ver el mar, soy el más seguro admirador con que éste cuenta. Admiré lo que los verdaderos marineros no disciernen: la mar en su extensión es el hogar; la madre que tierna nos arrulla. El destino final que he ambicionado, lejos de las costas cambiantes y engañosas, de movedizas arenas sobre las cuales el hombre es un simple soñador. Allá en donde el sol al morir tiene la majestuosidad de un rey al despedirse y las olas, el encanto de una muchedumbre desintegrándose. No existe lo perdurable, lo mutable es la ley de la expansión. Si no puedes perdonar las ofensas, no te dejes paralizar por ellas. Cuando te insulten, escupe y sigue tu camino, como quien dice: ni la suela de un zapato me ensuciaron, no fue tanto como para perder mi compostura y posición. A la sonrisa que te muestren corresponde, y no vayas a creer que fue sincera. Si te elogian, agradece y no obstante, ten presente: la efusión de los aplausos es sesgada. La única demostración de sinceridad se recibe cuando caes y te dan la mano para que te levantes y te restablezcas. No te vayas a perder entre las tumbas de este cementerio inmenso por cual caminamos a diario. Sábelo bien; desconfía si no quieres caer antes de tiempo. La hipocresía es sutil pero efectiva y la cara más risueña puede llevar en el fondo la hiel de un escorpión; aunque tú no veas su veneno es letal y cumple su función. Las apariencias ocultan lo que encubren. Cuánto barro esconde el pozo azul y cuánta inmundicia las calles asfaltadas. Gotas de vino vierte la luna; la estrella de la tarde tiene fulgor azul. Todo parece como salido de un cuento amable, una leyenda antigua que por mucho tiempo dejó de circular y se renueva. Como diamantes se ven los ventanales de la ciudad, mirados desde lejos. Árboles mustios medio quemados por quienes hacen paseos de olla. El cielo muestra su mejor apariencia; una estrella lejana brilla como la llama de un cirio que tirita sin cesar, parece un alma que pide ayuda. Noche de despedidas, adioses silenciosos; al despuntar la aurora se me presentó un lindo sueño, aunque fugaz. Un niño de unos once años llegó hasta mí, se acunó entre mis brazos, reposando tranquilo y sereno sin ansiedad ni temor. Tenía el cabello rizado color castaño claro tirando a rubio; su piel clara y tersa como el nácar o el marfil. Vestía una camiseta blanca y pantalones color marrón; parecía cansado como esos peregrinos que regresan de un largo viaje. Durante el transcurso del sueño, ni un mínimo gesto impúdico, ni un pensamiento procaz; la trasparencia era absoluta, el beneplácito total. ¿Quién era? Sábelo Dios, tal vez la encarnación de una idea. De una vida privada de cariño, la ensoñación. Un deseo frustrado; algo que el filo del tiempo tronchó. Los sueños son esas chispas que sin que pierdan su esencia, parten desde muy remotos recuerdos, vienen y nos visitan como el amigo que vuelve después de una larga ausencia; no tienen nada de extraño y sí mucho que creíamos que se había extinguido para siempre. Leyendo y releyendo el libro de la Vida, al pasar cada una de sus páginas me asombro. Cómo puede un libro ser leído desde antes de ser escrito, eso parece fantasioso, pero cierto. Así los libros traten muchos temas, hay tres que sobrepasan en extensión sobre los otros. La Vida, el Amor y la Muerte. Nacimos para amar, han dicho varios escritores y poetas; para morir dicen algunos. Si nacimos para amar, por qué se odia a veces sin motivo a algunos seres, y si nacimos para morir, valiente gracia; abrir los ojos, mirar lo que pasa, sin dar tregua para nada que no sea su transcurso ineluctable. Mover los labios y decir unas palabras y después caer al silencio. Eso me atedia y me causa un quebranto sobrehumano. Negar esa realidad, es ser un necio. Necio, farsante, tartufo, o malandrín; ¿qué ventaja sobre éstos tiene el sabio? Una misma puerta se abre para todos, lo que esté al traspasar el umbral es un enigma. El por qué, el cuándo y el cómo, cada cual se lo encuentra en su camino. Quisiera brindar por aquellos que han sabido amar y que murieron por una causa que los llevó muy lejos, no miraron atrás, siempre estuvieron con los ojos puestos en la meta, sin hacer rodeos y sin cambiar de rumbo. La luz brillante de la mañana se derrama a bocanadas desde la cima al valle. Todo es precioso desde su inicio, como es asombrosa la orientación que sigue en su transcurso la creación entera. Dicen unos: Es obra del espíritu que todo lo puede. En tanto otros opinan lo contrario: El espíritu va tras de la materia, que es primera. No hay tal, el espíritu y la materia van juntos, no pueden separarse porque entonces, ni el uno tiene en donde proyectarse, ni la otra puede tener un soplo que la anime. Un día, el menos esperado, un torbellino se contrae; el rayo salta, la Tierra se estremece, en ese instante queda embarazada, lista para dar el fruto que lleva en sus entrañas. La operación parece bien sencilla, ha de saberse que han pasado muchos años ensayándola. En el ensayo y en el resultado está la inteligencia. Después de todo, la iluminación anhelada nace de una decisión bien tomada y cultivada con constancia firme. El que no piensa ni proyecta un vuelo, es como un tronco que no retoña, va hacia la tierra en donde todo acaba, ya no le queda razón a la cual pueda afianzar sus raíces desprendidas. Ha soplado el sentimiento del mundo sobre las más sonoras liras, haciéndolas cantar. También los tambores, sin que puedan hacerlo como aquéllas, expanden su sonido atronador, éstos con su ritmo que atrae, manifiestan un dolor profundo e inmenso que más que todo es un ruego trepidante. De las cosas que afligen al hombre, la más amarga de todas, es saber que amamos y que el destino nos deja suspirando, mirando cómo se aleja en silencio la ilusión hacia el puerto en el cual nada es posible, excepto el consuelo angustioso del olvido. Cuando la vida termina llega el descanso total, las ansiedades del corazón se borran. Ahí sí, que pase el tiempo y la razón naufrague, que siga el viento barriendo con su paso lo que aún reste del naufragio. ¡Oh el vacio que todo lo encierra sin que falte ninguna de las partes! *** Vosotros los que tenéis la gracia procedente de los dioses de saborear el rojo jugo de las vides, tened presente su valor real y no el ficticio. No puedo trasmitiros la idea que tuvieron los primeros fabricantes. Tal vez no previeron los alcances de este néctar, que luego fue escanciado por doncellas hermosas y donceles selectos por su presencia brillante y armoniosa. Las bocas que perseguían la senda de la inmortalidad lo degustaron y se sintieron cerquita de la gloria. No hay inmortalidad, si el alma no puede penetrar lo inconquistable, por eso hicieron el vino; con su ayuda se llega a hallar la puerta de la felicidad. Mas tenlo presente; la felicidad no existe, parte de ésta está en lo que se desea y no en lo que se obtiene. Cuando lo deseado llega a ser nuestro, pierde el encanto y se transforma. Después de escalar una cumbre vemos otra, en el deseo de llegar hasta ella está la emoción que nos arrastra. Todo es continua expectación, vano delirio y un ir cayendo al vacio sin que nos demos cuenta. El pasado y el porvenir ilusiones son. Realidad, el presente con sus circunstancias, sinsabores y penas que la vida trae. Una mirada al oriente, otra al poniente dan la dimensión correcta, ni una pulgada más ni una menos; estamos en el sitio debido, como corresponde. Mañana, lo que hoy llamamos amores, resultarán ser meras añoranzas, encogimientos del corazón y acaso la nieve de los años nos envuelva en su caricia yerta como a una madreselva. Pueden surgir gratas y magníficas historias que se han de recordar entre los nuestros, haciendo mención de ellas como si fueran leyendas de tierras lejanas; experiencias que rozaron nuestros dedos, o lo más corriente, nuestra mirada atenta que vio una luna nueva y la mágica belleza de una puesta de sol, cuadro impactante. ¡Ay!, pero el cansancio es tanto que un lampo de tristeza puede teñir de vaga sombra el punto más interesante de aquellas narraciones. Unas fabulosas, otras no tanto, en cada una de ellas, el alma estacionada como si fuese un barco varado en altamar. Aquí si no hay remedio, todos han sido agotados; no quedan esperanzas y la ventura vuela como la paloma de la leyenda antigua, en busca de un ramito de olivo, que demuestre que hay vida aunque muy lejos, y que de todos modos no está perdido el intento de hallar algo mejor. ¿Algo mejor, han dicho? Me río de la dicha, si ésta fuera permanente apostaría a quedarme es esa mi posición. De eso tan bueno no dan en cantidad. Lo cambiante y lo mutante es la constante segura, lo demás es mera ilusión. Aquí donde me encuentro y en esta misma hora, veo con gran certeza que, cuanto he soñado es polvo ya barrido, basura en un cajón. De lo demás no hay quien me dé razón, tal vez porque eran cosas que no podían existir. El desear es humano, el cumplimiento de aquél, tiene sus leyes y sus requisitos, un mínimo desajuste echa a perder el tramo andado. Una tabla en el vacío, causal de desunión rompe el hechizo. Un pescador rudo y sin brillo, saca del lago algunos peces y los arroja a un recipiente pintoresco, en donde aquéllos quedan hechizados como los ojos de una monja en el transcurso de un milagro. En un taller, un forjador de imágenes talladas, con su cincel y su martillo, dando unos golpes pausados y medidos, saca de su imaginación una figura como ninguna igual, del mármol frio. Con cuánta paciencia realiza esa función, que también es su oficio; la más eterna, porque con ella se pude perpetuar la más leve y gentil de las sonrisas, más otra, y no de menos atención y compromiso: una lágrima que brota de unos ojos en que el dolor dejó sus huellas permanentes. Qué lágrima más pura y trasparentada, cual una perla diamantina suspendida en vilo sin que quiera caer y hacerse daño. Si se rompe el cristal y todo objeto quebradizo, no se fuera a quebrar un alma sola cuando presiente de cerca que un escoplo, y no de hierro, pretende perforar su simetría. El pescador, el escultor, el pastor, el obrero y el hombre culto; todos a la vez son creadores. Unos crean el bienestar para sus hijos, el otro crea y recrea, transformando el panorama universal constantemente. Son oficios sencillos, pero llevan un mensaje singular, dar forma al alma. Ésta no es más que nuestra vida, cuyo valor radica en su presencia; en estar en la lucha y no en espera que le llueva del cielo lo que quiere. LA SENTENCIA Mi canto vive de canto, sueña con la muerte y no se engaña, admite que la vida es breve y pasa sin tregua como el agua escapándose entre las breñas del