jueves, 14 de enero de 2016

LO QUE EL OTOÑO ME DEJÓ (Libro de poemas)

LO QUE EL OTOÑO ME DEJÓ (Libro de poemas) Don Adán, es miembro de una familia venida desde un pueblo del oriente de Caldas, radicada en Manizales desde hace cerca de 40 años, es sencillo pero no ingenuo. Libre de pensamiento como de sus actos. Ha recorrido su sendero no exento de desgarramientos que han inspirado varios de sus escritos, reconocidos por notables literatos. Un hombre serio, pausado y de largos silencios, que aprovecha para escribir poesías y novelas. Coherente con su libertad individual, respeta al lector, no le impone sus criterios y tampoco le hace concesiones. En sus obras comparte sus ideas, experiencias felices y dolorosas. Usa un lenguaje claro, espontaneo sin renunciar al halago de bellas comparaciones. Sin pretensiones científicas incursiona en la psicología humana, de tal manera se gana la admiración de sus lectores, que se sienten acogidos en sus exposiciones. Siempre está en plena actividad, es raro encontrarlo sin un libro a su disposición y sin una nueva idea en su portafolio. Ricardo Arango posada Antiguo corrector de la Imprenta departamental y reconocido gramático. Mientas haya esclavitud, habrá libertadores aunque luchen en vano, necesarios son. La libertad y la paz son utopías, meros sueños que desembocan en el valle desierto de una nueva sumisión. No es que la paz sea irrealizable; la agitación es el principio de lo nuevo, de lo que se gesta y llega a existir después. En potencia todo se encuentra en esa dirección, pero hay contrapesos que no lo permiten. Siempre han de haber malos versificadores y malos poetas con el tintineo de sus voces perdidas entre la multitud, Soy uno de éstos, mi gloria se afinca en el absurdo de haberlo sido y continuar siéndolo. Lo hago para vivir y trasmitir la parte de la verdad que desde el principio percibí sin pretender sobresalir en absoluto. No quiero anularme hundiendo en el silencio mi verdad. Mi verdad es la de todos, de los que claman¸ de los que callan y de aquellos que nunca se atrevieron a dejar oír sus voces por falta de valor. Todos tienen derecho a la Libertad, aunque sólo unos cuantos la puedan hallar. Los otros se habrán de consolar con los sobrantes que arrojan los que lograron subir al primer palco. El que ignora cómo funciona ese aparato, lo disloca o de manera estúpida se somete a él. En compensación de todo aquello, escribo, así no lea nadie mis escritos, lo hago para paliar la náusea del vivir. Volver por los caminos ya transitados, equivale a revivir de nuevo las vivencias de la adolescencia y la juventud. Adán López Anti poeta no reconocido. Violetas Flores amigas que una vez hube amado. Coleccionista de atardeceres, de placidas mañanas, de copas de cristal. Un ramo de violetas me sienta como un bálsamo, con el que desaparece la sombra que en mi alma trajo una ausencia larga, acaso la más cruel. Violetas abrileñas, cuando las miro pienso; ¿en qué vereda ignota se encuentra el sacro huerto donde miré esa flor? Tal vez dentro del alma, allá donde reposa el pálido recuerdo de los primeros años, cuando tenía un amor. Añoro las violetas, porque aun con su recuerdo renacen en mis sueños las dulces fruiciones que en tardes primaverales me hicieron trepidar, y no sabía por qué. Cuando pasa el otoño, las tardes se hacen lentas y el sol como cansado niega su resplandor. Entonces, desde el jardín de mi ilusión marchita, un ramo de violetas empieza a germinar. A PABLO NERUDA Ahora que la muerte puso fin a su espíritu indomable, Sus obras inmortales pregonan su grandeza. Habló de la lucha que empieza cuando el hombre adquiere la consciencia de ser señor y artífice de su propio destino. Llevó a toda alma un rayo de esperanza Y fue su voz sublime eco de rompimiento. No fue su canto llama que al viento vacilara; Fue una antorcha nacida en un profundo caos, Que expandió su luz de extremo a extremo. Los grandes de su época quisieron oponérsele; Y luego comprendieron que un astro en su apogeo Jamás fuerza inferior habrá de derribarlo, por mucho que se afanen en la absurda faena METAL DE LA NOCHE Metal de la noche, playa inmensa, Dulce canto es la alborada. Las azucenas, lágrimas desbordadas Por praderas húmedas y frías. La distancia tiene la palidez metálica De una joya de plata opalizada. No queda espacio alguno, todo está colmado: En medio de la extensión, un cruel vacío En el que van a yacer las ilusiones. Todos los edenes se tornan en desiertos, Y las mismas heridas supuran en el alma. No es que el hombre no quiera amar Lo que debiera amarse, porque la vida tiene sabor a cruel venganza y a veces una espada nos roza y corta la flor de la ilusión y nuestro anhelo. Una cascada inmensa de hielo derretido se derrama por la pared que baja a una cisterna ignota. Este cansancio sin límites ni nombre, es algo merecido ¿o es justa recompensa por una fantasía llevada a medio término? PARA UN LARGO VIAJE Serenidad. Entra en mi corazón como la noche tierna, en el deslinde donde empieza otra noche más intensa; desmesurada, silenciosa, creativa. Nadie intente buscarme, en ella me perderé. He de estar más allá del último horizonte donde el tiempo son las ruedas de una carrosa que avanza sin dejar sombra ni huella. La noche, carbón con chispas de cobre, yacimiento insospechado de combustible erótico. Y la aurora, un puente tendido sobre muros cimentados en la roca de la gran realidad que nunca pasa. El tiempo y la eternidad son uno solo. UN TREN LLAMADO OLVIDO ¿Ven ese tren que huye del invierno Traspasando el horizonte en busca de otro sol? Breve es su paso, su historia eterna; la historia tuya, la de ellas, la de ellos, la de todos. La mía y la de quien se ha hecho esperar y aun no llega. ¿Han visto pasar otro tren? No. Es el único y si no apuramos nos deja. Nos espera la noche la ausencia y el olvido. El tren serpentea en la lejanía y se perfila dejando un penacho de humo con su paso Que aplaude su velocidad escabrosa y su premura Con incierto final. No bastó su blancura, ni su prisa ni el afán por escapar despavorido. Inútil fue su fuga, como todas las fugas, que después de emprendidas ya no vuelven atrás. MENSAJE A CHILE Viajero que vas al Sur, si llegas hasta Chile, di algo de mi inquietud y porfía. Cuenta que fue mi deseo ardiente recorrer sus calles y cruzar sus avenidas. Di que fui un loco solitario que buscaba en las fuentes de la tarde capturar un arcoíris. Que me gustaba recorrer caminos ya abandonados, no por solitarios, sino por lo que representan. Di también, que cuando las ilusiones se escapaban de mis manos no hacía caso del dolor. Más bien escribía versos sin métrica y sin rima, libres como el viento entre los pinos. Cuenta al país del Sur, bañado por el océano de la paz; con la isla de Pascua en un extremo, que leí los poemas de Huidobro, de Parra y de Neruda; por eso amé a Chile y su geografía, y quiero beber un poco de su vino con estrellas fermentadas en su contenido. Llévale amigo viajero, un abrazo de entusiasmo; cuenta algo de un caminante solitario que quiso recorrer sus campos, sus playas y sus colinas, haber hecho una manta con la lana de sus ovejas, y probado el pan hecho con la harina de sus molinos. HILO BERMELLÓN SOBRE LA ESCARCHA En las tardes, cuando sordo estupor turbia mis venas, Se estaciona diagonal a mi ventana, un pez azul; ojos perplejos, cual si hubieran sido tocados por un amargo bronce. Medito en los versos de Neruda, con sabor a cangrejo mal herido. O en los de Lorca, monstruo de manos blandas y de mirar de niño que se agita como una espiga ante la hoz que se aproxima. Viajero de mares por él soñados, y senderos por él sólo recorridos. Entregó en sus versos trasparentes como el día, el agua hirviendo con que lavó su llaga, producida por la quemadura de un dolor intenso, casi infinito como el espacio donde punza la espina que da vida en vitales convulsiones. Todo dolor llega a su término, el suyo también en una madrugada, cuando los toros mugían a la luna y las estrellas cerraban sus pestañas, no queriendo ver la sangre a borbotones que brotaba a través de la hendidura por la que su alma deslizándose hasta el suelo, fue vertida. La cola del león guarda una espada, Federico García fue víctima de tan siniestro filo, por ser hombre de libre pensamiento y tener un alma acerada como pocos. YO SOY “Yo soy el amargo nombre”. Dijo aquella a quien todos le temen: los santos y pecadores y hasta los que no sufren penas. Nadie de mí escaparse puede, así cambie de residencia, o se esconda en una gruta. ¿Qué tiene muchos amigos? Eso a mí nada me incumbe. Así se expresó la infausta y se fue sin volver su mirada; como quien dice: ¿Qué me importa lo que opines o no, respecto a mi llamada enigmática? Desde esa vez pudo observarse por todas las latitudes un cambio notable: Las mañanas tenían tintes de rosa, pero sin brillo y las tardes trascurrían complacientes, aunque opacas. Y como todas las cosas guardan su lado sombrío, una noche las estrellas huyeron de la expansión en la cual, el aludido miraba con regocijo, lo que nunca más volverían a contemplar sus ojos siempre fijos, absortos en el abismo. EL MISMO MAR “El mismo mar de todos los veranos”. Escribió Esther Tusquets, y se lanzó a las aguas tranquilas y sombrías. Sumérgete hasta el fondo. Es posible que allí esté la piedra que tu ansiedad persigue. Espero que la encuentres, que calmes el deseo. Ese mar es la memoria, lo intuyo, lo comprendo. Pero, ¡ay!, también la memoria hace sus jugadas, a veces desorienta hasta perder las pistas, entonces vamos a tientas buscando lo imposible. No estoy buscando el muerto río arriba. Sencillamente hay ahogados que no resurgen porque su peso es tanto que el agua no los mueve, quedando asentados para siempre, sin que lleguen a ser vistos por ojos bien abiertos. Este es el destino de todo el que camina por un sendero desconocido y nebuloso. La noche con sus profundas ojeras, diosa y señora de todo el entorno, cobijará bajo su oscura sombra todo lo circundante, y aunque el alma, de por sí desubicada busque llena de ansiedad las partes donde el azul impera, abajo el lodo la reclama con furor, cual si le perteneciera de manera ineludible. La caída es fuerte y causa estragos y más cuando quien cae, no tiene experiencia y equilibrio. Vengo desde la noche a perpetuar tu nombre. No te sobresaltes, ni te acongojes: soy la voz del recuerdo que te busca, soy el eco del ayer que se desboca. Nada extraño pretendo, sólo he querido hacer que entiendas lo que de tanto desear, no has comprendido. Adiós a aquello que llama amor, al ideal, las ambiciones. Sólo queda un pálido fulgor otoñal tras de un bosque de helechos y de encinas. Y tú, desconocida Esther Tusquets, ve hacia el fondo de tu propio mar, trasegad y bucead por él en busca de ti misma, que al final no hay nada más que en realidad te pertenezca. EN ESE MÁS ALLÁ “Tu cuerpo, con la sombra violeta de mis manos, era un muerto en la orilla, un arcángel de frío”. García Lorca. Cómo así que esta es la tumba donde reposa el niño que jugaba en una cabaña, vigilado por la mirada atenta de su madre. No lo puedo creer, si era una estrella que iluminaba una colina entre el azul que la envolvía. Ahora contemplo en una losa, un epitafio que reza en forma breve: “Aquí yace Matías, el niño aquel que se fue tras de las cumbres más altivas. Las alturas son su patria y las disfruta”. Las ilusiones, como las golondrinas se van cuando el alero que les sirvió de protección, las necesita. Van a llorar el muerto amigo, que sin ser visto, está despierto; bien despierto en la memoria de los vivos. Dicen que hay un más allá llamado cielo; ¿qué ha de ser el cielo para el que se ha ido sin regreso, sino un estado de paz y de ventura?, ¿o es sólo de inconsciencia? Sin embargo, vacilo al escribirlo: ¿en dónde habrán de estar aquellos que como Matías, el niño que jugaba con el candor de quien es bueno, no tocó con mal deseo ni siquiera el capullo de una rosa? Puede ser que a la hora de la aurora, el alma de aquel niño trasformada en un turpial, en la colina envuelta en el azul más puro; desde allí lance su canto sonoro como el vibrar de un violín en la distancia, como el eco de un sonido llevado por el viento, o el canto de un pájaro en el bosque en el cual la paloma torcaz hizo su nido, al huir del cazador y de las balas. TODO CONCLUYÓ No necesito verte, no quiero más los ojos que muchos desearon beberlos en prisión. Los ojos que me vieron sentado sobre un muro con la actitud de alguien que espera y no sabe a quién. Quería mirar un valle, la tierra de mis sueños, los valles encantados y las lagunas verdes por tantos ramajes a sus alrededores, y sólo vi un reflejo, un pálido vislumbre de lo que pudo haber sido y nunca llegó a ser. PASANDO EL DINTEL Pasar el dintel azaroso del sepulcro con una breve esperanza de retorno. La lucha tenaz de la existencia fue vaciando mi mente de prejuicios. Hoy que miro sin espanto mi suplicio, veo que el hecho de sufrir es necesario. Sin él, toda ilusión sería falencia, toda esperanza inconsistente. La vida sería absurda y al traspasar la frontera en la cual principia la franja gris oscuro, no hallaríamos más que el vacío, lo no existente. Hoy, la certeza sobrepuja a la duda, saber que tras del negro nubarrón está una estrella y en sus destellos, el verde azul alusivo a la esperanza en todo su esplendor. SIN RAZÓN APARENTE ¿Por qué se muere el alma y sigue aún vivo el corazón con sus sentimientos rectos, o torcidos? Si hay un derrumbamiento de deseos, ¿por qué persiste la vida todavía? Cuántos altibajos se ahorraran los sentidos, si admitieran que lo que hoy es realidad, mañana será un simple recuerdo colgado de un mástil del barco del olvido. Le tengo miedo al olvido, y saber que me persigue como la sombra al enano, como las aguas, el hondo lecho del río. Le tengo miedo al olvido que está hecho a mi medida. La esencia de las maderas de los bosques del