tiempo, sin que de ella se pueda asir siquiera una esperanza. Sin excepción, como el faisán la mariposa; como la hormiga la tremenda harpía; todas pasan, se van y no regresan. Aunque dejen sembradas sus simientes son meras cosas que tuvieron vida, estuvieron presentes y se fueron. Todo en el mundo es un renuevo del árbol que ya fue, y que hoy es polvo. Me asombra y sorprende la mirada pausada y fija de quien muere, dirigida al ser que más amó en la vida, que deja plantado a la vera de la vía, sin saber porqué senderos se va el alma del que viaja. Nadie habrá de saberlo ni comprenderlo nunca. El Destino final, tremendo Arcano. Si uno mientras vive, de algo sirve, algo lo recordarán después de muerto. Si de nada ha servido, en el acto de morir ya está olvidado. Por la sabia que mana de la tierra, por la lluvia que cae de lo alto: Por el Sol que alumbra y suministra al vientre de la Tierra su sustento. Por la Luna que regula las cosechas y que siempre nos trae algún renuevo. Por el pan, por el vino y la comida, la bebida, la leche, la cerveza; por la miel, síntesis de todo lo expresado y por esas aventuras que se cuentan como si fueran escenas de una comedia que ha empezado cuando aún era inútil nuestra vida. Por toda la luz que el orbe tiene, quiero que vuelva mi espíritu a su sitio. Por el viento que acaricia mis mejillas y por la quietud aparente del cielo que me envuelve. Porque todo, aunque cambiado está presente y su transcurso es permanente. Con amor o sin él la vida sigue. El amor, bien puede ser una flor que se destroza sin consecuencia alguna, o lo contrario, algo muy feo y triste, pero humano. En el bote de basura, las flores más lindas son despojos, y una estrella al caer pierde el brillo, quedando desprovista de la gracia que la precedía. Al vacío cayó todo el embrujo de una ilusión, cuyos síntomas auguraban, no lo mejor, sino lo que ya descubierto resulta ser, el alarido de un perro que ladra ante su noche. Qué triste es la noche de los perros. CANCIÓN DE LOS BORDADORES En el seno de un hogar todo florece, hasta la estufa a gas tienen sus flores. El mantel, el cobertor, las sábanas; hasta las fundas que visten las almohadas. Los pañales, los petos, los baberos; las pañaleras reforzadas, los bolsos, el ombliguero, y hasta ese paño que cubre lo que un día ha de ocultarse con superlativo pudor y modestia inquisitiva. El oficio de bordar tiene de bueno que al realizar las funciones más sencillas, trae al alma la esencia de las flores y las delicias de un día sosegado. Todo, porque unas manos industriosas lo realizan, y porque una mente creativa lo programa. Unos bordan con hilo y son felices, porque ven su obra terminada. Hay quienes lo hacen con palabras, éstas como el aire son ariscas; muchas veces se quedan en espera de otra voz que las empuje y las lleve hasta la idea. El arte de bordar es muy antiguo y no por eso el encanto lo abandona. En él hay pasión, entusiasmo y beneplácito. Una prenda de vestir bordada con esmero, lleva mucho de quien hizo el oficio, al convertirla en algo más que un simple trapo ordinario y falto de atractivo. Un toque creativo singulariza y hace que una prenda de vestir sea interesante y codiciada. El entramado del hilo entre la tela, lo propicia. Si el hecho de bordar alegra, bordemos y esperemos que otras manos reciban el trabajo agradecidas. *** Hay veces en que sólo nos quedan las palabras, y si a fallar llegaran, los ojos abismados comprobarían lo que en la tupida selva de las neuronas dejó de funcionar; un parpadeo agitado como pidiendo ayuda trasluce el “no mensaje”, cual si dijese: qué pasó. Son cosas muy sentidas igual que tantas otras, en el presente caso triunfó la ofuscación. Tal vez porque no hubo siquiera una salida, o porque de tantas puertas ninguna se entreabrió. No todo está perdido, siéntase seguro, los males por oscuros que sean, siempre tienen su cura y solución; minutos antes del viaje hacia el olvido, no antes ni después. TAL VEZ UN POCO CRUEL No sólo de pan y vino vive el hombre, ni de estrellas y Mitos. Mirando al derredor, vemos un mundo que sin tregua nos reclama y nos sorprende. Nada requiere en realidad, sino que él pueda seguir sus funciones y marchar en el espacio como ha sido desde el día en que la ley natural trazó su destino ineluctable. ¿Hasta cuándo? Hasta que el hombre, antiguo trepador de robles y de acacias, con su ambición de infinito y de poder, lo permita al cambiar la atmósfera por humo tóxico y el oxígeno por gases letales, producto de materia en combustión. Una cosa muy pequeña que parece un mango del tamaño de un puño, es el causante. La medida de la ambición parte de aquél: no se llena aunque pequeño, con todo lo que le ponga la vida enfrente. Sin saber de matemáticas hace cómputos de gigantesca dimensión. Si se equivoca lo hace para el lado que le incumbe y no admite reclamos ni cede ante ruegos ni clamores. No obstante, cuando falla, sintiéndose indefenso clama e impreca como si fuese el único que tuviera la absoluta razón de ser y de existir. Al hombre lo persiguen muchos males; la soledad, la inquietud, la duda desgarradora; el cansancio que lo vence y lo hace inerme. Ese sin fin de insultos que le avientan cada vez que se aparta del camino. Cuando hace algo de valor, lo demeritan y si trata de resurgir, le ponen trabas. En contraparte, lo persigue a donde vaya la ansiedad constante de infinito; un deseo secreto de eternidad y de sobrepasar las leyes naturales, tocar así las fronteras donde empiezan otros cielos, otros soles y otros mundos. Para el humano que nace de la misma manera que los otros de su especie, su mundo es éste, el conocido, el maltratado, que le entrega cuanto requiere, sobrepasando el ardor que lo acompaña. Los otros mundos son lejanos e imposibles, por la misma naturaleza de éstos, inalcanzables, haciendo así que sean añorados e induciendo a creer que son eternos. Nada es eterno, excepto el ir de paso sin volver atrás, sin detenerse. CORTO VIAJE En el camino de la noche nos detuvimos a contemplar la luna que bajaba, casi estrellándose en la cima coronada por un fulgor lácteo opalino. La estrella más cercana no tenía más que dos centímetros de diámetro, tan pequeña parecía. Y saber que estaba a mil quinientos millones de kilómetros de la Tierra. Nuestros ojos la miraban asombrados como el niño que mira una luciérnaga. ¿Cómo puede en unas pupilas diminutas caber el espacio inconmensurable, y además una estrella y tantas otras? Al bajar los ojos hasta el suelo, pensé otra cosa más profunda: tan pequeña la Tierra, tan inmenso el universo. ¿Acaso no es por eso que el hombre sufre tanto? Sufre por su pequeñez, porque ambiciona cosas grandes, y al pensar en su fin se desespera. Por eso al hombre le infundieron la esperanza. Por las ventanas de tus ojos no entrará la noche, y si a entrar llagase, luces de claridades eternas en su lugar alumbrarían, entonces. No es que la noche de por sí, sea mala ni que llegue a oscurecer el sitio en donde la bondad se anida. La noche encierra algo indefinido, pero cierto: ¿por qué, cuando transcurre se aumentan los dolores, y por qué el pesar encuentra como a la cuna el niño? Quien interroga, sabe que hay muchas cosas simples que no tienen respuesta, aunque también admite, que si la luz titila, en ello hay un motivo implícito. No todos los espejos son fieles a la imagen que se les pone enfrente, ni todos los sonidos conservan su original cadencia. No todas las miradas trascienden lo eterno indescifrable, ni el corazón presiente todo lo que el mañana augura. “Hay un momento en el crepúsculo en que las cosas brillan más”. Hay un instante en la mañana y en que el cielo es más azul. Hay minutos en nuestra vida que para siempre debieran perdurar. Veamos uno de éstos en la voz de José Saramago. (…)“éste es el instante en que recogiéramos para nosotros, la ciudad dormida, el sol parado, la luz intangible; un muchachito mirando las cosas, enrollado en una manta, con una alforja a sus pies y el mundo todo, el de cerca y el de lejos, suspenso a la espera. No es posible, se ha movido ya, el instante vino y pasó, el tiempo nos lleva hasta donde una memoria inventa, fue así, todo es lo que digamos que fue. El peregrino sigue su trasegar por la ciudad escueta, mientras el tiempo avanza.” Cada cual tiene su historia, y ésta lo exalta y lo engrandece. Otras veces nos lleva a un simple sumidero, en donde lo que creíamos precioso, no es más que residuos sin valor. Ahí las penas, pesares, tristezas y amarguras se turnan de una en dos; encima la certeza de ser un simple reducto de un batallón que fue desintegrado en la lucha tenaz de la existencia. Reducir el impulso y deponer las armas nos ha exigido la voz de algún Mayor. Continuamos avanzando, la marcha no termina, riendo o llorando, ligero o despacio; en compañía de otros o solos, tenemos que llegar hasta donde las líneas paralelas desaparecen al tocar las fronteras que lo definen todo: lo mismo el Bien que el Mal. El cuerpo es la antorcha, el alma, su luz. El día pregona, la noche recoge. Las voces del mundo son meros clamores. Las voces del cielo son esas promesas que aparecen en los sueños, y cuando amanece miramos en torno que todo está igual. ¿Igual? No todo, el cielo es el mismo, el agua y el viento; no obstante, al traspasar las puertas de nuestro santuario, miramos que han muerto de las ilusiones la suma mayor. Marchamos en pos de otro sueño, queremos unirnos a quienes creímos nuestros, ¡Oh triste momento! Quedó al descubierto que sólo contamos con nuestro pesar. Aquellos ya fueron, ahora otros intereses cautivan sus vidas. Sigamos entonces, la ruta que nos pertenece sin ambicionar, y sin el menor reproche echemos al abismo misericordioso de la sin razón, todas las inquietudes, todas las ansiedades y como una mariposa que cierra sus dos alas, dejemos que el tiempo traiga lo que bien ha de traer. El mar que ha sido río conserva un poco de su dulzura original. En el río del tiempo fluye y confluye el hoy igual que el ayer…El mañana, cuando, despunte el alba, se le verá su cara. La esperanza es hija legítima de la acción, si así no lo fuere sería bastarda. Al hombre le han prometido de todo en abundancia: una tierra, una patria, un lugar en el cielo, la gloria. Además un sin número de artificialidades tontarronas. Lo que tenemos en realidad no es mucho, eso sí, de grande valor y trascendencia; un par de ojos, un par de oídos y el mayor de todos los bienes, el cerebro. De allí parte la locomoción, el pensamiento y todo cuanto abarque, que bien puede resultar ilimitado. Todo acontecer, todo giro, todo movimiento y hasta lo que no perciben los