Líbano, junto a los pétalos deshojados de un jardín en pleno otoñó, se fueron entre la brisa que los llevó sin retorno, como el vapor que desprende el agua al tocar el fuego. Allá en donde se percibe la canción de las azaleas encontraré el negro olvido; ya no habré de temerle, pues seré lo que ha querido desde el día en que nací y se me abrieron las puertas de un mundo lleno de ruidos y sujeto a tantos males. Y cuando vuelva al silencio, seré lo que he sido siempre: polvillo de las estrellas dispuesto a sufrir el cambio que el Cosmos tiene pactado desde antes del primer parto celeste; desde antes del alboreo de la primera aurora, y de que apareciera el disco refulgente del Sol, y la tierra lo mirara sorprendida de tener tan buen espejo. Pero el espejo se cansa y se apagan sus reflejos. POR EL CAMINO DEL SUR ¿A dónde vas peregrino con esa prisa que llevas? Hasta donde me lleve el camino, si no lo cubre la nieve. Está cerca la estación en la cual el tren paraba; ahora ya nada queda, la barrió la civilización con el impulso potente de un tornado, o de un ciclón. El espíritu se mueve a la par con el impulso del turbión que se desplaza de norte a sur, destruyendo lo que trajeron los árabes. No obstante el cielo aparece, después del desastre aquel como un lugar en el cual la agitación de los elementos no destruye ni hace daño. Quien nunca pudo viajar a las islas del Caribe a gozar de las rumbas, de las olas y del ambiente que se respira en los puertos, o a la región boreal poblada de calma y de nieve donde aparece la estampa de una osa con sus críos; aunque hay que cuidarse de ellos, es hermoso y entretiene, si se miran desde lejos. ¡Ay de ti!, si traspasas sus fronteras. Tan grato estuvo mi viaje que el regreso fue tardío. Cuando llegué me esperaba una flor, la más pequeña entre todas, tierna y fresca, rodeada de silencio y de la paz más completa. De esa paz que acompaña al silencio como ocurre con las almas que cambiaron de lugar, y que al parir dejaron el entorno lleno de efluvios; de delicados aromas y de esa sensación refrescante que en todo momento podemos percibir y nos remite a otras esferas en donde también un día habremos de viajar, sin tener prisa ni miedo. El final de toda historia coincide con su comienzo, si alegre fue el nacimiento, el final lo será más. La cadena interminable de las horas fugándose al abismo, semejan la humareda de un cigarro que al consumirse, queda la mera ceniza como prueba que fue algo, pero al caer a la tierra, parte de ésta vuele a ser. No te plantes ni te enfades, el cielo no es como dicen; no se puede concebir. JULIANA Con mis ojos recorro el camino que conduce al lugar en donde tuve mis afectos. Cansado, vencido, reticente e infiel, soy quien soy; un Ulises que el cielo no rechazó, ni tuvo en cuenta. ¿A dónde irá Juliana con su alegre tristeza , su mirada de ensueño, su carita de geisha, su nariz respingada y su boina azul media noche como su alma enferma? A la mar, al mar, o a la niebla. No es que quiera olvidarla, deshacerla en el tiempo; la recreo en la lluvia y en todo lo que percibe el ensueño. En la sombra que pasa, en el niño extraviado que una tarde se aleja. En aquellos claveles que florecen en mayo y la frisa pasa deshojándolos luego. En la calma infinita de las noches de invierno, cuando todas las penas sin gemidos ni quejas, se adormecen y siguen descansando en silencio, hasta que la aurora sale y muestra sus caminos de luz, poniendo fin a la noche, con sus muchos misterios y al eterno jolgorio del rumor más sutil. MI DELEITE Escanciar una copa de coñac, beber su contenido lentamente, mientras leo con la mente un poema de Ryokan. El alma, como si fuera una caja resonante calla de repente y se hunde en el silencio, preludiando el adiós que vendrá sin falta. La luna estacionada en la mitad del firmamento ya no es dulce como antes. Sus rayos no me atedian, ni su luz me hace feliz. Pasa indiferente el viento por la enramada, nada me trae; nada se lleva y sin embargo, las cosas no quedan como antes: una mano invisible las trasforma. Para bien, o para mal nada es estable. MESA COMPARTIDA Noche serena y fría. Mesa Y agrupación de amigos en torno. Un foco ilumina no sólo la estancia, también esa inmensa gruta que según los entendidos, es el alma. Consta de varios estadios, cada cual alberga un mundo, un universo quizás y más que todo es eterna. El canto de una melodía, arrulla y evoca tiempos que ya se han ido. Todos saben que el recuerdo es eterno compañero, no nos deja ni se ausenta, por más que ponga en el pecho el filo de un cruel puñal que desgarra y hace estragos. Puede el espíritu humano volver a través del tiempo al lugar de lo acontecido, percibir, oler y amar. No le ha sido concedido el privilegio de palpar. Tal vez por eso será que en las horas de reposo no le queda opción diferente a la de evocar las vivencias ya pasadas, en medio de la nostalgia, del hastío y el dolor. A veces, un destello de alegría ilumina la senda y su recorrido. Cuántas cosas se han quedado esperando no sé a quién, o a qué. NO TODO No todo tiempo pasado fue mejor, ni los campos que cultivaron los que trabajan el agro, dieron mejores frutos. El río arrastraba los racimos más lozanos de las vides en sazón y el lodo en los caminos era tanto, que muchas veces obstruía hasta el paso seguro de las mulas a lo largo del camino vecinal. Hoy, hablar de aquellas cosas resulta improcedente. Hay que comentar sobre el boxeo, sobre el fútbol y hasta de cosas más triviales todavía. Mientras tanto, la hojarasca del bosque más cercano expande sus efluvios y en el linde luctuoso del paisaje avanza por la vía, tenebroso, imponente, sugestivo. Cuando llega al lugar determinado, el que canta deja principiada su canción; torna y se une a los que desparecieron sin decir un adiós o dejar sus huella grabada en la arena ni en el barro, y menos en la roca, lugar que pertenece a quienes hicieron historias y las contaron, o realizaron una labor determinante; acaso la más humilde. PARA ENTONCES Vosotros los que viváis cuando me llegue la muerte. Colocad sobre mi tumba este epitafio informal: “Si las cenizas hablaran y el Sol bajara de su lugar, ambos dialogarían en el lenguaje de la tierra, con el acento del celestial”. Enterradme bajo la sombra de un roble, y en caso de que éste se encuentre seco, buscad otro en su lugar. Lo perenne es mi deleite, su presencia se hace cara, no sólo a nuestra mirada, también a la percepción. Veréis que Sol y ceniza, por mucha distancia que los separe, están formados de la misma materia, desde la etapa primigenia en que el astro brilló, olvidando que fue polvo, pero polvo singular. TIEMPO SIGILOSO A veces busco refugio en los recintos en los cuales adoran los creyentes a su Dios. Yo busco allí el silencio refrescante que da paz y serenidad, haciendo que la vida sea tan leve como la brizna más diminuta, como la última nota de una sinfonía; como algo que dice adiós y no regresa. Todas las noches las estrellas, miran desde arriba cómo sufre quien espera y lo esperado nunca llega y cuando lo hace, su aparición es efímera, apenas como una ligera exhalación. Ninguna ilusión entre todas, puede traerme lo que el tiempo sigiloso se llevó. Escribir en el agua, o en el viento es función de quien busca entre todo lo creado lo que está dentro de sí. Es verdad que lo que vemos en todo sitio y lugar, puede fallar; aquello que está en el corazón jamás, jamás habrá de errar. SIN OBJECIÓN La que un día amé, habría de olvidarme. Estaba escrito. Si escrito no, bien proyectado. De todos modos tenía que perderse y así sucedió. No pretendía alcanzar el cielo con mis manos, ni sentir los zapatos más arriba de los pies. Quise medir mis alcances como humano y el destino me castigó con el olvido a fuerza de ignorar lo que he querido sacar a relucir. La desventura tronchó lo que quedaba del edén que con esmero devoto cultivé. ¿Es vencido aquel que no ha existido? Luchar contra lides adversarias fue mi sino, y el fantasma del hastío me anuló. ELEGIR UNA OPCIÓN Celebra la vida y su valor inherente. Teme a la muerte, es inevitable. Venera las estatuas y jamás las adores. Si tienes un amigo, no lo canses ni lo aquejes. Si el mundo te odia, no le des importancia. No termines creyendo, ni haciendo lo que otros te impongan. Una buena compañía es un regalo del cielo, si la pierdes un día, no te atedie su pérdida, bendícela antes de que se aleje de ti. Y cuando ya lejos se encuentre, piensa sólo que ha sido el fulgor de la luna o un rayito de sol. El libro que leas, puede ser importante si te orienta y te guía por las rutas del Arte. De la ciencia que busca estudiar los motivos que trastocan el alma. Por último recuerda, siempre ha de haber en tus ojos una lágrima velada, aunque nadie la advierta. MADRE Tanto y tan profundamente te quisimos, que hasta tu propia imagen queremos conservar, para que nunca pueda deteriorarla el tiempo, y siempre en nuestra mente irradie la luz de su bondad. Desolada está la sala y la silla en donde ella reposaba. No gorjea el gorrión, ni la cascada amable de la voz de quien viajó, puede ser escuchada. No hay corazón que no tenga sus cuitas y sus pesares, pero es el alma la que sabe los motivos de todo padecer. El destino une, el tiempo separa. Se acaba la alegría, el gozo, la aflicción, y hasta el dolor sufrido le es dado tener su alivio. La culpa puede tener perdón. Todo lo que sobrepase en esplendor, se inmortaliza, la soledad también. En ésta viviremos el resto de los días, hasta que llegue aquélla que acaba con nuestros sueños, nos envuelva en su regazo sin importarle quien se afecte o sienta conmoción. EL MANIQUÍ ¿Por qué ese afán por lo que no pudo ser? El viaje hacia lo irremediable es tedioso, su final como el del humo es repentino e impredecible. En un almacén donde venden mercancía de alta calidad, está expuesto a la vista un bonito maniquí. Piel trigueña, ojos grises y grandes; boca y labios medianos, perfecta nariz. Cara redondeada, no tanto como para que pierda el atractivo que lo hace ser como es. Podrán decir que se trata de la imitación de un modelo sensacional. No, entre las cosas que se guardan en la cavidad del pecho existen muchos modelos. Si uno de éstos no lo conseguimos en el trascurso de la existencia, recurrimos a aquello que la mente en su vaivén nos suministra: la fantasía quimérica de un substituto. Este maniquí imaginado es la réplica del modelo original que tengo bien guardado en una caja cerrada con doble llave. Si estuviera vivo, estaría buscando caracoles en una playa, o tocando con sus dedos las teclas del negro piano que hace tiempos no funcionan por falta de quien las pulse. Es posible que viviera como los hacen los que no conocen las penas, o no las perciben en los otros. Eso, y mucho más son los fantasmas que me conmocionan con su presencia en las horas negras de mi noche. Es verdad que hasta el cielo y las montañas tienen sus fallas y de proporciones inmensas. ¿Por qué no lo que es efímero y se desplaza de prisa a su fin definitivo? PENUMBRA Antes de apagarse para siempre la memoria, deambula recorriendo por todos los lugares que recorrió, quien arriba a la estación postrera. Qué cansancio, qué fatiga se ha de experimentar entonces. Sudor y más sudor, martirio y pesadumbre serán los compañeros en ese divagar insomne, cuando ya nuestra energía a duras penas nos sostiene. Después de la última jornada, aún queda un breve trecho que la misma memoria tendrá que recorrer: los últimos reproches, los últimos martirios que en medio del desespero nos infringen los parientes y allegados. La vida se vive de instante en instante; tal vez el postrer momento no se ha de recordar: Cesaron los pesares; el sufrimiento es cosa que no tiene cabida en donde el alma supuestamente va. Existe lo factible que al imposible anula, la fe sobre la duda será la que predomina en esa hora aciaga en que la luz de este mundo se apaga y se enciende la que jamás se extingue. . REGRESO FURTIVO La imagen de quien amé Tocó a las puertas del alma. Aquella misma que hace años Sin siquiera despedirse Se fue quién sabe hacia dónde. A dónde, nada me importa, Su regreso me deprime. ¿Quién después de un oscuro final Le da por volver de nuevo Aunque sea en busca De algún objeto perdido? ¿Cuál objeto, qué detalle? Sus fotografías no pueden ser, Y menos las entrevistas, Las revistas ya no existen Y menos las especiales Que mostraban los encuentros A menudo u ocasionales. Me queda una sensación: Busca, la parte de su vida Que quedó girando en torno A los sitios frecuentados En que pasamos las horas Entretenidos en amenas conversaciones, Desafinando las miradas Que nos lanzaban los necios, los envidiosos, Aquellos que están alerta del bien Que a otros atañe. Después de ese imprevisto alejamiento, Ella no debe permanecer en mi mente. Por fortuna su regreso fue sólo un sueño Y los sueños vuelven tristes Por la senda en que vinieron, ¿Hacia dónde van? Nadie lo sabe. PARA VARIPAR No pretendo lo insólito e imposible; lo extraordinario está fuera de lugar. Pretender que la Tierra sea cilíndrica y al mar rectangular, es algo tan trivial como querer que las estrellas bajen desde el cielo y se conviertan en globos y que las manos de los niños los puedan manipular. Eso sería inaudito y quien lo sueñe, de la cabeza anda mal. Quiero un mundo pacífico; una justicia sin trabas, un país donde renazca la paz y la libertad. Una montaña es sagrada, si de ella se dice algo mítico o sobrenatural. Puede no ser cierta la leyenda que se cuenta y se trasmita, pero de todas maneras tendrá algo de verdad y eso basta. No le erijo pedestales a personas por muy excelsas que sean. Venero las causas justas. Las luchas de quienes anhelan ver esta Tierra poblada de gentes de toda raza, mirándose cara a cara, reconociendo en el otro su igual, sin distinción de credo, condición, ni color de piel. Eso de dorados cabellos y cutis de porcelana, no se tendrá nunca en cuenta. PARA ENTONCES Con el correr del tiempo la soledad Se le hizo insoportable. El viejo estaba triste a tarde y a mañana. Salía a caminar por la avenida Que conduce al puerto del silencio. ¡Oh!, el olvido, estado y lugar Al mismo tiempo. ¿Quién, aunque viva alegre No tiene que hacer el viajecito aquél? Por favor, dejen al viejo libre De cortapisas y censuras, anímenlo Que cuando el hombre no tiene ataduras Desciende más de prisa y sufre menos. Así, cuando se lance al vacío No encuentra obstáculo alguno. A LA NIÑA MÁS PRECIOSA (Dedicado a la niña Gale Isabela) Una flor se abrió en la mañana Tan dulce como divina. No es una flor propiamente Es una flor hecha niña. La niña, la preferida De mis sueños y mis ternezas, De aquellas que reposaban Entre esas voces que el alma No puede sacar a flote. Ojos dulces impregnados de sutil dulzura, En ese rostro donde fulge la inocencia. Dios la hizo así. Que la guarde le pido Y que viva muy tranquila Al lado de quienes la aman. LA PALABRA El silencio es oro, la palabra es plata. La pobreza del rico, su meticulosidad constante. La riqueza del pobre, su talento innato. Cuando abundan las palabras, hay turbulencia aciaga; repetición continua de ideas y de frases. No busco ser preciso, prefiero lo parco. El mundo cuando se expande se vuelve bastante complejo, cuando se comprime se torna más manejable. Si estoy en Bogotá, una ciudad extensa, me azoran las distancias. Si vuelvo a Manizales, a un paso queda todo, hasta la pila sacra y las delicias profanas. Y cuando por las calles se escucha una sirena, no me confunde su ruido, extraño el gran silencio que reina en la espesura de un bosque solitario en donde habita la calma. Como tengo un alma que ignora lo disperso, no busco que me entiendan, si no lo que comprendo y puedo poner a prueba. Cuando las palabras son pocas, mejor su contenido, su esencia superior, y se habilita el tiempo. SENDAS INVISIBLES Hay nostalgia comprimida después de recorrer las sendas del alma. Todo camino conduce por las sendas de la duda: Un no, un qué, o un tal vez, un te quiero, un te odio. Un deseo no acordarme de nada, incluso aquella lección amarga que en la escuela de la vida tuve que presentar una tarde, cuando el sol cazaba cuervos y las langostas huían. Todas las palabras, todos los signos, sus significados y connotaciones son arbitrarias. Sólo el dolor es verdadero, no admite discusiones ni cambios. Es lo que es y así quisieran abolirlo no lo conseguirían, mientras aún quede el placer esparciendo sus flores y simientes a diestra y siniestra. Todo placer trae sus dolores y sus penas y nadie puede oponerse a tal designio. POETA ANÓNIMO El poeta es un ser extraño, un impostor, un ser perdido. Cuando aparece la luna desdeña su débil lumbre y se adentra por los lugares donde el amor o el placer se compra por unos miles. Qué dirán los sibaritas, los moralistas de turno, quienes oprimen al incauto que a sus manos va a caer. Los poetas como el erizo guardan espinas en el pecho. Cada cual tiene sus cuentos y los escribe como quiere. Uno bien, el otro mal. Existe una realidad en cada cosa, que nos lleva hacia otra más compleja. La primera se gesta entre la turba mal pensante, la otra más sutil, casi divina se fragua en las profundidades infinitas del ser; penetra el corazón y se adueña del deseo. La suerte no persigue a los mejores, se ensaña de los más débiles, y no les suelta, hasta que queden derretidos como cera. ¿Absurdo? ¿Injusto? Ni siquiera lo interrogue. LA VENTANA Abro la ventana, veo la luna. La saludo en silencio, somos amigos desde hace un tiempo. No desde siempre. Es la misma que alumbró mi niñez y mis horas de ensueño. No me embruja su luz, más bien me llena de súbita expectación, de nostalgia y de tedio; del amargo añorar del frustrado iracundo que pasa por el mundo recibiendo desprecios. ¡Cómo así que desprecios!, me insinuó una gitana Y cerrando mi boca, me tragué el improperio; porque al final de cuentas lo tomé como tal. EL PAPEL Una cinta de tinta oscura demarca el horizonte y una mancha verdosa de aceite riega la playa desolada haciéndola más sombría que la enorme me montaña. El puerto sórdido repleto de turistas y de restos de naufragios que no sé cómo ocurrieron. Después, un mar blanco y gélido. En él, los barcos se agitan; unos zarpan, llegan otros. Entre estos, el que trae de un extremo de la Tierra el papel para el periódico, libros y revistas y así se pueda perpetuar la palabra escrita, junto a la gloria que siempre tuvo desde el principio; desde antes de que existieran tantas minucias artificiales y tantos comerciantes de influencias. Hombres de oídos sordos y manos veloces como el relámpago. Con ellas pueden propagar los incendios que devastan los predios de los que gimen casi en silencio; porque saben que es inútil levantar la voz. Por eso se la tragan. PUDO HABER SIDO “Pudo haber sido un gran hombre”. Dicen los padres del muchacho suicida, De aquel que en su vida clamaba y reclamaba y nadie le prestó atención, ni le dio ninguna ayuda. Por eso se hunde en las aguas del río turbulento de la drogadicción, que no ha soltado ni a uno solo de todos los que han caído en su corriente. Por eso grito y me río. La risa es el presagio de la felicidad o la demencia. Es señal, premonición, indicio de algo que nace, o que fenece. Bien pudo haber sido un don Juan y no un don nadie. Determinada está la suerte de la golondrina, no pudo ser halcón y menos águila. COSAS QUE PASAN No importa que el cielo resplandezca y que difunda su luz por las ventanas. Que una araña coloque su red junto a las nubes, que ésta oculte la luz del sol sin que propague, ni difunda sus reflejos. Eso no es nada, lo que sí importa, es que del mundo se haya alejado la buena conciencia y su virtud. Que un bacán saque un fajo de billetes y lo exhiba, al mismo tiempo que pronuncia el nombre de la dama deseada. Eso lo puede hacer hasta el más lerdo. Que la torre se eleve al infinito, Que la escalera en espiral descienda Hasta el abismo. Que la luna reaparezca malgeniada, o que el chorro del surtidor de agua forme una araucaria de ramas trasparentes. De qué sirven tales visiones, si al final cuando menos se espera desparecen en menos de un segundo. Lo que importa es lo perenne, lo infinito. Un paraguas es una compra inestimable: recuerda que la lluvia puede aparecer de sorpresa, en la encrucijada de dos calles. En otra, una lluvia también, pero de plomo. Ahí la cosa resulta compleja y apurada. ¡Al suelo todos! Con vida o ya sin ella. Todo depende de la suerte, y la suerte como todos saben es rayera. La vida es una planta sin retoño, sin retroceso a la juventud, es lo más duro. Más duro aún, que los pasos dados persisten En la etérea región sin forma ni nombre conocido. No se entiende muy bien, pero se admite. SI ME VES Ámame cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesito. Si me ves pasar solo y sin rumbo, no vayas a pensar que ando extraviado. Es que de manera inconsciente busco un pecho en donde depositar la soledad que estoy sufriendo. Por eso, no me dejes pasar hacia adelante; mírame, compréndeme y admíteme; que no caiga la tarde sin que tenga el consuelo de tu voz, unida a una caricia, así sea la más efímera y menos comprometedora de todas. Que la sinceridad no sea la ausente requerida y menos que después de recibirme en tu regazo me arrojes por la borda hacia el olvido. POR LA CALLE 53 Por la calle 53, ¿quién te vigila? ¿Di si no es tu amor, tu auto estima? ¿Acaso aquel que traspasó las vallas de tu magnífico vergel, cortó sus flores? A mí no me vengas a buscar, ni me sonrías. Hay llovizna en las colinas lejanas del Sur; decae la tarde. ¿Quién puede cantar más de una canción al mismo tiempo que ejecuta un instrumento musical? Nadie, porque el lenguaje mezclado resulta inentendible. El galimatías más tenaz, no es un concierto. CUANDO MIRO Cuando miro el cielo, o veo una aguja de coser uniendo las partes de una prenda de vestir, pienso en la mano del destino que une a los humanos. ¿Qué otra mano los desune? Un día hemos de morir; cuando nacimos, muy pocos se enteraron de nuestro nacimiento; empero, varios oídos escucharon nuestro llanto. ¿Fue este el preludio de una orgía, o el de una ceremonia fúnebre permanente? La alegría está unida a la tristeza; la moneda tiene dos caras y es la misma. El agua aún separada es también una. El placer y el dolor se complementan. De las partes del todo, la que nos corresponde es la que cuenta. Quienes no tienen esperanza beben vino. Los que la tienen, gozan viendo cómo los ebrios tambalean. ¿Cuál es más feliz? Eso de ser feliz es cosa de animales; parece que éstos sí conocen el camino que recorre la felicidad buscando un alma. La encuentra en la fiera más salvaje, en el ruiseñor, el abejorro, la golondrina y hasta en la hormiga amiga del trabajo. Para el hombre es nula e infructuosa esa llamada. Toda ilusión es vano sueño. El olvido gana la carrera, extiende sus tentáculos y congela cuanto arrasa. Bajo la nieve no retoñan las violetas, se conservan las semillas hasta el próximo verano. ¿Por qué razón? Por muchas, cada semilla sabrá cuál es la suya. ARROJAR PERLAS Extendí mis manos al pasado buscando al hombre que ayer fui. He aquí lo que hallé entre los escombros del ayer: el cadáver de un joven que yacía junto a un montón de papeles y en cada uno de éstos, una promesa fallida, un proyecto inconcluso; un retablo borroso de un sueño desvanecido. La tumba de una ilusión. El destino a la manera de las gaviotas que merodean en una playa es salvaje como aquéllas. Y todo sigue igual, no hay cambio alguno; la ley del más tragón no tiene límites. Tanto el timador, como el intruso a la hora de la verdad fingen ser víctimas. Tantas perlas tiradas por suelo, tanto alpiste echado a loros de otro techo. Se busca la verdad todos los días y vemos cómo lo que hoy es verdad, mañana puede no ser más que una falacia. Las verdades comprobadas son muy pocas. Las mentiras descubiertas, sí son muchas. Hoy ya no quiero cantar ni que me canten. No quiero nada, tal vez porque de tanto querer Ya no deseo. No quiero oír una sarta de mentiras, a veces bellas, conmovedoras otras; algunas elaboradas con astucia. Descubierto está, se ha hecho bien claro: la mentira final no está inventada ¿En dónde está el cerebro que la invente? Puede que surja en medio de papeles, o en una fábrica de orgasmos y si es preciso en la cúpula de un templo, no importa a cual bando pertenezca. ¿QUIÉN SERÁ? Cuando no es polvo, es barro. Siempre es mal mirado, repelido; su cruz de olvido no lo abandona. La lleva consigo a donde vaya o pueda ir. No se le deja transitar por calles limpias. Los sitios elegantes le están vedados y para colmo de desventura si quiere hablar no es escuchado. Si padece de depresión, lo tildan de melindroso. Si se atreve a protestar, lo señalan de insurgente. ¿Quién ha de ser aquel, si no es el pobre? Cuando surge del lodazal alguien que triunfa, con buenos ojos no es mirado. Con el dedo lo señalan y comentan: “Este diablo, cómo pudo escalar dicha pendiente. ¿Acaso no es el hijo del reciclador, o del vendedor de frutas podridas?” Otros más finos y prudentes, argumentan: ¿Cómo puede ser, si es hijo de gente tan humilde? Y fingiendo modestia dicen reticentes; “Bueno”, tuvo suerte. Lo dicen con más dolor que con el gozo que nace del corazón bien intencionado. En todo corazón está el veneno que inocularon antaño los titanes. BRISA QUE PASA Merceditas ya no está, el frio arrecia. Ya no gorjean como antes los gorriones. La tórtola caminera no aparece suspendida en la cortina de la ventana de su alcoba, como el día que trajo la premonición de su deceso. El Sol en las mañanas ya no alumbra con la misma intensidad de aquellos días; se muestra esquivo, huidizo, retraído y desdeñoso. Parece que extrañara a la ancianita, que a veces recibía sus rayos benefactores, de las ocho temprano, en adelante. Todo ha cambiado, hasta la silla que ella ocupaba en horas reposadas está en manos de quien tuvo el privilegio de heredarla. Las últimas rosas del jardín fueron al suelo. En el entorno todo está quieto y congelado. En algunas almas hay gratitud y eso consuela. Cuántas cosas se quisieran enmendar, pero la noche no admite correcciones, ni ofrece recompensas. El rumor de una brisa, no la brisa común que a diario pasa. Gime en la distancia un eco de voces desleídas, perdidas en el tiempo y el espacio. Ella ya no está, el vacío que dejó es letárgico y amargo, como las retamas de los prados solitarios. Le pregunto al viento por su frágil y amada sombra y este pasa de largo dando giros como quien al escribir tiene que recurrir a circunloquios. Le pregunto al tiempo, que no escucha ni entiende, muéstrese frio, indiferente. Siempre lo ha sido. Todo en vano, ella ya no está. Lo demás es espera y más espera. ¿Hasta cuándo? El río de la vida pasa sin detenerse, es la ley del destino inclemente e inexorable que se cumple sin tropiezos. A pesar del insomnio multiforme, ella va por las sendas de mi alma como una melodía que cautiva a pesar de la tristeza con que suena. Atrás quedan el dolor y la nostalgia. Intuyo el rumor de otra música lejana, muy lejana sin que pueda ubicar su procedencia. Que la he de encontrar, yo no lo dudo, en la recta final del paso duro, dulcemente tendiéndome sus manos. EN EL JARDÍN Las matas de rosas que ella tanto quería, tal vez porque en éstas miraba renacer su juventud lejana, la gloria de otras horas. Las he podado casi a ras de tierra, y ahí están frescas y lozanas como si nada les hubiera sucedido. Es el milagro, si así se quiere decir, de la acción de la naturaleza recreándose, perpetuando su presencia acá en la Tierra. Es la ley de lo mutante que eterniza cada especie, cada ser que tenga vida. Los que se van de aquí, dejan recuerdos y a quienes quedan, la mitad de su peso gravitando sobre los hombros. Peso a veces leve, otras veces como el acero salido de una fundición, después de un gran