sentidos, es producto de ese centro dinámico a cuya función le debemos todo lo ha sido realizado a través de los siglos, que no es poco. Las formas de buscar lo necesario, para vivir, amar, pensar, ser una persona cuerda y responsable. Dejemos que este portento ingenioso, obre y actúe. Más allá de sus facultades está la oscuridad permanente, si alguna claridad se ve, son los reflejos de su misma actividad proyectada al infinito. En este órgano pequeño, del tamaño de una guanábana mediana se encuentra, para el que lo posee, la Tierra prometida, su patria, su hogar, su cielo, su ventura. Los recuerdos de la lejana juventud golpean el alma, traídos por los aromas de los pinares y las matas de eneldo y mejorana. Primavera de mi vida, ¿en dónde están ahora los botones encendidos de sus sueños dorados? Hay calma en los lagos, serenidad en los entornos, sólo en el alma se agita la flor que un día me trajo el padecer al sentir que era un extraño entre tantas cabezas privilegiadas. Los lugares recorridos, las leguas andadas han alejado y borrado los senderos por los cuales anduve cantando la canción sonora, que el hecho de existir ponía en mis labios. Eso fue hace tantos años, que esto ya es un sueño, y muy liviano. Otras notas y otros cantos surgieron como sacadas de un lugar olvidado en el que estuvo presente una ilusión. ¿Qué fue de ella? Se ha transformado en la continua agitación que me llevó a pisar la tierra en que principia la zona gris y sus heladas cimas. Hasta cierto punto un corazón que deja de amar se le apaga la vida. Y si este corazón no ha amado nunca, ¿en qué condición ha permanecido? Son pocas las satisfacciones que el vencido tiene, una entre esas pocas; saberse como el romero del huerto, que fue sembrado y permanece perenne sin que lo reseque el calor ni se amilane cuando le llega el filo de la navaja con su caricia yerta. La acción más grande es la de morir sin remilgos, sin oponerse a nada. Lo que fue de mi juventud, lo sabe el viento… A veces creo que nunca fui joven y que la esperanza no se hizo presente en el panorama de mi vida, que fui un ser sin rumbo y sin amor, así el canto y los guiños de las sirenas hubieran acometido, yo continué mi camino, y en sus bifurcaciones y recodos me perdí sintiéndome excluido. Por eso no puedo decir, no soy de aquí ni de allá; fui de todas partes y de ninguna en particular, porque el lugar para las almas solas está en la etérea región del infinito, en él habitan los que en el mundo no encontraron un punto al cual asirse. Y dicen que el mundo es para todos. Sí, pero hay casos en que las ansias de volar sobrepasan a la ley de la atracción y otros minucias. Así vamos escalando hasta llegar al límite que a cada cual le corresponde. Todo el atractivo que la vida tiene, junto al valor que se desprende de ella, está en saber que si tenemos algo valioso que nos singularice, ello es prestado y no nos pertenece. Quien lo puede aclarar no está presente y cuando esté, el reloj de arena estará colmado y la garrafa de cristal vuelta ya añicos.

NO HOS ENGAÑEIS

NO HOS ENGAÑEIS *** Aunque no estoy investido de autoridad alguna, sí puedo opinar sobre ciertos casos que me han parecido de suma responsabilidad y de vital importancia: cada cual es dueño de su propia muerte, y lo único viable que deben hacer los facultativos que lo asisten, es que llegada la hora, ayuden al paciente a que tenga una muerte digna, mitigando sus padecimientos hasta el grado que les sea posible. Luego la muerte, ese trance aterrador cuya contraparte o lado positivo, es que mediante éste, todas las penas, dolores, angustias y tomentos llegan a ser sólo la pálida sombra de un hecho ineludible que se cumple por la programación biológica que nos puso en marcha y nos lleva hasta su culminación inevitable. Cuando llegue mi muerte, espero que todo se lleve a efecto mediante las leyes naturales y no de manera artificial; no quiero que mi agonía se prolongue, quiero que estos huesos míos vayan al horno crematorio, o queden bajo la tierra solamente llevando las cicatrices que durante la vida recibieron. Quiero que mi fallecimiento ocurra de manera silenciosa, que mi huída sea como la de la sombra que pasa, que sin que diga un adiós se aleja sin ninguna consecuencia. A quienes me conocieron y vivieron más cerca, les debo mis disculpas. Sean éstas tan sinceras, tal como por fuerza y motivo de esas acciones, tienen que ser. No puedo quejarme de nada si no fuera porque en las entrañas, un rescoldo de fuegos nunca apagados del todo, agudizó mi sufrimiento llevándome a tener un comportamiento exagerado, fuera de lo normal. Pero esas son cosas que la vida nos adjudica y que debemos llevar sin reparos muy dentro del corazón. Los próceres de la Independencia soportaron la fatiga al intuir que sus muchos anhelos irían a quedar frustrados, o por lo menos anclados entre lo que tenían programado y lo que llegó a resultar. Tomemos como ejemplo la historia ya conocida del hombre más eminente del panorama suramericano; Simón Bolívar. Llevar a término tantas peripecias y aventuras, luchando por una causa tan justa como objetiva… El resultado final, qué desencanto tan cruel. Los poetas, quienes son también partes de los forjadores de sueños, y de esas realizaciones que el hombre pensador siente que emanan desde lo íntimo de su ser. ¿Qué ha sido de todo ello? Decidme qué resultados dieron los pensamientos de los grandes; de Federico García Lorca, Neruda, Aurelio Arturo, Álvaro Mutis, por citar tan sólo unos cuantos de los más cercanos. Los poemas de Borges, aunque un poco densos, son estupendos. Tantos y tan sustanciosos versos echados al viento, como quien arroja un ramillete de violetas al abismo y espera el eco acompañado de su exquisito aroma. Mientras lo lejano atrae y embelesa, lo cercano nos conmueve hasta el grado de hacer que reflexionemos. Miremos las laceraciones de quienes en este momento avanzado de la historia están todavía a la espera de una verdadera justicia. ¿No es cierto que aquello sea motivo y origen de un malestar tan profundo que las arterias que cruzan nuestras carnes fatigadas se ponen como a la espera, no de un remedio provisional, sino de uno definitivo que cure el mal de raíz? El mal peor, es no estar comprometidos con lo que de manera cierta está unido a la humanidad. No es que se persiga una cura milagrosa, aunque el milagro llega cuando todo se está cumpliendo. Lo que se precisa es que el hombre, y más que todo, los que tienen injerencias en la dirección del país, echen una mirada a su alrededor y miren con sus propios ojos en qué situación viven aquellos que están atrás. A mí, eso por la razón que me orienta a perseguir un destino digno del ser humano, doy mi explicita opinión. No todo el que se levanta elevando una bandera es el líder que requiere la inaplazable transformación de un mundo que agoniza entre crisis bélicas, que por rigor natural emanan de los manejos de aquellos que en su ambición no miran a quienes padecen. Pero eso es cosa conocida desde tiempos muy remotos, mas no por ello deben de perpetuarse esas tendencias aberrantes, como si no hubiera otros medios más justos y más modernos. Y al llegar al “modernismo”, la cosa toma otro cariz. Los pasados de moda, nosotros los más viejitos estamos mirando apenas cómo avanza la marea. Qué pensar, o qué decir de tanto objeto que llega creando necesidades que ni soñadas son buenas. Las contrapartes no cesan por mucho que se les quiera anular, pues si llega un nuevo invento, con él viene lo oculto. En el artículo viene la contaminación, ya sea del ruido, o de ondas electromagnéticas que alteran la personalidad de una manera sutil, pero letal. Vamos a la gloria, esa diosa admirada desde tiempos inmemorables. De ella, está comprobado, que es tan fugaz como cualquiera de tantas otras cosas que nos agobian. Bástame unas preguntas bastante bien atrevidas. ¿En dónde fue a parar la gloria del antiguo Egipto? ¿La Persa, la de Roma y de otras tantas más? “La gloria es una estatua que la cagan las palomas”. Dijo un poeta irreverente, y es verdad. Volviendo a la literatura, cómo cambia; pregunto, si ha de estar en la cumbre o, en cambio en el fondo. Eso es relativo, porque cuando avanza parece que retrocede. No es que el volver atrás sea malo, vemos a varios escritores que encausan sus escritos, acordes con los estilos que se dicen ya viejos. Algunos quieren volver a las modalidades en que fueron plasmadas, La Eneida, La Ilíada y otras novelas más. Yo conservo y cultivo mi propio estilo y mi tono, originales como cualquiera. UN POEMA Un poema puede ser el rugido de una fiera lanzado desde la profundidad de una selva, un alarido de Satán; el clamor de una estrella al momento de su colapso. El simple murmullo de una oración articulada por unos labios sedientos, ansiosos del rocío de la noche, o simplemente un suspiro entrecortado. Una despedida, una ruptura, un adiós temblando entre tantos quebrantos que la vida nos va dando en cada estación a que llegan nuestros pasos en busca de furtivos encuentros, que al final resultaron espejismos desvaídos. La vida a cada momento se acaba, y nos damos perfecta cuenta que lo perdido es irrescatable. Entonces nace el poema y esperamos que éste, al menos transmita siquiera en parte, algo de una vivencia singular. Pedacitos de olvido, retazos de pasiones intensas y de negros reproches que al final nos brindaron tarjetas con soles de valor celestial. El delirio es el fruto elocuente que logramos obtener. Si hay más es poco, la justa porción para el envenenamiento. Un poema puede ser el último hálito que exhalemos, la primera nota de un canto que nos lleva, y a cada minuto nos aleja, ¿de qué?, de nada, porque ya no seremos más que una recordación de duración temprana. Cundo se rompe la barrera del tiempo, atrás no queda nada, y lo que se pueda encontrar es inescrutable. Soberanas leyendas nos instruyen sobre posibles estados de consciencia, dicen que es posible que ésta sobreviva a la destrucción del cuerpo. En la práctica vemos cómo el aliento de vida abandona al yaciente y de ahí en adelante; ¡oh misterio! Hasta el cielo se nos queda en silencio; la tierra más solícita, asigna la oquedad en la cual por mucho que se gaste el cielo no hay salida posible ni actividad alguna. Plantado sobre la roca hirsuta de la fatalidad, lanza un hombre su última queja. Tal vez el cielo la tome, tal vez la rechace, pero la voz de la verdad es imperiosa y no puede ser desoída, por mucho que se interponga el eco de voces fingidas, perdidas en su misma artificialidad. Lo auténtico es lo primero, lo artificioso se queda con quienes lo inventan.