proceso. Cien años, cinco meses, catorce días, fue el tiempo que duró mi anciana madre, en esta vida. Parece mucho, sin embargo, ¿quién puede precisar cuánto sufrió sin protestar, ni refutar ninguna ofensa? Ella miraba con amor las flores del rosal, desde el banco que está frente al pequeño jardín que he cultivado durante largos años. Era la anciana entonces, la rosa más galana a pesar de estar mustia, debido a tanto tiempo que pasó zurciendo corazones. En valor aventajaba a todas esas rosas reunidas en un ramo. Hoy, desde la azul región, ella mira que aún cultivo estas matas con esmero; no pueden hablar, pero preludian de otras canciones, sus ecos balbucientes, de otras notas por dulces, repetidas, así como el rumor que hace la lluvia cuando baja en hilos delgados, desde el cielo. Es la vida un libro y a medida que lo leemos pasamos una página. Una, y varias más hasta la última, la más sobresaliente y angustiosa, porque trae la amarga despedida al que parte y el adiós más doloroso a quienes quedan. Sin embargo, no obstante, me confundo, no es el adiós lo que más duele, es la certeza de saber que es hasta siempre. Para entonces, no habrá más matas de jardín ni rosas rojas, sólo el espacio abierto, sin fronteras. Después de aquello, ¿quién puede saber qué existe más allá del último horizonte? Si por lo menos hubiera una señal, símbolo o signo, pero no, nada más que las alas abiertas del ave que escapó y sola va con su cruz por el espacio. ¿Quién la consolará? Acaso el viento, el vacío, la inmensidad, el Infinito. Tal vez, por qué no, la amable compañía de otras almas. Todo es factible en la región que ignoran nuestros ojos. El campo de las posibilidades, como el espacio mismo, no tiene límites conocidos y menos determinados. DIVAGACIONES En el fondo de cada ser hay tantas cosas como pavesas dispersas en el espacio. Por eso en mi eterno divagar saco unas cuantas y las haré relucir, si esto es posible. Cuando se ama, se callan tantas cosas, cosas que en otras circunstancias resultarían tediosas, por no decir, insoportables. En cuestiones de afecto solo hay uno, el que menos pensamos y tiene el valor de sacrificar su propia vida por una causa, que por regla general, no es la más justa. Recordemos que vida sólo hay una, y no obstante, quien la entrega no se apega a ella, va en silencio con serenidad hasta el suplicio. Bien quisiera mostrar a los que sufren que después del padecer viene la calma, la que danza en las viejas sepulturas, la que reina después de las tormentas, que llega silenciosa y se hace dueña de aquello que palpita, trepida y manifiesta pesares, angustias y quebrantos. Esa, la única paz, no existe otra. Se vive solo y sin embargo en compañía de tantos otros seres, quienes como los pensadores, buscan lo excelso. Triste y no tanto como para decir nada deseo. Cohibido y a pesar de ello, muy disperso. Son bellas las palabras cuando hienden el espacio y lo trascienden. Todo es lindo, incluso el sufrimiento, cuando después de padecer llega el consuelo, sin que se sepa muy bien quien nos lo envía. Recuerda viajero, que si alguna vez te sientas a la vera del sendero considerándote perdido o extraviado y un ser extraño llega con mucho tino señalándote una ruta, no la sigas, has saber que cada paso dado en falso es un siglo de espera, y eso cansa. Sigue tu estrella, no cambies de camino. Más adelante está la solución que tanto esperas. Toda ilusión puede ser vista como algo que puede realizarse. Sólo una cosa no puedes proyectar: el fin de tu existencia, y si lo hicieras cuando cayeras al vacío, éste te habrá rechazar, porque el suicida es un fruto caído antes de sazón, un aborto desmedido. Aun así, han de respetarse los motivos que lo obligaron a tomar una decisión tan azarosa. AQUELLAS VOCES La vida sólo tiene una entrada y una misma salida para todos. Llegan voces vacilantes, pero llegan; para comprenderlas es necesario un oído sutil puro y sereno. Cuántas veces se quedan las palabras veladas por extraños rumores o sonidos. Hay una voz que clama, no en el desierto sino en las calles, en las cuales el tedio es la porción que la vida reparte cada día, cada noche, cada mes, cada semana. No obstante, el hecho de existir es tan hermoso, que aún así, la misma voz nos confunde cuando dice: mejor la vida que la muerte, mejor es sufrir que el hecho triste de parir. ¡Qué cosa esta! HUELLAS La tristeza es un valle desolado. La cima dorada, es la alegría. La colina en melancólica quietud separa a ambas fracciones con una línea tenue y delicada; la noche las hermana y reúne cual si nunca se hubieran desunido. Picaporte del corazón detén tu ruido, que no se escuchen sonidos ni rumores. Es la hora del descanso y con el sueño el labrador, el soldado, el doctor, y tantos otros se trasforman con el hecho del sueño nocturno y continuado que borra las huellas del enfado y de la ira, dejando libre el alma del peso que la agobia. No es buena la rigidez, ni el llanto prolongado; un poquito de todo, es bien venido. Quien quiera no sufrir las consecuencias de sus hechos, que los lance de una vez hacia el vacío, o los olvide de un jalón, si es que lo puede. SEÑAL Y PARTE En lo más profundo del alma se escucha el eco de un nombre que ni la distancia ni el tiempo lo ha podido borrar. Disiparlo en el viento, es inútil empresa; diluirlo en el agua es en vano también. No me queda otro remedio que guardar en silencio todo humano vestigio, todo indicio que guarde de su vida, un pequeño recuerdo alegre o triste, qué importa. Lo valioso, es que sea señal y parte de quien entre una calma serena con afán se alejó. Puede ser un plateado cabello de su augusta cabeza. El jabón que ella usaba; su peineta y el perfume con el aroma delicado y acariciante de las violetas de un cercano jardín. Un trocito de tierra que sus manos tocaron; (La tierra que tanto quiso y amó) ¡Ah!, la tierra también olvida sin que se pueda culpar por causa alguna. En cambio mi corazón siempre habrá de recordarla, hasta que al buscar el sol, halle la sombra y todos los quebrantos sean cosas del ayer. SOLILOQUIO Los muertos comentan con sus voces quedas: Fuimos una ensoñación en una mañana de ventiscas que pronosticaban copiosos aguaceros. No llegamos a la mitad del día, duró muy poco la luz de nuestro sol. Dicen los vivos: La vida es un sueño, la mitad de él son pesadillas. Lo peor de todo, es que se ignora si es verdad o ficción cuanto se cree. Algo más aún, cuando el turbión se estrella contra la roca, siempre se piensa que fue por casualidad el contraataque, como si no supiéramos que los años se van, se merman y se acaban. Destinados como todos al olvido, somos pavesas flotantes después de una vorágine. Nuestras voces suenan como las de los actores en un teatro inmenso, desmedido cuyos ecos resuenan cansados contra un muro compacto, del cual se dice que no tiene rendija alguna por la que se pueda filtrar voz ni lamento, o siquiera de un suspiro su leve exhalación. La voz de la experiencia nos repite, no hay consuelo cuando un amor nos falta. Así quede tendido por el suelo todo lo grande que tengamos, incluso hasta el honor. Queremos que vuelva otra vez y nos remate el peso de la vida. ¿Es que no podemos vivir sin aflicciones? Postrados ante lo que nos hiera o atormente .Tenemos que ser como el mercurio que al ser liberado escapa con asombrosa rapidez. AL CAMINAR Me dicen los poetas avezados que la poesía sentimental y lírica es cosa del ayer. No les refuto, sencillamente porque de esas cosas nada sé. Versos elaborados, leo a veces en revistas y libritos, todos muy hermosos, ¡qué primores! Me pregunto, ¿en dónde quedaron esas chispas que avivan los sentimientos nacidos desde el fondo del mismo corazón? Podrán explicarlo quienes los escriben. Es bien probable que tengan la razón FUERA DE CONTEXTO Esperé una voz que me hablara y me consolara al dar fuerza a mi existir. Esa voz no se hizo escuchar por parte alguna; ni un susurro siquiera, ni el acento más débil pudieron escuchar mis oídos al pasar junto a las puertas que comunican con las aulas en donde fluye a manantiales el humano saber. Me dije, ¿para qué tanto derroche de energía, si al final todo llega y todo pasa? Aquellos que no quieren morir, son los que más sufren; los que gozan se apagan a la vida y al no quieren partir sufren tormentos. No así, quien haya mirado cómo se apaga una estrella de repente entre la noche, o percibido el momento en el cual la última nota de una melodía se esfuma y queda en el ambiente el eco desvaneciéndose, mientras que en el oído aún sigue vibrando por unos segundos más. Pero ese más es menos. ARAZÓN ANCLADO ¿Qué puede ser un espíritu sin expansión, sino un alma desolada? Una calle sin una lámpara, Una noche sin una estrella Una selva sin un ave Un puente sin quien lo cruce; Un escaño sin nadie que en él descanse Un nido bien construido y sin embargo, vacío. Una cuna sin un niño; en otra parte cualquiera otro niño sin una de éstas y sin pañales que lo protejan del frío. En la ribera de un río espera un pescador a otro, que por algo no aparece. Anclado en la orilla opuesta, pensando en todo y en nada, el otro piensa y repiensa. La nada es el todo y miente a veces, o al menos así parece. ¿Quién sabe qué nos depara el porvenir lisonjero? Si viene trayendo vino que llegue que aquí lo espero y si no me da lo mismo, porque la vida es ligera y cada hora vivida se va, se va y nunca vuelve. Así cantaba con voz sonora, en la lejana montaña, un habitante que supo poner fin a las ataduras que imponen los compromisos y tanta cosa que amarra. ROSAS BAJO LA LLUVIA DE NOVIEMBRE En donde está el misterio más oscuro se encuentra la serena claridad de la certeza. Las rosas bajo la lluvia de noviembre, tienen la gracia de quien guarda dentro del alma su misma melancolía, sin conocer su secreto ni discernir sus esencias. Las rosas bajo la lluvia son hermosas, más aún si el sol las alumbra, ¿saben por qué? Porque son almas que nunca olvidan, si poco viven nunca defraudan. Una imagen esculpida en las paredes del alma con dificultad la borra el tiempo. El pasado de paz y amor es indeleble, así el recuerdo que hasta la tumba nos acompaña. Veo una rosa bajo los hilos de la lluvia, se estremece, pero no cae ¡Pobrecita, azotada por la tempestad y sin consuelo! Flor de aflicción entre las tormentas azarosas de la vida. La vi decaer y languidecer. Luego la contemplé desplomándose al Nadir como se hunde una estrella después de hacer su recorrido por la vasta región del infinito. Imperturbable, hoy goza de la calma que no le dio mi corazón rebelde. A pesar de saber que no soy bueno, experimento el innombrable dolor de su desaparición bajo la lluvia. Aquella flor abatida y desleída, es vivo símbolo de lo fugaz. Más bella y amada que en aquellos tiempos, cuando la tuve bajo mi cuidado. Hoy de aquella posesión queda un recuerdo que pronto ha de dejar sólo un vacío. Todo cuenta. MI NOCHE Noche de agosto, cielo sereno. Muchas estrellas, ninguna mía. Cae el rocío, la luna alumbra, llora una flor. Muchos caminos confluyen hasta el lugar en que me encuentro. Sé de donde vienen, aunque ignoro su final. Romper las ataduras que me amarran al pasado; quedar solo y no estar solo, será la mejor opción. Dejar que siga su cauce el agua que no he bebido, ni nunca habré de beber. Sé que llegará el día en el que su fluir se tendrá que detener. Una estrella se está apagando; torna sus pétalos la flor. Solemne resulta aquel acto; como quien rompe el silencio todo vuelve a su lugar. Nada ha pasado, o así parece. AQUELLOS SUEÑOS Una noche tuve un sueño bien soñado: soñé que tenía un amor, que yo amaba y era amado. A la noche siguiente el sueño cambió de rumbo. Soñaba, soñaba mucho, y en el sueño aparecía la imagen que un día amara y que luego se alejó dejando que yo muriese sin esperanza y sin nada que me hiciera renacer, que siquiera me sacara de la oquedad más oscura. La mente tiene lugares azarosos, tan cerrados que, quien en aquéllos se adentra, difícil es rescatado. Los sueños son como nubes que cambian de talla y forma: ahora son una mansión, luego tienen diseños caprichosos y complicados que no son, ni dicen nada y sin embargo, las miramos con alguna reverencia y un poco de devoción. Los sueños son las visiones de otras visiones distantes, distantes y tan cercanas que rozan nuestro equipaje. Entre los ensueños de la madrugada, en otra ocasión, tuve la sensación agradable de una muerte sin dolores. Moría en medio de un éxtasis encantador. Nada vi pero percibí que pasaba a un nuevo estado. Lleno de dicha y asombro, sólo dije estas palabras: ¡oh Señor!, qué grande es mi morada, parte de la vuestra y Compañía. Si esto es así, la muerte no solamente es hermosa, es más dulce que la miel que destilan esos enjambres de abejas que siempre están trabajando en las selvas o en los valles, con tenaz constancia y gozo. Sin gozo no hay esperanza. Si no hay paz en la muerte, no habrá júbilo ni descanso. La morada ultra terrena sin ser conocida, es bella. Goza de buena reputación y es extensa más que todo. Tiene un mapa bien preciso y rutas sin contratiempos. No hay retenes, el pasaje se tiene que cancelar en el acto o desde antes. Cuesta poco y vale todo. Recuerda que el Uno abarca cuanto existe o pueda existir, acaso volver a ser si necesario fuere. TRANSFORMACIONES Los tiempos y las costumbres cambian como cambia de atuendo una dama de la alta aristocracia, sin hacer caso a críticas ni a comentarios melifluos. Así la literatura, despluma lo que antes era lo habitual y lo de moda. Los poetas y escritores no respiran ni se nutren de la atmósfera genuina. Recurren a la sintética mezcla de hachís y alcohol, y otras substancias psicoactivas, por no mencionarlas todas. Las mariposas que inspiraron a nuestro Nobel García Márquez, ya no surten el efecto que dicho escritor experimentaba al apreciar el color y la forma de su vuelo. Tal vez sí, tal vez no. Él les concedió la importancia que merece el alma pura. Los ríos y las montañas; las llanuras y las selvas, el agua cuyos efectos construyen o desmejoran, hoy ya no tienen importancia y mucho menos cabida en esas sagas modernas. El escritor, en tierra extraña se alimenta de añoranzas. En las noches se despierta, rememora y se amilana; la nostalgia llega a ser el pan diario, con el cual quiere calmar las hambres atrasadas y los deseos reprimidos que nacieron en su alma. En las tardes se alimenta de las sobras que dejaron el paso de aquellos días, cuando todo era tan bello y la dicha sonreía así fuera sólo a ratos. Ahora ya las pasiones humanas, se tienen por algo trivial y necio o carente de sentido. El yunque del corazón en el cual eran forjados el deseo y la esperanza, se convirtió en algazara. El resonar de un tambor repercute por doquier y al caer el velo aquel, vemos la máscara de la alegría convertida en la del dolor, pero esta vez soterrado. Costumbres adquiridas, monstruo de difícil dominio, así se consideren buenas, no dejan de ser nocivas, y como las plantas dañinas son muy duras de arrancar. VINO Y AGENJO A veces busco refugio en los recintos, en los que adoran los creyentes a su Dios. Yo busco el silencio refrescante y en él la paz requerida, que alivia los pesares y hace ver el panorama de la existencia a través de nuevas lentes y diferentes colores. El violeta y el rosado son mis preferidos, veo en éstos la irradiación de algo que brilla más allá del confín último. Todas las noches, las estrellas miran desde arriba el sufrimiento que padece la achacada humanidad. Sabe de aquellos sinsabores, quien los tiene que probar en cada aurora y en las horas que anteceden a la total oscuridad. Escribir en el viento, o en el agua es función de aquel que busca entre todo lo creado lo que está dentro del ser. Es verdad que lo que aparece a nuestros ojos como una realidad puede ser falso, un simple espejismo, una ilusión. El vino y el ajenjo hacen de catalizadores universales, ordenan y hacen de jueces. A veces condenen cuando hay motivos. La gaviota que al volar deja sus huevos a merced del vendaval, no es tan ingrata como aquellos que después de recibir un favor vuelven la espalda e ignoran a quienes les sirvieron. Estos no lograrán gozar un día de la placidez suprema que sí poseen los que pagan el bien con su bondad, y el mal con la justicia. UNA LÁGRIMA Una lágrima se asoma a una pupila. Grande es el dolor que la ha arrancado de la parte oculta donde yacen las cosas más secretas y cerradas. Con dificultad un arcano es descifrado. Así tenía que suceder, no hubo más remedio. Cambia el mar y cambia el cielo. La belleza es pasajera, como fugitiva es la hermosura. Existen las horas radiantes, las felices; mas hay una cosa consabida y amarga: que todo cuanto pasa, sólo se aprecia cuando el tiempo trascurre y de aquello no tenemos más que un recuerdo desleído y un desconsuelo tardío. Qué tarde llegamos a sentir la dicha sin recelos, y a pensar que todo lo que la vida entrega, es un don del cielo, una gracia consoladora ver cómo nos quieren los hermanos y los amigos. Otro bien sublime, ver que nuestros esfuerzos son recompensados y más que eso, saber que tuvimos una madre buena y compasiva. Eso es suficiente para que vivamos tal como lo enseña el último capítulo del libro que está resguardado entre sien y sien con fecha y hora. Por fin el tiempo que a olvidar enseña, me trajo el alivio. Ya no hay decepción ni tormento que me obligue a seguir trasegando sin rumbo por el sendero incierto. Llegué la meta es clara ni una pulgada falta. La vida es un sueño, ¿quién no lo ha aceptado aún? El paso siguiente consiste en admitir que ese sueño es un anticipo de otro: ¡y de qué sueño! CERO IDOLATRÍA No le erijas un altar a un ídolo, ni a cosa viva o muerta, y menos a quien no ha surgido y redimido una causa sana y justa. El humano es incompleto, no tiene la talla requerida; siempre tiene algún defecto. Si no es humano, ¿qué forma definida puede tener quien no se ha visto jamás? Menos se ha de adorar lo que es incompleto, pues puede en un momento dado quedar como quedan los barcos que encallan cerquita de los puertos. O como el general que proyecta una victoria y las tropas enemigas le causan tantas bajas, dejándolo sin opción. No confías en los triunfos de aquellos que pregonan vaticinando un hecho que está en mero proyecto. Mejor es la prudencia que el orgullo de quien se vanagloria sin hacer la historia que habrá de escribir, si es que llega a coronar la meta propuesta. Téngalo bien presente quien se adentra en estas cosas: hay acciones que suceden de manera tan veloz, que el ojo más entrenado no las capta y la retina resulta poco eficaz. COLOMBOSUECO No sé cuál es su nombre, ni siquiera como suena. Solamente supe por medio de un programa televisivo, que nació en el Departamento del Valle del Cauca; que fue abandonado por sus padres y acogido por una familia indígena, que a su vez lo entregó cuando sólo tenía dos años, a otra familia que había hecho el viaje desde la lejana Suecia, en busca de un niño para adoptarlo. Ya en aquella patria distante, sus padres adoptivos lo ocuparon en el pastoreo de un rebaño de renos. Ya adulto, concursó, saliendo ganador, en “Suecia tiene talento”, impresionó al jurado con su forma extraña y melodiosa de su canto; los arpegios de su voz que parecen ser el eco de una cascada distante, en la espesura de un bosque poblado de ninfas y de hadas. Vino a Colombia a instancia de la embajadora colombiana en ese país. Para este desconocido, hermano de corazón, residente en tierra extraña, escribo este poema furtivo, producto de la nostalgia. Un cantar al desamor y al desencanto. Tener un alma extrajera y habitar entre pastores. Cuidar de un rebaño de renos, desde que los dientes le asomaron al filo de las encías. Esa fue su ocupación en ese país de niebla, de noches largas y gélidas. Cantar en lengua aprendida en virtud de tanto oírla. Poner en ese canto el acento de la lengua en que cantara, si la suerte con su argucia no lo hubiera traicionado y excluido. Después, sentir que en el pecho el espíritu nativo lo clama desde la zona en la cual el calor permanente hace olvidar “los olvidos”, y da trasparencia al alma. Este paisano de mirada melancólica, (tímido, retraído como son los campesinos de las regiones colombianas) cuyo canto, como el del ruiseñor, incomprensible, es una queja velada que desde el fondo del tiempo reclama lo que el destino con crueldad y desazón, la humana dicha con negro afán le negó. Siente temor al no ser un auténtico nativo de la tierra que le dio techo, comida y tal vez un posible pedazo de ternura y de cariño, cariño que en su tierra no encontró, sin que se sepa el motivo. Acá en la región en donde el Sol refulge reverbera. Quizás una mestiza como él, quiera tenderle los brazos y en su regazo amable, tal vez encuentre aquello que la madre no le dio por parquedad o por carencia. (La pobreza es tan fea que vuelve al ser insensible). Pero no, no puede ser; allá en la helada Suecia, los renos y la extensión inconmensurable, esperan su voz vibrante como el canto de un pájaro herido que se refugia para morir entre la nieve. El olvido nunca llega por senderos conocidos, como no llega el amor por medio de una encomienda. Como el ciego que busca la puerta de la vivienda donde su esposa lo espera, va a tientas, pero seguro. Recorre la calle larga y se adentra en ella hasta llegar al portal, en el cual como en un sueño encuentra lo que el destino le tenía reservado sin que lo hubiera esperado, o puesto entre ceja y ceja. Lo que nos trae el destino no se elude, es bienvenido. LO QUE EL TIEMPO NO BORRÓ La conocí cuando era una niña de escasos siete años. Yo tenía ocho, uno de diferencia, es poco pero cuenta. La vida trascurría como en cámara lenta. Los dos jugábamos al circo; yo hacía de payaso, ella la princesita a quien hacía reír. El tiempo, en ese entonces estaba suspendido. No había motivo alguno que hiciera que nuestras amistades sufrieran alteraciones. Nada turbaba aquella armonía simple y sabia, ni había sombras; la claridad expansiva era una fiesta continua. A veces nos mirábamos con grata complacencia. Y un día en medio de los juegos, me dio un beso furtivo en una mejilla, con esa boca de labios nacarados. Qué bien me sentí. Las flores no tenían la suavidad de aquellos labios, ni el mismo cielo la gracia con que llevó a efecto esa bendita acción, la más natural, pero la definitiva, aquella que nos marca, la misma que al repetirla una y otra vez, se torna en el más puro de las amores; el de nuestra niñez, que parece que el tiempo no lo tocara, más bien aumenta su brillo, haciéndolo irresistible, porque sabemos que en la vida no se vuelve a repetir. Eso hace ya muchos años. La suerte despiadada hizo que aquella niña se fuera a otro país. Cómo la recordaba a tarde y a mañana; al cielo le pedía que Aquel que permite y hace que las cosas sucedan, hiciera que esa niña, donde quiera que estuviese, me recordara como yo a ella, en todo momento y ocasión. Pasaron muchos años, vagué por muchas tierras. Probé del pan agridulce que da la soledad. Gusté también del vino en grande cantidad: de los manjares que ofrecen los placeres que nos sirven en bandejas de plata, algunas de cristal y en cada una de ellas, una que otra gota de ajenjo como el aditamento que no ha de faltar en las cosas de la vida. Con el paso de los años, cuando no quedaba más que un pálido reflejo de mi malograda juventud; alguien, muy cercano a su familia, me dio la siguiente información. Empezó diciendo: ¿Te acuerdas de la niña con la cual jugabas cuando eras tan sólo un zagal? Aquella que viajó a Canadá con su familia. Hoy supe de ella. Está desmejorada, sus ojos son ocasos y no amaneceres. Se dice y se comenta que tuvo tres esposos y algunos amantes ocasionales. Hablé con ella y me manifestó que quiere volver a verte; que aún no te ha olvidado. Que si los años pasan y dejan en el rostro sus huellas indelebles, al alma no la han tocado, pues ésta sigue siempre igual. Pensé, qué es todo aquello, no puede ser cierto. La veo en mis recuerdos tan bella como ayer. Y fui hasta su morada y la miré de nuevo. Cuando la tuve cerca, vi que estaba unida a un cilindro de oxígeno y que respiraba con dificultad. Lo que sentí ese día no lo podré expresar. El alma cuando contempla la dicha derruida, no puede soportar tan cruel visión. Se quiere huir, y no por cobardía, sino por compasión. Con voz entrecortada ella me preguntó: ¿Te casaste, o no? No. Respondí a secas. Ella entornando sus ojos como si mirara en las profundidades de la mente un lugar encantador pero distante, agregó.-“Lo supuse”. Y cual si se ausentara guardó silencio por algunos minutos, minutos que para mí fueron eternos. No explicaré el porqué. Pensar que hacía treinta años, allá en un pueblo lejano, vivía una niña rubia de ojitos zarcos, y ver que en ese instante miraba con mis ojos un ave desplumada y yaciente. Saber que estuve pensando en ella durante tantos años, resultaba irónico. Treinta años esperando su regreso y cuando se realiza, sufrir un desconsuelo como aquél, resulta desgarrador. Por eso no imploré perdón ni se humedecieron mis ojos. Estaba salvada mi reputación y mi pellejo. ¿Qué anhelaba encontrar mi viejo ser? A la niña de mis sueños y aquella hermosa niña estaba deteriorada como una ostra despojada de su perla. A ella también la soledad la hería, mas esa herida no era yo quien se la había causado. Tantos años perdidos recordándola sin que la viera. Ahora que la miraba, no hubiera querido tenerla cerca y tener que comprender que el tiempo va pasado y uno va muriendo, así el alma no lo quiera. ¡Qué no hubiera dado por volver a atrás y verla como era ayer! Por los caminos desiertos, entre cardos y entre espinos, camina una vaga sombra. Quien la viera, creería que va sin orientación, pero no, ella sabe que una sombra es de otra sombra hermana y que al final del sendero no ha de ser otra. Una sola sombra resultarán ser, un tanto más alargada. Tal vez sin garbo y sin nada de lo que un día se esperaba, pero unidas hasta el fin, si es que hay fin para una sombra. Las sombras también padecen, por algo se hacen presentes. LUCHA DE OJOS En un juego donde intervienen varios ojos, más de un cristal se ha de romper. Miraba con mis ojos a unos ojos; en ellos me hallaba embelesado admirando su fulgor. Miré de soslayo y me tenía el remolino de otros ojos enfocado. Sentí como si una espina se incrustara en la retina y nublara el campo del atisbo. Bien sabemos, ello es tan normal como el hecho de beber y de jugar. En el juego encuentra el alma el gozo que no puede traer la seriedad. Como una hoja que cae sin un tropiezo, los ojos míos bajaron hasta el suelo. Los otros, los intrusos huyeron como cuervos; se fueron sin motivo conocido. Las jugadas diabólicas son así. Pensé para mí, ¡cómo es la vida! Si gozamos, envidian nuestra dicha, nos quieren privar hasta de algo tan leve como el efímero placer de una mirada, nada más por el gusto de esparcir malos rumores. Y saber que en el campo de la ciencia no se corta ni se suprime una premisa que conlleve a encontrar lo que es buscado, así sea del tamaño de una mosca o de la dimensión de una simple nuez, o de un comején. *** BARBA JACOB Con diez nombres pasó por el mundo. Con diez vicios endulzó o amargó su existir. La aventura jalonó su destino; alivio encontró en las orgías, en la noche afianzó su dolor. Maléfica era aquella que a pesar de su reputación querellosa, le ayudó a convertir sus pasiones oscuras en poemas cargados de amor, en los cuales el viento y la llama fueron temas de nunca acabar. Nadie con él ha sabido, de un carbón, un diamante bruñir. Poeta de acerada estructura, sus poemas trasmiten la esencia de un jardín cultivado en abril. Es de abril su cantar peregrino que mendiga un adarme de amor y de paz. Nadie correspondió a su deseo. Mil barreras sirvieron de obstáculos, pero