UN MUNDO SIN GUERRA *** ADÁN L. LÓPEZ Don Adán es un ciudadano campesino, es sencillo pero no ingenuo. Es de pensamientos libres y de sus actos también. Ha recorrido su sendero no exento de desgarramientos que le han inspirado varios de sus escritos, reconocidos por notables literatos. Es un hombre serio, pausado y de largos silencios que aprovecha para escribir poesía, novelas y otros escritos. Coherente con su libertad individual, respeta al lector, no le impone sus criterios y tampoco le hace concesiones. En sus obras comparte sus ideas, experiencias felices y dolorosas. Usa un lenguaje claro, espontaneo, sin renunciar al halago de bellas comparaciones. Sin pretensiones científicas incursiona en la psicología humana de tal manera que se gana la admiración de sus lectores, que se sienten acogidos en sus exposiciones. Don Adán se relaciona con el prójimo de manera cauta, franca, sincera y amable. Heredó de su queridísima señora madre, doña Merceditas López Márquez, parte de la sabiduría de quien no tuvo repliegues en el alma. Es amigo incondicional, y reserva parte de su fogosa tenacidad, que no saca a relucir sino cuando el caso lo amerita. Ricardo Arango Posada LLEGÓ LA GUERRA Llegó la guerra. Me piden que me cuelgue del hombro una metralla. No acato sus órdenes, sargento; tengo dentro de mí una batalla más grande que librar. ¿Acaso no es suficiente la inmensa llaga abierta en el costado? La lanza hiere, hecha es de acero, la indolencia no lleva punta, pero desgarra las carnes con la misma contundencia. No quiero la guerra, aún sabiendo que en un campo de combate, alguien se ha encontrado un auténtico Stradivarius. Con dos cuerdas rotas, tirado sobre los cadáveres de varios combatientes. Nadie supo del último que pulsó el instrumento, ni qué extraña melodía pretendía interpretar. LA CAÍDA En la senda de la vida hay tramos bastante duros, y sin razón aparente el genio tiende a caer. La caída es sorprendente, no se mide por el peso, se mide por el impacto, no por su proyección. Fácil y cómoda parece al verla. En la mitad del trayecto, ¿qué se habrá de presentir? Es necesario conocer la noche para así apreciar la claridad del día. Quien no conoce el abismo, no sabe nada de aquél. A PUERTA CERRADA Nadie reclamó ni dijo una palabra de reproche recriminando el hecho. Las puertas al cerrarse rechinaron. Afuera reinaba la oscuridad más azarosa. El suicida estaba libre de intrigas y de mofas. Todos pensaban: “Un ser tan trasparente como era, no pudo adaptar su vida a las costumbres de este mundo violento y sacudido. Tenía que escapar de tal suplicio”. La muerte borró todo vestigio, de la flor no quedó más que la esencia. Después de varios años abrieron el sepulcro. El despojo que hallaron era igual al de todos de los demás fallecidos, excepto por agujero que aparecía en su frente, por el cual asomaba la corola de una rosa fresca y pura. ¡Cómo puede ser! Exclamaron todos. La rosa se prolongó hasta el infinito, como una herida sangrante que derramaba rubíes y no pétalos marchitos. Morir a los veinte años, si es por una pasión o un amor, resulta hermoso. Si se muere teniendo una esperanza, es más bello todavía, y si dicha esperanza es la de volver a ver al ser amado, puede resultar tan atractiva como una comunión floral en plena primavera. No es el hecho de morir lo que entusiasma, es la posibilidad de encontrar lo ya perdido. Morir en pos de un ser amado, tiene el encanto de un copo de nieve que se diluye con suavidad en nuestras manos. Es el instante supremo en el que alma no soportando el dolor, no le queda otro consuelo que el de saber que el cuerpo muere y el sufrimiento termina. No por voluntad ajena, más bien por voto propio. ¿PARA QUÉ SIRVE LA GUERRA? La guerra es el juego del ajedrez, en el cual juegan los generales, no con figurillas de plomo, marfil o carey, sino con soldados de carne y hueso; voluntad y obediencia ciegas. El potentado da la idea, el pueblo pone las víctimas. La guerra sirve para tronchar vidas jóvenes y hacer que los viejos lleguen a su final más de prisa. El final definitivo es aún más paradójico. Cuando la guerra termina, los generales se saludan con efusión asombrosa, y a veces hasta se abrazan. Cenan en la misma mesa y hacen cuentas de sus bajas. “Ciento sesenta y cinco muertos para tomar una colina; ciento veinte para defenderla. En total, doscientos ochenta y cinco hombres caídos en el combate”. La colina hoy está desierta, abandonada y sombría. No trina un ave, no hay señal de vida alguna, y hasta la brisa se acalla. Muchas madres miran tristes con sus ojos ya cansados, a las montañas y a los collados, al cielo que los cobija, y preguntan: ¿Por qué a mí, por qué a mi hijo? El hijo que aún no ha muerto, en otra Tierra interroga: “¿Por qué me toca a mí, precisamente a mí, defender la paz, mientras otros en sus casas muy serenos, inventan leyes para hacerme morir y se cumplan contra mí? En esos mismos momentos, los que iniciaron la guerra, beben whisky; cenan comidas servidas por manos bien enguantadas. Todo parece muy elegante, aunque en medio de tanta ostentación, los muertos saquen sus manos y las metan en los vasos y rieguen su contenido, o por lo menos lo enturbien. Bien servidos y serenos todos ellos, con rostros de “yo no he sido”, ni siquiera se cuestionan. No tuvieron piedad de tantas vidas segadas por la acción de los fusiles oscuros y las metrallas sedientas de destrucción y de infamia. Ahí se ven complacidos, con la frente levantada y el alma puesta en la “prenda”. Los vencedores escriben la historia. A los vencidos les queda la gloria de haber sobrevivido. Los muertos en sus fosas, nada tienen y menos lo necesitan. Los vivos pronto olvidan, y la tierra abre los surcos recibiendo las semillas rociadas de sangre y fuego. La cosecha viene luego, y no es extraño que sea más próvida que la inversión que puso el pueblo engañado por la astucia sutil de voces bien entrenadas. LOS SOBREVIVIENTES. Reparten el amor en pedacitos, la comunión no es más que aquello. Que los que odian se vayan a compartir su bilis con las fieras. Que se alejen al desierto, los que queman dinamita y que en el yermo paisaje los petardos explosionen. Que el burlador visite los circos, si es que quedan algunos todavía. Que el que miente por complacencia, dé la cara y no se esconda entre los otros. Que el que hable, levante su voz en pro de los débiles, y los vencidos; ataque con su verbo contundente a los cobardes que esclavizan a los menos favorecidos, por medio de argucias milenarias, de trucos y de discursos que no pasan de ser promesas vacías, que han de quedar olvidadas, a la manera de las pavesas que el viento esparce. Que se ponga una flor en cada puerta y no en las tumba, cuando el muerto no la vea. Que traigan vino y alegren a los sobrevivientes, que son los que padecen y sufren los horrores de la guerra fratricida. Que se llenen de guirnaldas los balcones, que se vistan de topacio las aceras. Que cante el labrador en su comarca y celebre la fiesta de sus vides. Que el obrero pueda ver la luz del día sin sentir una espina que lo hiera. Que el Ama de casa tenga fuego y ese fuego no la queme. Que el que inicia un proyecto no se quede en sus inicios. Que encuentre el caminante, su camino y que la sombra del atardecer no lo trastorne. Que el estudiante pueda ver con trasparencia, cual es su meta y pueda comprender por qué la persigue, y si la percepción de su realidad es la más clara. Que todo corazón sirva de nido a un gran amor que dé frutos lozanos y no la laxitud del desengaño. Que se traduzcan en accione las palabras, el pensamientos en ideas productivas. Que puedan salir de paseo las familias y en un prado retozar con toda calma. Que al lado de la esposa esté el marido y junto a ellos los hijos, y si fuere posible, los vecinos. Por último, que el mar cierre sus fauces y no sepulte a más embarcaciones, ni a más aventureros que buscan un sueño irrealizable, un sueño que si fue factible en otros días, hoy resulta quimérico y absurdo. El que quiera mirar un mundo nuevo que ayude a conservar el presente y empiece a construir el que desea, sin unirse a la voz de los cobardes. UNA NUEVA VOZ Una campana empieza a sonar en la distancia. La alegría comienza a visitar mi ser interno. No es la alegría conocida. Es algo indefinido que la mera razón no reconoce ni la entiende. Ya puedo visitar el templo cuyo dios es el Amor. Se ha quedado mi garganta sin palabras; mis ojos y mis oídos suspensos ante tanta belleza y perfección. Sobre todo, lo más grande es que, sin ser un iluminado comprendo sin saber. VOCES MONÓTONAS Mientras haya esclavitud, habrá libertadores, aunque luchen en vano, necesarios son. La libertad y la paz son utopías, meros sueños que desembocan en el valle desierto de una nueva sumisión. No es que la paz sea irrealizable; la agitación es el comienzo de lo nuevo, de lo que se gesta y llega a existir después. El polluelo ha de romper la cáscara del huevo. Sin un mínimo esfuerzo, el que nace no llega siquiera a buscar con qué calmar su hambre y su ansiedad. Siempre han de haber malos versificadores y malos poetas, con el tintineo de sus voces perdidas entre la multitud. Soy uno de éstos, mi gloria se afinca en el absurdo de haberlo sido y continuar siéndolo. Y lo hago para vivir y trasmitir la parte de la verdad que desde el principio percibí, sin