octubre le trajo el alivio y la tumba acabó su tristeza y su afán. LABIOS QUE NO MIENTEN Repartamos el amor en pedacitos, que los que odian se alejen a la selva a compartir su bilis con las fieras. Que vayan al desierto, quienes queman dinamita; y en el yermo paisaje coloquen los petardos. Que el burlón visite los circos, si es que quedan algunos todavía. Que el que miente por pura complacencia, dé la cara y no se esconda entre los otros. Y que el que hable, levante su voz en pro de los débiles y vencidos; ataque con su verbo a los cobardes que esclavizan por medio de sus muchas argucias milenarias. Que se ponga una flor en cada puerta y no en la tumba, cuando ya el muerto no la mira. Que traigan vino y alegren a los vivos, porque son los que padecen, sufren y sienten cada piedra que traspasa la suela del zapato, repercute en la cartera y al bolsillo va a parar. Los labios que nunca mienten, son los que al estar cerrados, trasmiten la fuerza de la hoguera que está en el interior, que arde y se inflama sin consumirse nunca. Es verdad que después de un cataclismo aparecen los supuestos y los, tal vez. TODOS LOS DÍAS Todos los días cae la nieve y en todas partes pasa algo no programado. Quienes conocen de aquellas cosas, dicen orondos que es obra del mero azar. Los aconteceres pasados se ven lejanos y los recuerdos son como espuma, pronto se forman, pronto se esfuman, no dejan huellas, no tienen fin. Todas las vidas tienen su historia, así las hojas que caen ya secas fueron motivo de un renacer. Florece el caracolí, florece el enebro, también el árbol cuyo nombre no es conocido; el sauce nunca florecerá. Florece el corazón por muchos años, hasta que de tanto hacerlo queda estéril como la matriz de la mujer que cierra su ciclo. Entonces el panorama de la vida llega a ser como esas cumbres desoladas y sombrías rodeadas de neblina y humo. Quienes las miren sienten esa nostalgia que apresa y retiene como una mano invisible, pero real. La soledad, la soledad, la soledad. Y saber que en el silencio y el vacío está lo que desde que principia la reseca, con vivo anhelo queremos encontrar. ¿Acaso no es el puerto del olvido en donde bien seguras, todas las vivencias habrán de reposar? Mientras eso, amigo o conocido; bebe vino y embriáguese. Lo que hoy es, mañana el tiempo con sus cambios repentinos puede barrer al que transita por las calles de la vida, haciendo lo que a bien tenga; oteando la otra orilla, sin olvidar la expectativa de su fin. UNA NUEVA VOZ Una campana empieza a sonar en la distancia. La alegría comienza a visitar mi ser interno. No es la alegría conocida, es algo indefinido que está más allá de la razón. Ya puedo ir al templo, el templo cuyo Dios es el Amor. Se ha quedado mi garganta sin palabras; mis ojos y mis oídos suspensos ante tanta belleza y perfección. Sobre todo, lo más grande es que comprendo, que comprendo sin saber. SEGUNADA PARTE DERROTERO DE UN HOMBRE SOLITARIO FUEGO QUE CALCINA El fuego calcina y purifica; la pasión también. ¿Qué puede dar, quien tiene frío y aterido siempre está? Tan sólo un poco de ese mismo frio. Quien vive entre miserias de ello da. Algunos dicen que el fuego es tenebroso. Otros, que es un regalo de los dioses. No hay que olvidar que el viento es el que aviva y hace que arda con mucha intensidad. Es bien sabido que el fuego que reside allá en el fondo de nuestra intimidad, un día se extiende saliendo de repente en busca de alguien que pueda cortejar y consumir. ¿Regalo de los dioses, o fuerza diabólica quizás? Entre el bien y el mal no existe línea definida ni está demarcada una zona para cada cual. Un mismo origen tuvieron las estrellas; unas son perversas, otras no. Una incógnita genera este dilema. Busque el que pueda hasta encontrar un leve indicio que lo lleve a encontrar esa verdad. UN LAGO Y UNA ESTRELLA Mi tiempo no es tu tiempo, ni tu ilusión es mi ilusión. No podemos decir que vamos juntos a éste, o a cuál lugar. No es lo mismo pensar en una estrella, que en un lago, o en el mar. Cuando se cruzan dos almas convergentes dirigidas por el destino hacia un fin determinante, es factible que las dos quieran unirse, y sin embargo, una voz que llega desde muy lejos grita entonces: no es posible que lazos pasionales os unan. Hay alguien que te espera más allá del último confín. Es por ello, que mi tiempo no es el tuyo, ni el tuyo, el mío. Así viajemos en el mismo barco y una misma estrella nos guíe a través del mismo mar. Tú vas unida a otras cadenas bien aparte de las que jalonan mi destino y ambición. UN DÍA Un día mis pasos fatigados de tanto trasegar las sendas de la vida, tomaron el rumbo conocido que llega hasta el palacio que habita desde siempre, Aquel que aun sin nombre, es ampliamente por todos los humanos conocido. El ayer, sin un adiós se fue con la premura de un bólido que se pierde en el abismo sideral. No como uvas en la última noche de diciembre, ni bebo vino en año nuevo. Bebo de un licor cuya embriaguez no puede surtir otro licor cualquiera. El que bebo, produce una grata placidez que torna en calma los embates de un viento traicionero que arrasa y destroza sin piedad Tengo dentro de mí, un coro que preludia las canciones que inspiran la tristeza, única posesión del alma entera. Ya llegué. Mi hospedaje está pactado, no por un mes, más bien por muchos años. No habrá celebraciones, voces, lamentos ni suspiros. El tiempo para ello ya se ha ido y todo lo vivido quedó atrás. INDIFERENTE Perdidos están los pasos del ayer. Ha caído tanta arena en el camino, como nieve sobre el azul de las montañas. Iluminada mi senda por la luz de unas pupilas, las más dulces conocidas, caminé confiando en el azar. Hoy esa misma mirada me rehúye, cual si nada hubiera existido, como si las vivencias de ese ayer que se escapó con tanta prisa, hubieran sido un sueño en una tarde veraniega, o en una noche de densa oscuridad. Al encontrar esa misma estampa en medio de la vía, aplico la misma ley que un día me aplicara: mirar hacia adelante y no dedicar ni por equivocación una mirada; dejar que pase y no presuma que aún llevo guardado no sé en qué parte, un poquito del hálito exquisito de su piel. Su piel que fue el puerto en donde anclaba de mi pasión, los últimos destellos. El amor trae las ilusiones que el desengaño anula. La primavera trae las flores que el verano marchita. En ningún lugar del mundo, el cielo es de color diferente, aunque existan muchos tonos. No ocurre de otra forma el proceso de la muerte, dolor y pesadumbre la preludian. Si la unidad se rompe, el todo se disgrega. Nunca hay armonía entre dos ruedas sueltas. ¿Cómo la ha de haber entre quienes ya no se hablan y esquivan sus miradas? GRACIAS A LA VIDA Gracias por mis pequeñas alegrías, por mis ansias constantes de vivir, que se aferran a las paredes del continuo devenir de la existencia, haciendo que en cierta medida sea feliz. La esperanza a veces se detiene como el árbol que arrastra la corriente, cuyo tallo encuentra un obstáculo a su paso. Mientras tanto, me entrego a la acción tonificante de contemplar desde la orilla opuesta los embates de la marea al estrellarse contra las rocas del gran acantilado, sobre el cual afianzo mi ser de dinamismo lleno. Siento que aún mi sangre hierve y palpita el corazón con fuerza todavía. Me estremezco al sentir cómo la luz del sol me calienta y el viento me acaricia. Todo es hermoso hasta el delirio, si el ser interno en ello participa. DILEMA No sé porqué me desconcierta el ruido. Ni cómo puede odiar el corazón lo que ha querido. El aire es inmortal y sin embargo, a veces contamina y mata, si en su corriente circula algo nocivo. Si llega el bien, el mal se anula. Si el mal hace presencia en medio de la cena, entonces la traición cumple su oficio. Lo amado llega a odiarse; se convierte en fealdad lo que hasta allí fue bien hermoso. La oscuridad cubre el recinto, la luz no ilumina la estancia, y el camino no es nada más que una cicatriz que pronto se abre. No crean que el hombre solitario sea temible como dicen. Es un león domesticado, aunque pueda rugir, no causa daño. Un ser extraño apartado del redil que mira desde otra dimensión el ajetreo de lo que llaman algunos, vida práctica. SOBERBIA HUMANA Cielo azul, nubes viajeras. Flores rojas a la vista. Música lejana, tan lejana que parece venir de otras esferas. Aun siendo todo así de hermoso y estupendo, hay algo que disuena en el conjunto: un vacío, un abismo; una cicatriz que nunca sana. La manzana podrida, el vino triste. No me hablen de tristezas, porque vengo del lugar en que cesan para siempre. Para ser feliz, basta una copa en la cual se pueda verter no vino, sino el alma. Ésta sí sabe lo que el hombre llamó felicidad desde el principio: el aceptar la vida como llegue y renegar pasito, tan pacito que el corazón ignore lo que en un momento de exaltación murmura el Ego. FRAY LEJANO En un valle y desde lejos, da la impresión de un monje peregrino. Vestimenta color nube. De cerca, planta sedante a los ojos que la miran. No tiene arrogancia, sí, el don de la sencillez absoluta. En ella coexisten el cariño y la ternura, envueltas en un halo calmo y exquisito. Residente de las cumbres más heladas; amiga de los que sufren. Calor y abrigo les brinda a quienes a ella se acercan en las noches. Es protectora del que cruza por el valle con el alma encogida en días lluviosos. A pesar de ser humilde, viste de galana hermosura y se destaca casi por encima de las cumbres. Nada tiene que envidiar quien con sus ramas se proteja. Amiga del sosiego y no de la agitación que pulula en las ciudades. Es esta mi planta preferida. DESDE LA DISTANCIA Podéis caminar en silencio por un inmenso desierto, o recorrer mil kilómetros en autobús, por las cimas escarpadas de los Andes. Puede el final de aquel viaje ser tan triste como un páramo, o alegre como la playa de la cual se cuentan tantas leyendas e historias asombrosas. Lo que lleves en el alma determina el resultado. No hay viaje más alarmante que el que se adentra en el tiempo, en la mente, en uno mismo. Si el pasado fue glorioso de alegrías y de fiestas, notarás la diferencia al mirarlo en el recuerdo. Tenemos sólo el presente, eso sí por un instante, atrás quedan las vivencias. Al mirarlas desde lejos vemos que todo fue un sueño susceptible de esfumarse. Quien se esfuma no es el tiempo, ni los hechos o sucesos, somos nosotros que pasamos frente a las puertas que se cierran para siempre y no contamos sino con nuestro oscuro silencio, ese silencio que duele, que rebaja o enaltece, cuyo final es la mejilla de la noche con su caricia yerta y su piel resquebrajada. A PUERTA ABIERTA Ausente el ausente, cuando llegue es bien venido. El día trae perfume de clavel, de áloe y de canela. Toda historia cuenta un trozo de algo interesante. Anclada en el tiempo y el olvido reclama un espacio, desplazando a otro olvido prematuro. Así, entre olvidos y recuerdos el trascurrir de la vida es bien sutil. Si un camino no se anda en pleno día, en la noche se habrá de recorrer. El valle escondido, la colina, la montaña desértica, el confín, la línea divisoria. ¿Y porqué no es visible aquello que se aquieta en la mitad de la extensión desierta? Ese punto misterioso guarda algo, ese algo me atrae y voy a él. El cielo está profundamente azul y las estrellas son más estrellas cuanto más alumbran. Aquéllas no conocen de los pesares, de las tragedias del corazón humano. He buscado las mejillas amadas en la sombra y una voz en la noche me prohíbe que lo haga. He querido encontrarlas en el aire, en la lluvia y al mirar este cuadro se desboca su ausencia. No he querido olvidarla, ni lanzarle un reproche, es que todo me habla del pasado inmediato donde están las imágenes de furtivos encuentros; donde el cielo principia y la tierra termina recargada de paisajes exóticos. Allí dicen que existe la dicha completa y que una paz áurea e infinita la circunda y la auspicia. Al mirar desvanecida en el tiempo aquella imagen que amé sin dobleces, se confirma otra vez esta verdad imperiosa: lo que hube amado fue una sombra yerta y no un cuerpo lleno de energía junto a un alma colmada de profundos anhelos y añoranzas eternas. Fue una voz, un sonido, que al callarse el artista se alejó al mismo tiempo que una humilde paloma agonizaba en la sombra y una espada caía y tronchaba una historia. UNA PUERTA SE CIERRA Nadie reclamó, ni dijo una palabra recriminando el hecho. Las puertas al cerrarse rechinaron. Afuera reinaba la oscuridad más azarosa. El suicida estaba a salvo de intrigas y de mofas. Todos pensaban: Un ser trasparente como era, no pudo adaptar su vida a las costumbres de este mundo; tenía que escapar a tal suplicio. Después de varios años abrieron el sepulcro, el despojo que hallaron era igual que el de los demás fallecidos, excepto por una pequeña diferencia: por un agujero que tenía en la frente, asomaba la corola de una rosa, galana como ninguna otra. ¡Cómo puede ser! Exclamaron todos. Mas la rosa se prolongó hasta el infinito, como una herida sangrante que derrama rubíes y no pétalos mustios. Todas las noches el alma cambia de rumbo; unas veces toma la dirección de las estrellas, y otras la del abismo desalentador. De repente un rayo de luz irrumpe, entonces, el alma enceguecida no sabe qué dirección tomar. Da un salto al vacío y se desploma. Igual el suicida. Deslumbrado, enceguecido y desorientado, elige lo que considera como una solución. Bien puede serlo, ¿pero a qué costo? Quien recorre un camino no sabe qué posada le espera al fin del viaje, ni qué lecho entramado de espinos puede darle el azar. AFUERA Afuera hace frío y llueve tanto; Aquí adentro sí hay calor. Todo es sombrío, el valle, la montaña; Los caminos parecen de cristal. La pasión débil; Amplio el espíritu No hay allá, ni acá. La multiplicidad cabe en este cuadro: el uno, el todo, lo eterno; la redondez del tiempo condensada. De un minuto una fracción. Eso es cuánto posee cada ser, Lo demás, vana ilusión. ¿O existen otras alternativas que sobrepasen los límites del mismo ser que lucha y espera Algo mejor? SI así fuese yo no andaría en las que estoy. CANTO NOVENTA Y DOS El silencio me enseñó muchas verdades. La algazara me enseñó a mentir en gran medida, en esa misma medida fui infeliz. Por encima del mito y la leyenda está el hombre superior. Éste busca a Dios, su Padre y lo encuentra en el silencio oceánico y del absoluto. La flexibilidad del bambú, es su virtud. Así, el hombre que quiere vencer habrá de ser. Cargar nuestra cruz, saber que estamos solos entre el oleaje arrasador de lo inestable. Tener el alma y el corazón abiertos para emprender el vuelo y no desfallecer. No es hora de mirar el bermejo resplandor del vino servido en una copa, ni de escuchar la música más bella que haga vibrar el corazón. Es la hora de dejar que la mente se desprenda de su sueño; de apreciar el momento que pasa y dejar que se aleje. No es cosa del humano, el retener. Suéltate, relájate, despréndete; el vacío te espera, ve hacia él. CARTA POEMA Desde cualquier lugar del mundo. Escribo esta carta con el fin de saludarte. No vayas a pensar que lo hago movido por el resentimiento que me causó tu ausencia, ni por la indiferencia con la que me trataste al final. Más bien lo hago haciéndole caso al sentimiento que aún se anida en mi pecho, cual una abeja que succiona el néctar de una flor, moviendo las alas y acariciando con ellas el resto de los pétalos. Acaricia con su suavidad y al mismo tiempo mata, porque la lejanía enturbia tu recuerdo. Nada más de recordarte, mis ojos se humedecen. El amor es triste y la melancolía desciende hasta caer al más sombrío de los valles. Adiós amor, la vida nos aleja. Toda esperanza resultaría vana, si todavía mis ansias te esperaran. El tiempo amigo y sanador de los amores fracasados empieza a surtir sus efectos. No hay marcha atrás…No tiene sentido el despedirme. La voz que calla es efectiva y no delata. Guarde cada cual su secreto y no mire atrás porque el recuerdo es vengador y justiciero. ¿Es acaso un capricho más fuerte que la ley del Destino? MI ORIGEN Nací en una casa solariega asentada en un alcor, rodeada por dos valles bañados por sendos ríos. El uno corre al norte, el otro va hacia el olvido. En el primero se ahogó el ser que yo más quería. El otro se llevó en su oleaje mis primeras ilusiones. Tan huérfano crecía, que una diosa me adoptó. De allí nació la tendencia de pensar en poesía. Un campesino ya viejo optó por llamarme amigo, enseñándome muchas cosas, entre ellas, las canciones que entonaban los abuelos. El alba fue mi madrina; mis amigos, el roció, la montaña y la colina. Las estrellas me acompañaron cuando sintiéndome afligido lloré mis primeras penas, al comprender que la dicha siempre ajena habría de ser y que para mí sólo eran las flores que otros dejaban en la mitad de la vía. Que mi herencia sería un mundo no comprendido, una estación en la cual partía el tren que no regresa. Un poeta a media marcha va perdiéndose entre el frío paisaje. Me dirán que fui sin prisa. ¡Ay! El tiempo corre más que nave alguna. ¿Cómo habría de alcanzarlo? Ni volviéndome un segundo Lucifer. *** CANCIÓN DE ESPERA No es el azul sereno de los cerros No es el verde pálido de las aguas. La luz que al río ilumina no es de luna ni de sol. Es la lumbre navideña, es la imagen del Dios vivo Es Jesús que deja ver su belleza incomparable, su cabeza nimbada y su alba sien. Quién tuviera mil corazones para darlos de una vez A ese ser que nace siempre, cuando encuentra un alma dispuesta a seguir sus pasos, al amor que nos entrega desde su nacimiento hasta la cruz. Sólo Éste puede hacer que reviva la esperanza. Que se cierren las heridas y que vuelva hacia su casa quien de ella se apartó. Cuando lo hace, se libera del pasado y su disolución. El reflejo del Dios bueno brillará en su corazón, cual alumbraron las estrellas en la noche que nació. Sagrados misterios que causan perplejidad. Entre los más grandes está aquel que nunca podremos comprender. ¿Y qué? Todo sigue como antes de nacer el redentor. Una cosa sí ha cambiado: la compasión tomó el sitio del salvajismo brutal . TAPETE TEÑIDO DE ROJO Un poco de vino, de vez en cuando no cae mal. Si vas a la ermita orad por los muertos Y por los ausentes que no han de volver. La regia montaña, el Sol coronándola El junco en el agua, la rana saltando. El viejo retablo de una estampa de ensueño, Que habla del paso de las horas en el recorrido que no tiene fin. Sobre el tapete teñido de rojo, vestigios de vino regado. Junto a las lámparas, un aura azulina Y una estampa amada de alguien que partió. ¡Qué extraños rumores trae el aleteo de la mosca azul! UNA NOCHE LLORÉ Ya no está la que era, ya se fue la que fue. Una noche lloré por María, que me diera el cariño más puro que ya nunca tendré. Lloré también por todas las Marías de la tierra, Por aquellas Marías que podrían existir y por todas las otras que vengan después. Ya no está la que era, ya se fue la que fue; Hoy, llorando su ausencia padecí lo que un día ya lejano por cierto, reprochando la forma de tratarla, me habló: “Allá en la tumba me amarás con llanto”. Aunque el llanto ha tardado, al final he llorado como llora el que sufre un profundo pesar. Amo su recuerdo imposible, y el eco dolorido de su cándida voz. Qué María fue aquélla, tan hermosa y humilde a la vez. Otra igual no ha de haber. Y aunque nazca otra así de apacible y dulce, no será la que un día me miró con amor. NO TIENEN IMPORTANCIA El día que pasó ya no tiene importancia. Ha quedado encallado en la orilla del río del tiempo. Imposible revivirlo, está muerto y los muertos ya no abren los ojos, ni sus oídos escuchan el más mínimo acento. El alba del próximo día abre su ojo diáfano y puede verse el recorrido de un gusano que incursiona en el panorama, desgarrando la niebla. Se presiona un manubrio, se acciona una llave. La broca está abriendo en la pared, una huella indeleble que ni el tiempo ni el moho la podrán ocultar. ECO Verde la esperanza Amarillo el enfado Azul la añoranza. De la remembranza Es prima cercana La blanca ilusión. Noche fría Hielo en el alma. El invierno arrecia. Si más hubiera amado Más habría sufrido. Si he llevado penas Porque amé una vez, Cuánto sufriría Si sumaran cien. No quiero apartarme De la fuente amiga Así esté enturbiada La proclamo hermosa Como siempre ha sido Como vino al mundo. Si no ha sido un sueño Fue la única cosa que en la vida amé. Si sólo fue un sueño Tuvo el tinte de algo querido que no he de olvidar. Tal vez mi viejo corazón la busque Más allá de la última posada, Cuando ya mis ojos se cierren para siempre Y se abran las puertas oxidadas, las que de tanto estar cerradas se niegan a ceder. ¿Hay imposibles? Ni negarlo. Cuando toda posibilidad quede anulada, de la nada aparente surge aquello que une lo real con lo soñado. Lo que no fue, puede doler. El dolor trae el lamento, mas el mismo dolor queda encubierto y no hay motivo que obligue a buscar explicaciones a algo tan frágil. Reine el silencio, porque es cuanto nos queda. ADEFESIO En un rostro feo no cabe un gesto. Si fiero empeora, si hermoso llora y envilece a la vez. No resulta ameno hablar del invierno, nos remite a la tristeza y eso no es placentero; Así que olvidémoslo de una vez. La soledad no nos llama, nos retiene. Cuando muere el amor, deja sus huellas estampadas en todo lo que tocó la pasión. No se pueden borrar, así el paso del tiempo las minimice cuando todo se crea concluido. No hay fuego que no consuma, ni capital o valor que no se acabe. Empero, existe un valor rescatable: la armonía entre los pueblos, los amantes Y los otros… El paisaje, el entorno, la belleza y la magia: admirar es amar. PARA SER UN HÉROE MODERNO Llevar una vida agitada y morir joven; Después no me digan en qué se divirtió. Tener muchos amores y marchitar las pasiones con desdenes, agravios y desplantes. Eso sería lo ideal, pero la vida no es algo que se pueda programar. Por eso al llegar a los noventa, hay algunos que quieren desquitarse, cuando ya el sol es bien escaso y las notas del piano disonantes no entusiasmen y empiezan chirriar. Si queda una deuda sin saldar no es olvidable, quien la cobra la suma muchas veces. El adiós más desgarrador no es escuchado, se confunde con el sonido del viento, del mar y de algo más denso todavía: tal vez el remordimiento sea el huésped que más atención demande. EL CLAVICORNIO DEL ENRREJADO (Un cuadro de Cupido pintado al azar) El amor es un muchacho travieso con cara de yo no fui. Si de frente se mira es sólo un mozalbete. Si se mira de perfil, es de candor y de gracia un modelo perfecto. Si se mira la parte que llamamos trasero, es un sátiro ambiguo que trastoca la mente de quien en esto se embebe sin saber qué se oculta tras del recio tejido de una prenda burda y textil. El amor nunca piensa, el amor nunca sabe. Si supiera, estaría en la parte llamada razón, o consciencia y no en el corazón que se engaña con el falso espejismo de creerse infalible o más listo que quien dispara un dardo sin ver, dando en el blanco. El blanco no sabe de ese juego que lo hace delirar, soñar y hasta reír en forma irónica. El colmo de los colmos, es amar a quien ni siquiera lo cavila. Cupido, ese niño endiablado que parece tan frágil e inocente, resultando ser fuerte como el monstruo marino que se oculta en el mar. *** NO SOY ESCLAVO No soy esclavo ni libre y mucho menos tramposo: Lo justo me sabe a miel, lo injusto a hiel y a vinagre. Aquello de ser esclavo es cosa bastante seria: Uno depende de alguien que lo utiliza a su amaño. Ser libre, cosa bendita pero recuerde el que escuche: Nadie puede por sus medios elevarse hasta quedar por encima de las nubes. Si quieres ser compasivo reflexiona y no te estires. El tiempo es oro en las cosas del amor, de la guerra y de la fama. Un diamante tiene el precio que el pobre no puede imaginar. No obstante, le sobrepasa el valor de una consciencia trasparente y meridiana que no sabe de artilugios ni de engaños abismales, de pasiones tormentosas y engaños en el amor. MI PEQUEÑO MUNDO Ahí está. Es pequeño, tan pequeño que a una nuez es comparable. Camina, no cabe duda. El movimiento es eterno como eternos son los mares y el espacio prototipo de poder y eternidad. Nunca se detiene ni se arredra, aunque a veces de rumbo erra, o se distrae. Sigue la ruta que el viento le traza y no por capricho o tara hasta el momento descubierta, en aras del buen pensar. Cuando llegaron los días de las primeras tormentas, buscando, siempre buscando no cesó en su travesía. Fue dueño de su aislamiento, el que muchos confundían con una isla desierta, o una barca a la deriva. Es este mi mundo aparte, mi refugio y mi ventura. Lo demás son las capas que conforman la envoltura, o los segmentos de un acto que culmina estando abierta la cortina todavía. Mientras eso la marea baja y sube, no es vencida. Parece ser que la eternidad grabó en ella su valor y su medida. No hay mundo por pequeño que este sea, que no tenga por meta lo que nunca ha de acabar. He aquí la quimera, la lucha interminable: ir tras de un sueño que al final como todos los otros, va volviéndose añicos. Realidad sólo hay una, el momento presente. Lo demás es incierto, el pasado ha mentido; el presente es efímero. El futuro aterra y desconsuela. ¿En qué afianzo mi vida? En la eterna certeza de saber que no entiendo ni siquiera un adarme del enigma que agita al Mar rojo y a la torre siniestra de la hoy moderna Babilonia. Mi pequeño universo, aunque frágil, culmina en la curva en que el tiempo como una serpiente se retuerce con violencia al morderse la cola. Vuelve y juega otra vez. La esperanza no existe y el olvido no pudo deshacer tantas cosas grabadas con la impronta del ayer. CORTA NOTA Quien sólo por el mero placer de mirar, es capaz de contemplar la hermosura de un rostro; una imagen grabada, un paisaje, una flor. También puede apreciar la imponencia del espacio y sus múltiples maravillas, sin sentir sufrimiento, amargura o pesar. Ver que el mundo es tan chico como un grano de arena respecto al racimo del que penden los astros derramando su energía y sus plácidas luces sin que ninguno se desvíe, o pierda la habitual conexión. Más allá de la esperanza y la fe está la certeza. Imposible negarla, o siquiera dudar. ¿Qué ambiciona el ser humano que no quede anulado ante tan regio esplendor? No se ven los espíritus, ni siquiera las alas de un arcángel gallardo, ni la llama de un genial querubín. A pesar de lo dicho no es locura aceptar, que en medio de tanta Belleza y majestuosidad sin igual, puede haber lo que un día nos enseñaron. Algo más grande es factible que exista, sin dejar de ser una incógnita para el conocimiento, su visión limitada y sesgada a su manera habitual. ¿En qué zona del yo, del alma o del espíritu, se funde lo real con lo imaginado? Allá en donde lo real deja de ser tan real y lo asombroso se manifiesta en forma clara; se unen los contrarios que parecen tan distantes, uno y otro encajan en una misma pieza unida por una sola armazón. ¿De qué se queja el ser humano? No ves cómo en donde la tierra da la impresión de que termina, empieza el infinito que la envuelve uniéndola a todo el universo. No hay fronteras insalvables: existe la armonía. La música de los astros, aunque triste tiene la propiedad de encajar cada una de sus partes en una misma Sinfonía. ¿Por qué todas las almas no pueden realizar esa misma función? Llegar hasta ese punto es la odisea. ¿Está lejos? Ni qué hablar. Si dos almas se anidan en tu pecho y dos caminos se abren ante ti. Elige uno y deja el otro, ve hacia delante con las dos almas unidas entre sí. Recuerda que una vez entre la noche brillaban tres estrellas que luego fueron dos. De aquí la tragedia triste y sombría: el alma no puede alzar el vuelo. La otra no vuela hasta que la terrenal sea pulverizada. La una se nutre de la otra; sin la material no existe la