pretender sobresalir en absoluto. No quiero anularme al hundir en el silencio mi verdad. Mi verdad es la de todos, de los que claman, de los que callan y de aquellos que nunca se atrevieron a salir de la prisión del sometimiento, resultando víctimas de toda humana incomprensión. Todos tienen derecho a la libertad, aunque sólo unos cuantos la puedan hallar. Los otros se habrán de consolar con los sobrantes que arroja la marejada de los dueños de la nata, que buscan a toda costa el gran botín. El que ignora cómo funciona ese aparato, lo disloca o de manera estúpida se somete a él OSCURA NOCHE Se refugia el alma en su noche de miserias; el corazón en su caverna oscura palpita sin parar hasta el final. Hombres hay que no quieren apartarse de ese estado. Un viento más frío que el del mismo polo, los vapulea inclemente, fustigándoles de manera constante. Con todo, el hombre va sin fe y sin norte, sin saber qué hay tras de la realidad conocida. Si es falso o es verdad cuanto se ha dicho. La dicha es apenas un leve susurro y nada más. La esperanza, un foco de luz que el viento azota. El amor, un horno que a veces calienta y otras veces se enfría. Impasible y a veces desdeñoso, como si nada se le viniera encima, avanza el hombre para perderse luego entre una nube tan oscura como amarga. Así digan que esto no es más que una visión trágica y fatal de una mente delirante, mirad el fin y comprenderéis como muchos lo hicieron; no claudicaron jamás, pero tuvieron presentes las verdades tremendas e intangibles que muchos no perciben y menos descubren. Con ser así, sufren aunque lo ignoren todo. El que más se aproxima al conocimiento puede ver cómo avanza el peligro en la distancia y es factible que pueda rehuirlo. CORTA NOTA Quien sólo por el placer de mirar, es capaz de contemplar la hermosura de un rostro, una imagen grabada, un paisaje, una flor. También puede apreciar la imponencia del espacio y sus múltiples maravillas, sin sentir sufrimiento, amargura o pesar. Ver que el mundo es tan chico como un grano de arena, en la playa estelar. Puede el hombre en su lucha constante, encontrar cosas nuevas, o llegar hasta el sitio en el cual esté lo que haya sido motivo de su mucha ambición; observarlo, palparlo, extasiarse en aquello, pero nunca incrustarlo en su ser. MI PEQUEÑO MUNDO Ahí está, es pequeño, tan pequeño que a una nuez, es comparable. Camina, no cabe duda. El movimiento es eterno como eternos son los mares y el espacio prototipo de poder y eternidad. Nunca se detiene, aunque a veces se distrae. Sigue su ruta fijada, no se queda plantado. En la acción está el motivo que lo impulsa a continuar. Cuando llegaron los tiempos de las primeras tormentas, buscando, siempre buscando no cesó en su travesía. Fue dueño de su aislamiento, el que muchos confundían con una isla desierta, o una barca a la deriva. Es este mi mundo aparte, mi refugio y mi ventura. Si no existiera el cristal, la luna serviría de espejo y las noches siempre negras mirarían de soslayo. A veces creemos que nos miran unos ojos, cuando ni siquiera nos ven, su visión está lejana. Miran sin que quedemos en el foco de esa mirada. Creemos haber hallado lo que con tenacidad hemos buscado. Cuando queremos asirlo, escapa con la presteza del rayo que nunca cae. Todo esfuerzo resulta inútil. Lo que creíamos cercano, resulta ignoto, y lo distante cercano a nuestro alcance, quizás. DILEMA No sé porqué me desconcierta el ruido. Ni cómo puede el alma olvidar lo que ya ha amado. El aire es vida, y sin embargo, a veces contamina y mata si en su corriente circula algo nocivo. Si llega el bien, el mal se anula. Si el mal hace presencia en medio de la fiesta, la traición cumple su oficio. Lo amado llega a odiarse; se convierte en fealdad lo que hasta allí fue bien hermoso. La oscuridad cubre el recinto, la luz no ilumina la estancia, y el camino no es más que una cicatriz que pronto se abre. No crean que el hombre solitario sea temible como afirman. Es un león domesticado, aunque pueda rugir no causa daño. Un ser apartado del grupo que mira desde otra dimensión el ajetreo de lo que los demás llaman, vida práctica. No rehúye a la gente ni la insta a que lo sigan, reconoce y respeta la libertad de cada uno. Lo demás, es ficción. A veces soñamos que soñamos con algo tan bello e imposible, que el alma soñadora se despierta al más leve temblor que nunca ocurre. SOBERBIA HUMANA Flores rojas a la vista. Música lejana, tan lejana que parece venir de otras esferas. Aun, siendo todo así de hermoso y estupendo, hay algo que no encuadra en el conjunto. Un vacío, un abismo; una cicatriz que nunca sana. La manzana podrida, el vino triste. El día que pasó ya no tiene importancia, ha quedado encallado en la orilla del tiempo. Imposible tratar de revivirlo. No reviven los muertos ni retoñan los astros que se están disgregando. La que reina es la noche y ésta tiene sus límites, vano es tratar de expandirlos, o siquiera fijarlos. El alba del próximo día abre su ojo diáfano y puede verse el recorrido de un gusano oscuro, gigante que incursiona en el panorama desgarrando los velos de las futuras lloviznas. Se presiona una llave, se acciona un manubrio. Una broca abre un hueco en la pared, aparece una huella endeble e indiferente al paso del tiempo y a los muchos rumores que podrán circular. NO SON VANOS LOS COLORES Verde la esperanza, amarillo el enfado. Azul la añoranza, de la remembranza Es prima cercana la blanca ilusión. Noche de continuas ventiscas, el invierno arrecia, Dentro de mi estancia todo está en silencio. Si más hubiera amado, más habría sufrido. Si he sufrido penas porque amé una vez, cuántas sufriría Si a cien se acercaran. Y a pesar de aquello, no quiero apartarme de la fuente amiga, Así esté enturbiada, la proclamo hermosa. Una luz que salta entre el aquí y el allá Ha de ser eterna, y si no lo fuese, la amaría también. Hay quien se enamore del caprichoso perfil de una tormenta Y hasta de las sombras del último fin. REFLEXIÓN A los que quieran saber de mi razonamiento, les diré sin tapujos mi opinión: En esta vida he aprendido algo importante y de valor. Amar el milagro de la vida. Vivir cada momento con pasión. Haber nacido, haber llegado hasta el punto en el cual estoy, esperando sereno la despedida. Lo demás una farsa que da risa. Sin tocar ningún extremo avanzo y me pierdo entre el denso velo, figura evidente del fatal desdén. Conozco el paso que hasta el fin me lleva y la encrucijada que dejo al partir. REHACER Puedes caminar en silencio por un inmenso desierto, o recorrer dos mil kilómetros por las rutas de los Andes. Tu final puede ser triste, cumpliéndose tus temores, o por lo contrario un manojo de infinitos parabienes. Lo que lleves en el alma determina el resultado. No hay viaje más alarmante y de cuidado, que el que se adentra en el tiempo, en uno mismo. Si tu pasado fue de gloria, de alegrías y de lujos, notarás la diferencia al mirar en el recuerdo las imágenes que fueron el centro y la periferia. Sólo el presente tenemos, eso sí, por un instante, porque a medida en que pasa, los sueños quedan atrás y la esperanza se torna en remembranza y nostalgia. Soledad, ¿qué espinas guardas, por qué te ensañas en aquel que tiene la frente rota y dolorida la piel y nunca pudo esquivarte? Ninguna ilusión de corazón, ninguna alteración de los sentidos. El vacío me reclama y voy a él. Últimamente he sentido que el mundo gira al revés. Tal vez los astros cansados de rodar en el espacio, buscan con sigilo, poder detenerse y volver al primer punto en el cual todo empezó. SILENCIO Calladas las notas del último canto Cerradas las puertas de la habitación. Mirad cómo yacen los viejos retablos De idilios perdidos que no serán más. La vida que tuvo color de esperanza Tornada en pedazos semeja un mosaico. Y lejos, muy lejos reposan las flores Que antaño adornaban la mesa central. Silencio, canción secreta que envuelve todo lo oculto Con cuánta delicadeza deja en reposo el pasado Procurando que otras notas No aviven aquel fogón al expandirse las llamas. NO ES HERMOSA No es hermosa esta tarde como aquella, cuando el dolor aún estaba lejos. Reina la misma quietud, pero en el aire fluyen otras brisas mas esquivas. El tiempo cambiante, busca una hoja para cada día y cada hora, sólo lo inerte permanece. Pasa un ave, no se sabe a dónde va, ni de qué lugar procede. Es el ave precursora del olvido sepulcral y de la calma definitiva. En la distancia hay un vacío en el cual caben todas las heridas que el mundo, desde su principio ha recibido. Un hombre en un antejardín, lee un libro. Hombre, libro y soledad se funden en el más elemental de los conjuntos. Todos los hombres recuerdan lo que una vez amaron y lo evocan en horas en que todo parece que se derrumba y se va a pique. ¿En qué parte quedaron suspendidas las últimas palabras que un día pronunciaran los labios adorados de quien marchó a su fin sin dejar rastro? Escucho que me llaman con una voz apagada como la del viento de invierno. Su sonido es débil y no entiendo ese lenguaje. Cuando el verano vuelva, la voz que me llamaba, será el simple eco del agua que cayó después de pasada media noche. Sencillamente, sin más explicaciones, busca la acera el ciego y el perro su cubil. La luz que fue, será simples reflejos y las voces de hoy, un murmullo que se aleja y se apaga hasta su total agotamiento.

OCASO DE UN SUEÑO

OCASO DE UN SUEÑO Adán l. López Por doquier el hombre vaya, las huellas que deja son parte de su ser. DESESPERANZA *** “Todo está tranquilo y estoy solo, no hay nadie en el espejo”. Como dijo Borges. En el fondo no es este mi problema, menos el de querer indagar aquello que la existencia oculta bajo el oscuro manto de la frivolidad, que el mismo ser humano siembra y trasplanta de un lugar a otro en busca de un mejor campo de cultivo. ¿Buscar la comodidad? Vaya, no hay tal comodidad, ni sitio alguno en el cual pueda estar la razón bien empotrada. Y, ¿Cuál razón?, dirán algunos. Cada uno tiene su propia porción de ésta; a veces exagerada. Unos dicen que el hombre es una bestia, otros que es lo máximo de la creación, el único entre todos los animales que posee conocimiento y por ende, ciencia y tecnología. Esto hasta cierto punto es verdadero, pero… ¿qué decir o comentar de su instinto belicoso? El mono trepador, el asesino que por conquistar su territorio despojaba a sus congéneres, es evidente que se hace sentir en el presente, por medio de sus descendientes. ¿Quiénes son éstos? Sin temor a equivocarme, son los que hoy hacen lo mismo; despojar, desarraigar, maltratar a sus congéneres. Como la vida a veces se torna en un completo caos, el sentimiento humano se va convirtiendo en un espasmo, que si bien, no es un dolor agudo, sí es un tormento que se disuelve en llanto. Esta expresión tan primitiva, simboliza todo cuanto el alma puede manifestar de grande y noble. ¿Qué le queda al hombre después de haber pasado por las más duras pruebas, sino ese recurso primero y último, acaso el único para por medio de él calmar sus dolores más secretos? ¡Ah magnífica expresión, el llanto! La soledad como la noche, también tiene sus encantos. El nacimiento del alba causa un favorable bienestar a quien lo admire. Hay que ver cómo el cielo en un momento, cual el ave que despierta, hace alarde de su luz; su trasparencia expansiva envuelve al universo, al mismo tiempo que suministra su energía creadora. La belleza trastorna al ser humano, Pero, ¿qué es la belleza sino aquello que armoniza con la ansiedad del corazón? ¿Qué es lo que el corazón ansía? Ansía la posesión de lo que admira, el amor y la profunda calma que emanan de unos ojos en los cuales la envidia aún no ha hecho su desastrosa aparición. Eso es lo que busca el peregrino al transitar el camino del dolor. No hay que cifrar la esperanza en lo que hechiza; en donde hay destellos demasiado refulgentes es peligroso detener nuestra atención. Una cosa aprendí después de varios años de trasegar por las sendas de la fatalidad: No culpo a Dios, como algunos lo han hecho. Tampoco a mis progenitores. El medio en el cual me albergué de niño, apenas influyó un tanto en las determinaciones arbitrarias que después hice a la ligera, como quien al sentirse perdido en una selva, toma la dirección que, dada las circunstancias, le parece correcta. Me equivoqué, es posible. ¿Quién no se ha extraviado jamás, ni ha trastocado en sentido contrario sus proyectos? Cuando hablo de estas cosas, me refiero a todos los giros que di, buscando el derrotero por el que habría de transitar, cuando llegara a ser un hombre mayor. ¿Qué encontré que me sirviera de norte y guía en la angustiosa búsqueda de una personalidad definida y estable? Si les contara con toda claridad, quienes se llegaran a enterar de esto, quedarían asombrados ante tantos descalabros. Como consecuencia de tantos exabruptos, fui bebedor empedernido; no estudié en ninguna institución educativa. Trashumante, vagué como perdido; no tuve amigos, acaso conocidos; estuve más de una ocasión cerca del suicidio. Busqué la muerte trenzado en aventuras temerarias. Frecuentaba sitios en que las peleas, riñas y disgustos eran sucesos habituales. De tanto sumergirme en el fango fui aprendiendo, que la muerte no viene cuando uno la busca o la desea, por el contrario, mientras más se busca, más se aleja, y al final hemos de vivir el tiempo que la suerte nos haya determinado desde que nacimos. Doy gracias de que al final encontré un punto de apoyo; la espiritualidad como primera medida, y la literatura que llegué a amar como a mi novia más querida. No tuve muchos amigos, he sido y soy un hombre solitario. La soledad es pariente cercana del olvido, éste a la vez de la muerte es mensajero. La muerte es desprendimiento, no renuncia; si a la vida y todo lo que encierra, renunciáramos, no mereceríamos poseerla, y al perderla sería como si nunca la hubiéramos tenido. Empero, nacimos, crecimos y algunos, no todos, lograron reproducirse. El árbol que nunca dio fruto, es misterioso; esta situación puede ser ventajosa o no, pero el conjunto de hechos que involucran la existencia, es tan complejo, que nadie lo puede descifrar, así transité por la senda de la ciencia que interpreta la conducta de los seres racionales. Los seres racionales en su estructuración, son el producto de una, o varias causas bien difíciles de interpretar, analizar, o siquiera intuir. ¿Qué opinan los psicólogos? Vemos a seres perdidos en laberintos azarosos; no imploran caridad ni misericordia, ni siquiera parecen dar indicios de una aflicción que les mortifica. ¿Saben quienes pasan por su lado, qué dolor, qué tristeza padece aquel que lleva un fardo invisible sobre sus hombros? La cruz que aquél carga es tan pesada, que prefiere ir solo entre el gentío, como quien va al suplicio después de haber sido sentenciado por un juez incorpóreo, pero inclemente, inexorable y efectivo. ¿Qué del famoso primer hombre que existiera con miras a vivir en un paraíso, en donde sólo la felicidad lo alcanzaría? ¿Quién desvió el cauce del río que sereno y puro fluía hacia la eternidad? Una pregunta nada más, yo plantearía, si hubiera quien la respondiera: ¿por qué no nos dejaron en la nada? Así no hubiera, ni quien se arrepintiera de sus actos, ni quien se asombrara por lo sucedido. ¿Quién me responde? Vano es todo intento, pretender sondear lo incomprensible resulta duro, demasiado duro, ¡ay!, y si alguien nos lo llegara a comunicar, y si pudiésemos entenderlo, qué amargo fuera. Mejor resulta ignorar muchos arcanos, que someramente conocer un poco de éstos. ¡Es tan grande la magnitud de los enigmas! El corazón tiene razones ocultas y variadas, tanto como caminos y senderos tiene el mundo. Empero, se debate entre el fragor de una tormenta psicológica; óigase bien, la tempestad del alma, esa que experimentan los hombres que interrogan; los que inquieren, analizan, comparan y deducen. No obstante, para qué tanta algazara, tanto bullicio interior, tanta agitación innecesaria, si el pato con graznar nada se gana; el cazador no se sorprende con sus graznidos, sencillamente dispara el arma, y el animal cae, aquél lo atrapa. ¿Quién es el culpable en este caso? Aquiétate corazón, la tarde avanza. Hay asomos de nieve sobre las cimas de la montaña próxima, pronto el cielo derramará su furia y la tormenta se arreciará y se agigantará rabiosa. ¿Todo por qué? Tendrá sus causas, apenas intuyo sus efectos; si son desastrosos no son de mi incumbencia. Además no puedo modificar un solo ápice de lo que la Naturaleza determina. Si la última palabra no es la correcta, no encontré otra, por eso la considero verdadera. La VERDAD, es el único objetivo de todos los que la buscan con anhelo. ¡Oh! Cruel realidad, ¿por qué cuando la creemos nuestra, ésta torna, se pierde, se aleja y se diluye? Quien la busca, sabe de manera cabal cómo es de huidiza, tiene la propiedad del mercurio; en la velocidad de su huída radica el atractivo de su búsqueda; que se atrape o no, ya es otra cosa. Se ha buscado y se seguirá indagando, no cabe la menor duda; que se llegue a encontrar está dentro de lo posible. Todo es dable y no se objeta. Una cualidad especial tiene el hombre: la de amar. Por ley natural requiere ser amado, si no lo es, va por la vida, siempre mendigando una caricia. Si la busca y no la encuentra, entonces…, dicho hombre es desgraciado. Palabra dura, verdad, pero no hay otra que la substituya, a no ser la de infeliz, que da lo mismo. Nunca fui amado, sí requerido. Me requirieron en muchas ocasiones y tuve enlaces comprados con dinero. ¡Claro!, con qué más, si el efecto esencial es el truco disfrazado de bondad que proporciona entregar dinero. A cambio de aquél te fingen un cariño, pero tú en tu ingenuidad lo confundes con amor “verdadero”. Vana ilusión, cuando despiertas del sopor de esa aventura, algo muy dentro de ti, reclama una explicación que no has de encontrar nunca. La voz del corazón es verdadera, lo grave del caso es que sólo se hace sentir cuando un suceso lo sacude; mientras esto no ocurra, el muy majadero se deja llevar por la falacia de creer que es correspondido. ¡Qué error tan hijo de madre! En él radican las grandes desventuras. Oye muy bien amigo caminante; no está en la otra parte el engaño que con tanto ahínco recriminas, tu propia vanidad te ha traicionado. No vuelvas a creer, ni a decir que fuiste amado, di simplemente, amé y si no fui correspondido, obré con la mayor lealtad, y siéntete honrado. Esto lo escribía un poeta errante, quien si no era uno de los buenos, tampoco era el peor. Nunca se sintió defraudado, acaso porque nunca se detuvo en desear un furtivo encuentro con quien fuera motivo de gran atracción. La tragedia comienza cuando el corazón, en vez de amar, desea. No desear es bueno, honesto y laudable, pero esto no es amor verdadero. Para que éste sea algo más que una quimera, hay que reconocer, que una cosa es admirar y otra el hecho de desear. He aquí la metafísica, del amor, como pasión. Es mejor ser sencillo y tener la certeza de que somos compañeros de la brisa que pasa sin causar congestión. En un mundo en donde el más fuerte, es el que se impone, resulta favorable que caminemos con absoluto recato; otros tienen la fuerza y nos pueden destruir. Nosotros los simples, nos iremos quedando rezagados en un golfo, sin poder avanzar, o al contrario, marcharemos a la sombra, sin las pretensiones de ser los deslumbrantes faros que iluminan la noche del porvenir. Escribir un cuento, para quien tenga vocación de escritor, es relativamente fácil. Por eso el mundo está lleno de cuentos, todos dejan una enseñanza, o moraleja, si es una fábula. He escrito cuentos buenos, o malos, pero los escribí. No he escrito aún el último, y hasta creo que no lo haré. Eso también es cuento, porque estoy seguro que a cualquier momento me da por ponerme a escribir uno. Puede ser el siguiente: Pedro, era un muchacho bueno e inteligente que se crió en el regazo de una familia de escasos recursos, pero respetable. Un buen día llegó a sus manos una carta enviada por uno de sus parientes cercanos; Rafael Arias, invitándolo a que viajara hasta Cambía, sitio fabuloso para encuentros familiares y amistosos. No tardó Pedro en alistar las pertinencias requeridas y ponerse en plan de viaje. El suceso imprevisto apareció de repente: algo doloroso aconteció. Su madre enfermó de apendicitis y hubo que ser intervenida de urgencia. Por la premura del caso, Pedro no tuvo tiempo de mandarle a su familiar una misiva explicándole cuál era el motivo por el que no podía asistir a su requerimiento. La madre de Pedro murió durante la intervención quirúrgica. Rafael convencido de que su hermana no le había permitido a Pedro hacer el viaje, se resintió con ella en demasía. Tres años pasaron durante los cuales, Pedro y su tío Rafael no tuvieron ninguna comunicación; el muchacho, en los días siguientes a esa eventualidad dolorosa, fue reclutado para pagar el servicio militar. Pasó la mayor parte del tiempo en la región del Putumayo; allá fue secuestrado por las guerrillas colombianas. Como el amor es una planta que nace y crece en cualquier terreno, situación, clima y estado; Pedro se enamoró de una de las muchachas, que de manera obligada militaba también en ese frente. En medio de zozobras, disparos y peripecias escabrosas, vivieron aquel idilio tormentoso. Un hijo, a quien nombraron, Amadeo, fue el fruto de esta unión fugitiva, pero llena de pasión. Un día de tantos, estaba Rafael escuchando y viendo las noticias del canal CARACOL, a media mañana, cuando escuchó que nombraban a su familiar, Pedro Rubiano, que estaba secuestrado, decía el noticiero. Casi se desmaya Rafael con tal noticia. Se comunicó luego con el resto de la familia, que aún estaban en la capital de la República. Cuando fue informado de todos los acontecimientos, emprendió su marcha hasta llegar a la casa de su ya fallecida hermana, Blanca Libia. Se detuvo en el antejardín, recordando a su hermana tan amable, tan gentil, tan buena gente. Mientras esto, su espíritu se agitaba y sentía dentro de sí como una daga que desgarraba sus entrañas angustiadas; era el remordimiento que clamaba la presencia de su hermana muy querida. Ella ya no estaba, se había ido, y para no volver, era lo grave. Su sobrino, Pedro quien había sido su preferido, por ser de genio amable, comedido y que siempre estaba pendiente de todos los otros miembros del grupo familiar, cómo lo extrañaba. La ausencia de su hermana y de su sobrino, era dolorosa, casi insoportable. Entró al interior del hogar y vio a Magola, hermana de Pedro; estaba cambiada, era el mismo retrato de la madre; tenía el cabello entrecano y despoblado; alrededor de sus ojos, las ojeras eran pronunciadas, moradas y sombrías. No todo era dolor ni pena, en la repisa de la sala estaba una fotografía en la que aparecía, su hermana Blanca Libia junto a su esposo que había fallecido cuando aún Pedro, el muchacho jovial, buena gente, no había nacido. El llanto no inundó ni las mejillas de Magola, ni las de Rafael, quien era un hombre que sabía dominar toda emoción, hasta las más hirientes y desgarradoras. Los milagros ocurren, o pueden ocurrir, si tomamos las coincidencias como tales. Unos golpes sonaron en la puerta; Magola se asomó para ver qué acontecía. Luego exclamó: ¡Ah vuelto, ah vuelto mi hermano y trae consigo a una mujer y un niño. Qué maravilla, qué alegría! Pedro prosiguió hasta encontrar el abrazo de los suyos. Contó su odisea, pormenorizando cómo había escapado del poder de esa organización despótica, pero se abstuvo de hacer comentarios de otra índole. UNA ANÉCDOTA PARTICULAR Contaba mi madre en los últimos años, varias historias vividas en su lejana juventud. He aquí una de aquéllas: “En una finca en donde antaño vivía con mis padres, comentaba ella, había una vaca que resultó de índole excepcional; se le había dado el nombre de La gallarda, por su aspecto y actitud particular. Cuando le nació un ternero, ocurrió el parto al lado de una fuente que corría por un lecho de considerable profundidad; allá fue a parar el ternerito. La vaca, buena madre sintiéndose impotente para rescatar su cría, subió la loma que separaba la casa en que vivíamos. Bramaba desesperada junto a la puerta de golpe que daba paso al corral de encierro, sitio destinado a la función del ordeño. Nos quedamos mirando su desasosiego, por unos minutos, luego comprendimos que debíamos seguir tras de ella, y así lo hicimos. El animal con pasos lentos y seguros nos condujo hasta donde podíamos ver el ternerillo. Con nuestras fuerzas lo sacamos de aquel lugar y lo llevamos hasta la casa. La vaca nos seguía ahora a nosotras las tres hermanas, quienes cumplimos esa misión, Lucía, Rosalina y yo. Cundo la vaca, La gallarda llegaba del potrero al ordeñadero, con un muuuuu, vibrante como el sonido de un bajo tenor, llamaba la atención de todos los presentes. Su ternero se despabilaba, enderezaba la cola y emitía un sonido similar, aunque más débil. Se cree que las vacas tienen alma, así sea mortal, es armoniosa. La gallarda tenía un alma sonora que la singularizaba, haciéndola superior a sus congéneres. Arrogante sin resultar ofensiva, con ojos de hembra mimosa miraba sin despertar sospechas de ninguna traición. Ávida con su lengua se deleitaba lamiendo cariñosamente a su cría. Para quienes en la vida hubieran carecido de atención y afecto, esas expresiones le hubieran resultado excesivas, pero los animales no conocen de prejuicios y por lo tanto llevan a cabo lo que el instinto les sugiere. El recuerdo de La gallarda, trae a cuántos conozcan esta historia, la imagen de la más tierna evocación, ya diluida por el paso de los años y revivida en la voz de alguien que nos habla desde la distancia con un acento en el que se adivinan las más delicadas reminiscencias y una ternura enorme. Si esa vaca hubiera sido como muchas madres humanas, que tienen los hijos y en el mismo instante los abandonan, no hubiera dejado ese dechado de amor y protección como ésta, que siendo un animal, supuestamente bruto, sí lo hizo, probando que no sólo era buena protectora, sino que era también inteligente; porque si no lo hubiera sido, ¿cómo nos buscó para que le salváramos la cría? Por supuesto que ella sabía cuál era nuestro alcance. Le salvamos la vida al ternerillo y a la madre le evitamos el duelo. Como recompensa pudimos después de unos días beber su leche, hacer unos quesillos deliciosos deleitando con ello el paladar. El beneficio es recíproco, cuando se brinda oportunamente sin ningún interés y sin medir los riesgos. Fin Las personas polifacéticas escriben cosas o textos muy variados. Algunos son meras ficciones, otros aunque no tanto, dicen cosas en apariencia contrarias, incoherentes y disímiles. Veamos: Vengo por mí, me voy de viaje, no quiero dejar a mi mejor amigo abandonado. Qué hiciera yo sin mí, sin sus consejos. La noche me habla desde la distancia, su lenguaje fresco como el aire fluye y da paso… ¿A quién? Lo ignoro; sólo sé que si me adelanto, me destruye. Vengo por mí, por el que antaño tenía tantas y tan variadas ilusiones; hoy no las tiene. Te ruego, ven te espero, buena copia. Entre vos y yo haremos buenas migas. Yo, quién pensaba y retenía, vos, el que con tanto sentir habéis cavando un hoyo en el corazón, y que no teníais otro remedio que el de seguir los dictados de su química. ¿Esta, es la programación establecida desde antes de encontrar nuestro camino, caro amigo? Somos el mismo ser, con funciones diferentes, empero, convergentes, hacia un mismo final nos dirigimos. Quien no puede besar, entonces canta. Sin el canto, la vida sería tan desastrosa que hasta el más sagaz se suicidara. O, ¿acaso nos estamos destruyendo lentamente?, es factible. Vemos cómo todos los días aumentan los casos de intolerancia; el que creemos más amigo, nos traiciona, y aun nuestro organismo se resiente y no “quiere” recibir más medicinas, o cosas así. Somos un desastre, no culpables. La vida tiene sus misterios, eso fuimos y seremos hasta que el sol caliente y alumbre la luna. Mi madre agoniza en su lecho, yo no tengo ya valor para mirarla. Nunca imaginé que una enfermedad de esa naturaleza le fuera a minar la salud, de la manera como le está sucediendo: La memoria se le ha borrado casi por completo, apenas trata de recordar algunas cosas con gran dificultad. Después de despertar de un largo sueño, inducido por los medicamentos que se le han tenido que suministrar, no atina a ubicarse en el presente; su mente está anclada en el pasado. Si alguna idea tiene, es disparatada e incoherente; la demencia senil ha hecho sus estragos en ese magnifico cerebro que operó con genial cordura durante tantos años. Hoy es lunes 21 de enero del 2013; el cielo tiene nubes y el sol ilumina por partes la ciudad que parece dormir en un letargo. Desde ese lejano pueblo de brumas y reticente trato, llamado Pensilvania, me ha llegado la noticia de que uno de mis tíos agoniza. No puedo viajar hasta allá por un motivo fundamental: estoy atado por los lazos filiales, y quiero cuidar de la autora de mis días, permanecer al lado de ella hasta el fin de su agonía. Hay que saber que cuando hablo de agonía, no sólo me refiero a la de la enferma; hablo también de la lucha interior que el ser humano tiene que librar al final de su vida. Con qué crudeza se acrecienta el sufrimiento; el espíritu flaquea, y ni qué comentar de la carne que se vuelve tan frágil que, con el menor roce se lesiona; la envoltura que protege nuestros músculos y miembros se deteriora con tanta facilidad, es una pena. Y saber que tenemos que soportar estos suplicios como quien padece sin merecer una tortura. Cómo es la existencia; si nos pusiéramos a hacer cábalas llegaríamos a la conclusión de que nada vale la pena, que todo es sombra, que no es cierto sino el sufrimiento. Después de todo, cavilar es una cosa, y otra bien diferente, es rendirnos ante los hechos inexorables que no admiten modificación alguna. ¡Cómo es de dolorosa la postración de la impotencia! La enfermedad de mi madre me ha afectado también a mí. Ya no soy el mismo de hace poco tiempo. A veces sueño cosas terribles, mi cerebro se agita, sus componentes se alteran. ¿Qué es eso de soñar, sino el martirio de tener que aceptar, quiérase o no, nuestro destino? Llamamos destino, hado, o sino a aquello que la existencia en su constante devenir nos proporciona. Forman parte de este entramado las vicisitudes que van llegando a su debido tiempo. El no querer aceptarlas, producen el sufrimiento. Acepto mi dolor, mi padecer, son parte esencial de la existencia. *** Eso de tener con quién compartir, sí que es bien necesario e interesante. Por ello, toda persona, sea de la condición que fuere, tiene derecho a tener con quien pasar su vida, y a departir junto a quienes elija su manera de pensar. Los grandes líderes de la humanidad nos han dado ese ejemplo: Jesucristo, Mahoma, Confucio, Buda y hasta el mismo Lucifer lo quiere así. Nadie, grande o pequeño, bueno, o malo, mediocre, o ruin, desea estar solo. No obstante, óigase bien, existe una inmensa cantidad de personas sobre la Tierra, que por una razón o por otra, viven en completa soledad. ¡Ah, la soledad cómo duele!, a veces son intensos sus pesares y secuelas, que aun las almas más selectas y resistentes, se derrumban y decaen. Aunque conozco a muchas que no se van al suelo, no quiero enumerarlas una por una, porque esto sería asunto de nunca concluir. Una marejada de sueños se hunde cada noche. No mires hacia atrás; la curiosidad malsana congela o petrifica, empero ejercitar la memoria es necesario; y si no, cómo fuera de favorable el olvido permanente de aquellos, y de los otros, de los de aquí y de los de allá… ¿Cuáles serán esos? No son ángeles, pero vuelan, no hacen milagros, pero buscan a quienes los hacen. ¿Quiénes son, en dónde están? Si usted no lo sabe, muy pronto lo va a saber. *** En las tardes de invierno, entre azulosas por el humo que expelen las chimeneas y los hornos que consumen carbón. Yo no sé qué fruiciones, mociones, o desconsuelos se cruzan por el panorama que involuntariamente recorro, claro está, con la imaginación. ¡Ay!, si pudiera expresar con palabras precisas, lo que en esta tarde del 23 de enero del 2013, experimento. No es tristeza, no es tormento, es algo así como lo que pudiera llamarse una frustración incipiente; el “pequeño” problema que desde que nací, me ronda casi a todas horas. Ya dije que nací desgraciado, sin riqueza, ni posibilidad alguna de alcanzar una mediana posición económica y social; con un agravante de considerable magnitud: una sensibilidad poco común entre las gentes simples, cual soy. Desde mi tierna infancia, tomaba cada día esta tendencia, un lugar prominente; esa cosa tremenda que los psicólogos y los moralistas, denominan, perversión. Hoy, planteo la pregunta: ¿qué es perversión? Por fortuna me doy perfecta cuenta de que, ello no es más que los asomos de futuras tragedias. No es poco, sin embargo hay algo más. Impulsado por una senda que a veces se aproximaba a la locura, me enamoraba de ideales imposibles, deseaba lo irrealizable; me deleitaba cuando apenas tenía ocho años, contemplando con mis ojos llenos de asombro, los rostros que tenían los delineamientos ideales de mis anhelos “torcidos”, diferentes, quizás. Qué magnificas eran esas apreciaciones, fueron el esparcimiento lleno de encantos, de lo que pudo haber sido y no fue. Si “eso” hubiera sido, ¿qué sería de mí? Nada, sería el mismo, sólo que con la agradable experiencia de haber tenido las aventuras con las que tanto soñé. No estuviera como lo estoy, viviendo en soledad, empero, dicha soledad sería diferente, mi alma, mi corazón y mi espíritu no tendrían el vacío que tienen; acaso un hambre de humanas realizaciones, es lo que más me atormenta en estas horas de profundas reflexiones y de vanas recriminaciones dirigidas, no sé contra quien. Ahora sí me doy cuenta del porqué de la nostalgia que me envuelve en esta tarde fría, difícil de describir. Soy el esclavo que anhela la emancipación, y ¿qué? No hay tal emancipación, porque no hay libertad para aquel que padece la tremenda decepción de haber querido y amado y no haber alcanzado ni siquiera un punto de uno a diez. Este es el motivo de mi frustración definitiva, ya enumeré las causas. Voy solo por mi camino. Recordemos que el camino es la vida de cada cual; de ahí que todas las soledades no son las mismas. Unas son angustiosas, otras no tanto; yo sólo sé de la mía, su forma y su dimensión. Puedo contar con la suerte de que me agrada escribir, así todas mis inquietudes tienen su vía de escape, y no sufro de compulsión patológica; aunque sí, de un poquito de ansiedad. Es mi fortuna saber que pertenezco a los que se han despojado de toda calentura que pone trabas y oprime, domina y subyuga. Así he sido y continuaré siéndolo. ¿Hasta cuándo? Suenan las campanas del olvido; el latir del corazón se hace más lento. ¿Qué del ayer, de las pasiones muertas? Esas expectativas vanas, esos ensueños fútiles y los encuentros efímeros; ¿todo eso fue mentira? Indubitablemente. Si un día tuve amores, mejor realizaciones, todas se fueron diluyendo y desaparecieron, así como cuando un rayo de sol ilumina una playa y luego se desvanece, el frio se apodera del entorno con un rigor brutal. Entonces en la distancia, que a muchos nos es tan grata, la playa queda tan desolada que hasta las aves quieren emigrar a otro lugar. Existen tantos de éstos, cada cual con sus propiedades, que imaginar es difícil si es mejor éste, o aquel. Ya llega lo más puro, lo que nunca se equipara con cosas nimias, ni menos con aquellas que no tienen solución. El silencio hermano del porvenir ignoto, llamado eternidad, fin sublime de esta vida y principio de algo mejor, como puede ser el desprendimiento de todas las ataduras que causan tanta aflicción. Con cuánto anhelo deseo hallar una sonrisa casta y pura, tal vez una de alguien que aún no haya transitado la senda del placer, e ignore cómo es de terrible pisar la tierra en que el dolor se agiganta, los espinos se yerguen y el cielo se torna gris. Y pisé la tierra del dolor muy pronto, acaso más pronto de lo que creía. Esta tierra es extensa y sombría; más amarga que la retama, terrible, porque la muerte de un ser querido, es entre todas las cosas, la que más nos acobarda, la que nos hiere y enluta. Si este ser es nuestra madre, cuánto más es la aflicción. Mi madre, a quien yo nombraba como, Ella, ya no está, la muerte se la ha llevado. Me encuentro aquí solo, cual un farol en una desierta calle. ¡Oh! Triste ocho de febrero, fecha en que había de morir mi viejecita adorada. Que Dios la tenga en el reino de su gracia, de calma, de paz, de amor y de Luz. No soy teólogo, menos psicólogo o algo parecido. Cómo me gustaría serlo. No obstante, tengo una hipótesis que me gustaría compartir: todas las personas que ya pasaron por esta vida, tienen su lugar asegurado en la dimensión desconocida, que no es otra sino la misma, de la cual hablan casi todas las religiones. En ese lugar, debe haber muchos estadios, asignados a las almas, según lo que hubieran sido acá en el mundo. Los hombres de ciencia, importantes, tales como los letrados, es muy factible que tengan su lugar correspondiente. En él permanecen, y allí son felices. Cómo no lo van a ser, si cada cual tiene libertad, conciencia y sabiduría, tanto como para dejar que otros determinen lo que les incumba. Los hombres sencillos y simples, también tienen su sitio, lo más probable es que cada uno se reúna con los miembros de su familia; sus padres y abuelos, así como con sus descendientes. ¡Qué delicia! Volver a ver a quienes en esta vida hemos querido y amado; eso sería lo más hermoso que nos pudiera llegar a suceder. Todo esto y mucho más, aunque la ciencia humana no discierna estos misterios, siempre queda abierta alguna puerta que nos da un indicio de aquello que para muchos es mera suposición. Si esto no es posible, si las cosas tienen otras características, no quiero imaginarlas siquiera. ¡Claro!, sé que estoy delirando; ay si no fuera así. Con qué dolor estuviera estampando estas frases en el papel. Ay, si no soñara, qué fuera de mis ansias de vivir y de esperar. Hay quienes no esperan nada, hay otros que esperan mucho; no sé si lo que yo espero sea tanto, como para pensar: hasta allá no alcanza la escalera; confórmate con saber que los que ya no están vivos, no sienten ningún dolor, porque ya no existen, porque su nombre fue borrado. Eso sería tan terrible, que admitirlo resultaría doloroso, injusto y cruel, tanto, que no quedarían esperanzas para seguir avanzando hasta el destino final. Aquí en este mismo instante debería acabar todo, nada de abrigar esperanzas. Mas, por el poder de la fe, doy por sentado: que no somos inmortales, pero sí tenemos opción de serlo algún día, un día que no sabré predecir. Con cuánto gusto eligiera, si eso fuera posible, seleccionar el estadio en donde después de mi muerte, mi alma fuera a habitar. Seguro que eligiera un lugar, el más cercano, junto al alma de mi madre, único ser en quien busco la paz de mi conciencia; es decir, mi felicidad. Ya que Ella se encuentra cerca, muy cerca de Dios, fuente de toda forma de vida, incluso, la espiritual. Algunos podrán objetarme; ¿eso quién te lo informó? Es de esperar que así ocurra, es razonable; pero no podrán en ningún momento negarme el derecho de expresar mis deseos más secretos; mi manera de creer, mi convicción que no es otra que mi fe. Lo demás es sueño vano, desesperanza, y un viaje sin sitio alguno al cual se pueda llegar.