segunda. Energía y materia, una misma cosa son. El cuerpo gastado se torna en cenizas y aquéllas ya inertes no pueden pensar ni discernir. Cáusame horror un cráneo ya vacío, ¿qué pensamientos bullirían en su interior? En cambio la otra alma que afirma y confirma, no sufre desgaste alguno, está siempre atenta, percibe el momento de su trasformación. Recuérdelo el que crea, si quiere vivir y revivir. La fuerza del poder está en creer. NO SÓLO EL DORADO Hasta hace poco tiempo sólo las cabezas rubias ceñían las coronas. Nada más las manos blancas estaban habilitadas para desempeñar labores dignas. El conocimiento estaba reservado a quienes ostentaban finas ropas y se lavaban con lavanda el rabo. Las atenciones las merecían aquellos que ocupaban los puestos encumbrados. Hasta se hacía creer que los mandatarios venían del cielo y que eran hijos de los dioses. Ahora nos abismamos porque nos dicen que los que comen pastel de mandatario tienen derecho a dejarnos con la boca abierta y la garganta seca, mientras que aquéllos nos birlan y se burlan en nuestra propia cara. Y con todas esas cosas en contra nuestra, somos el pueblo más alegre de la Tierra. La felicidad encanta, pero es ciega. MÁS ALLÁ DEL ÚLTIMO CONFIN No porque alguien se atreva a mirar el sol, se hace más grande, ni porque se doblegue para mirar un simple insecto se empequeñece. No está el cielo en lo alto, ni el infierno en lo bajito. Cada cual tiene la medida que ha tomado de la manera de ver y medir su propia estampa. Tú eres tú y no él. Tu Yo es la más valiosa posesión con la que cuentas. ¡Cuántas montañas se unieron para crear tal obra! Después de aquello sólo existe el abismo. ¿Oscuro o luminoso? Todo depende del influjo del Ego que lo modela. Si redimido, fulge; si indomado, oscuridad profunda. Mucho pensamiento, palabras pocas. Estado de consciencia trasparente. ¿Quieres saber en qué lugar se encuentra Dios? Calla y medita. No está tan lejos, en Él te mueves. No es Tierra ni aire; es pura esencia. Es el Poder incontenible e infinito. No lo abarca el conocimiento ni la ciencia… Y no obstante, le puedes percibir en todo instante. SUEÑO DE UN SUEÑO Sueño de un sueño, el que nace entre las rojas zarzas de la tarde, cuando ya la luz torna y se aleja. Un día habrás de cantar, tu voz sonará opaca y desteñida. No alcanzarás ni a una nota sostenida, y aunque quieras callar no lo lograrás conseguirlo, porque el silencio se ha hecho nostalgia y esta canta. Con un poco de entonación, un nuevo canto se habrá de escuchar, casi perdido. El corazón se aplasta cuando un recuerdo lo abate noche y día. Canta por fin otra alma, ¿o es la mía? El hombre instruido no se lamenta ni por los muertos ni por los vivos. Los muertos sí lloran por aquellos que los olvidan después de su partida. Ellos no regresan, nos esperan tras una cortina infranqueable. Jamás puede el ojo humano traspasar el velo de Isis, y menos descubrir lo incognoscible. HORA 21 ¿Qué estará haciendo a esta hora, quien fue mi amor? Leerá una carta, escribirá un poema, escuchará noticias, coleccionará recuerdos en álbumes dorados. O acaso sin consuelo, como quien nada espera, encenderá una lámpara y apagará un cigarro. Verá llegar la noche, oirá caer la lluvia y el viento con su ruido desacorde y singular. No sé, lo presumo…, abrazará algún cuerpo y con él, como soñando se entregará al placer. Factible es todo aquello, el hoy no es el ayer. Si el paso de los años borró todo vestigio de lo que fuera un día lo más sublime y puro que ojo sin engaños pudiera contemplar. El frio de la ausencia aniquiló aquel fruto, y ahora no queda sino un vacío tan grande que nadie llenarlo pude. Si un astro está muy lejos, por mucho que ilumine su luz, aunque sea fuerte se desvanecerá. Reminiscencia esquiva, ¿por qué vuelves a mí? TODO A SU TIEMPO Los seres amados desaparecen a su debido tiempo. Parece que se extinguen, mas no es así. Su influjo acompaña a las almas que quedan atrás. Señalan un camino; orientan en la oscuridad; son espejo en el cual se miran quienes estuvieron cerca cuando aún los que partieron estaban unidos a su cuerpo material. “Algo” nos une a ellos, así no sepamos con certeza qué, sentimos el efecto de su influencia y poco a poco nos vamos dando cuenta que dicho influjo proviene no de la vida pasada, sino de su estado actual. Poco conocemos qué hay en realidad más allá de las fronteras en las que termina la existencia terrenal: por ello nos limitamos a una mera creencia religiosa. Misterio de los misterios, arcano que deja a todos absortos, confusos, inquietos y perplejos. En cambio los que partieron, no tienen ya a quien temer. Se teme no seguir siendo y tal vez volver a ser. REDICHO Cuántos poetas le han cantado a la noche, a la aurora, a la mañana. A esa cantidad de cosas tristes, pero hermosas: al rocío, al llanto de las estrellas, y a ese vacío infinito e indescifrable que alberga el alma en sus repliegues. A la vida, al amor, a la Muerte. A lo que el tiempo despoja y deja escuálido y yerto. Que no se le cante a las rosas, dicen unos. Que hay que evitar el lugar común, y que la Luna es caduca, ignorada como la esposa de Caín. Que el parto sin dolor no es bien genuino, y que el doctor que no despache siquiera un paciente cada mes, no está por nada. Que el que deja pasar una semana sin disfrutar del placer, es un tarado. Que los sueños pesados manifiestan la represión de quien los tiene. Que si soñamos comiendo, no tuvimos una buena cena después de las cinco de la tarde. Eso sí, nadie dice que padece de inanición intelectual, o raquitismo de la mente. Todos se creen sabios: de doctorados, pergaminos y diplomas, están hasta el cogote. Y lo más inquietante es que miran por encima del hombro a aquel que reverencia no les rinde. Gracias a la ley de la equidad no son todos de esa laya: el que padece del complejo de castración es bien escaso. Se le puede cantar a toda cosa bonita o fea, con tal de no dañarla ni envilecerla, así la hipérbole que se emplee para engrandecerla sobrepase su altura y su volumen, dándole grandeza desmedida. Después del festín quedan regados los vasos, los saleros, los cubiertos. El que cumple la tarea de ordenar la mesa, o la tarima, puede decir y promulgar qué gente estuvo en la cena, y es probable que los encasille en partes diferentes. BENDICIÓN Te doy mi bendición, ángel travieso y no preguntes siquiera por mi nombre. Puedes sentir el calor de mi cariño y tal vez la inmensidad de mi tristeza. Nunca sabrás de este amor el motivo, ni el porqué de su existencia. Cuando en el fondo de un cristal, mires tus ojos, verás en ellos lo que quise contemplar sin conseguirlo, cuyo atractivo impactó mi voluntad hasta el delirio. Recuerda que al final todo se acaba, incluso de esos mismos ojos el fulgor y sus influjos. Recibe mi bendición y no mires la mano ni la cara de quien lo hace. Tómalo como tal y no como una osada manifestación de un amor frustrado que agoniza. Es tan fácil matar lo que no existe, como difícil negar el bien amado. FRENTE A UN NICHO Como Catulo me detengo frente al nicho donde reposan las cenizas del ser que más me quiso. No lo digo por mera vanidad, sería una ofensa a su memoria. A manera de oración postrera elevo esta plegaria: descanse en paz y ve hacia la luz, cuánto más pronto. El silencio envuelve esta losa sin que el más leve sonido la perturbe. No se descansa en el sepulcro ni se sueña. Ya no se es, y sin embargo, ¿qué hay de aquello que miraba con amor y fe, el árbol sagrado de la Vida? No hay respuesta. El mutismo de la muerte se interpone. Es penoso y difícil aceptar esta verdad, porque al hacerlo decrece sin piedad toda esperanza. Sobre la sepultura de su hermano, dejó Catulo su triste despedida. Así lo hago yo, ante la tumba que guarda las cenizas de quien diera por mí, su vida entera. LO INHASIBLE Es tan bello soñarte, como terrible el no tenerte. Una espina sin piedad atraviesa mi garganta; un sabor acibarado invade mi lengua, hoy ya sedienta. Quien ya no está, dejó un vacío imposible de llenarlo otra presencia. No hay que creer en el vacío absoluto, en su espacio radica toda posibilidad: de la vida a la muerte; del no ser hasta la grandeza del Ser no destructible. Del jolgorio hasta el silencio. De la tertulia a la soledad. Del olvido hasta el recuerdo, del acá hasta el allá, ¿quién dice que no hay una unión establecida? El rompimiento es visible, lo que une es inmortal y escapa a la mirada somera del simple espectador, que aún gatea y se debate entre lo cierto y lo incierto. ¿Cómo puede ver lo espiritual, si siempre mira con los ojos y no con la facultad suprema que trasciende todo obstáculo? LUNFARDO Tiene el alma cansada y su voz adolorida. Cuando sus notas resuenan en la calma de los días aplastados, muertas pasiones reviven al regresar del lejano país nombrado, olvido. Lunfardo, tango gris, tango afligido; del malevo la expresión. No hay lugar en el cual, el gemir del bandoneón no compenetre. Cuando se nombra el Lunfardo, las penas salen saltando a manera de flechazos o dardos que van al centro donde el dolor se ha insertado, sin cambiar de dirección ni errar el tiro. ¿Acaso no eres más fuerte que quien con el alma en mil partes, lanzó por la avenida desierta donde impera el desamor, ese ritmo, esas nostalgias nacidas de las tragedias amargas, de la duda y de traición? De no ser así, de nada servirían tantas quejas dadas al viento y la relevancia que tiene su sonido evocador. Hoy, ya viejo doy cabida en mis noches desoladas a esta trágica melodía que me lleva hacia una dimensión sin contrapuerta. IGUAL A UN GRANO DE ARENA Cien años de soledad se van veloces. Hay más de una manera de contar el mismo cuento y de decir las mismas cosas. El cóndor y el ruiseñor, en cuanto a soberbia son iguales. El primero asciende hasta el cielo por escalas; el segundo, eleva hasta las nubes las notas de su canto. Un grano de oro es la esperanza. La ilusión, un grumo de nieve en una rama. El amor, como el girar de un molino se acelera con el viento y a medida que este amaina, se detiene. Hay quien busca entre un escombro, algo valioso. Lo han hallado algunos, otros vieron su ilusión en arena convertida, y la arena en lugar de su esperanza. Y con el trascurrir del tiempo, amigo oportuno e infalible, todos comprendieron que es igual el brillo del oro, la textura de la nieve y la vacuidad de lo inservible. TEMPLO BAJO EL COMBO CIELO Olvidado de las palabras, descanso en el lecho del río que fluye hacia lo eterno. He renunciado a la fama y las ganancias que da. Penetro el maravilloso mundo de lo desconocido; soy feliz en su extensión. Amo la noche, venero el día con las bondades y sorpresas que siempre trae. Nunca he podido escuchar la voz de Dios, pero en compensación, oigo el susurrar interminable que surge del silencio. Si el vaso se colma, no queda nada por comprender. Si se obtiene el conocimiento, el espíritu se serena. Si el agua se sedimenta ya no hay motivo para que el alma se conmocione. Elegante el sol de la mañana brilla sobre los aleros; retoza el aire por las terrazas. Esto es vivir. LO ABSURDO A cualquier hora, puede ser muy tarde o muy temprano. Todo depende, ¿de qué? Ni saberlo. El tiempo es ilusión y entonces todo lo demás es vano sueño. Siento temor al despertar, porque ya aquello que creía vacío, puede estar lleno de asuntos y de cosas que la razón no sabe descifrar. A veces es un hilo delgado y fino que nos une a otras personas; el estar en deuda con ellas afecta el desempeño de algo oculto, haciéndome sentir desanimado. Ni qué decir de otras cuestiones, como el afecto que injustamente le negamos a quien tiene todo el derecho de estar cobijado por él, sin reticencias. La pasión, el odio, el desengaño, el famoso tedio del vivir en espera de que llegue un cambio que no viene, no se deja otear por parte alguna. La oscuridad de la noche, el cielo encapotado. Es este el panorama que deja ver la duda. Y a pesar de eso, resulta bueno discernir. Del mismo saber, nace la duda. PROCESO A un hombre le es necesario mirarse en un espejo durante varios años para que pueda aceptar que envejeció. Esta mañana tuve esa experiencia; el espejo no engaña, la que lo hace es la ilusión. Creemos que permanecemos siempre jóvenes o por lo menos, aceptables, es decir, en buena condición. Y la experiencia nos demuestra todo lo contario; llegamos a la vejez, querámoslo o no. A veces una antigua fotografía se convierte en algo sublime y bello. Todo depende del concepto que de la belleza se tenga. Hay que ver que después de todo, lo único que queda es el cansancio y un vago recuerdo que junto a éste, se evapora. Nada es permanente, ni siquiera el Universo que se alimenta de sus propios despojos y camina en busca de su fin. NI FANTASÍA NI REALIDAD No tuve una juventud grata que valiera la pena despedirme de ella, ni un momento oportuno para hacerlo. Por eso me apego a mi otoño presente, con el anhelo de quien no quiere perder su vida misma. No por lo por lo mucho o poco que poseo, que al final vale lo mismo que un loro en una cuerda. Una frase me entusiasma más que el brillo de una perla, o el esplendor del oro que refulge a la luz de una mañana. Me llama la atención el centellar de una gota de rocío en una hoja de geranio y el tintineo de una copa de cristal. La inquietud del mundo me deja indiferente. Sé que todo tiene un límite preciso. Traspasarlo resulta desastroso. “El brillante día de verano había sido un pergamino iluminado que estaba borrándose en el espacio”.* Por bella que la vida sea, por mucho que el sol de la alegría la alumbre, ese sol llega a su ocaso. Qué triste es decir adiós cuando hemos dado todo de nosotros y no nos queda más que un recuerdo entre dos líneas. Al emprender la retirada hay que ser justos y dar la vuelta sin que se pueda zaherir ningún afecto, pues de ello se nutre la existencia. *Yukio Mishima, en la novela; “Nieve De Primavera. AÚN EN OTOÑO Aún en el otoño hay flores que no han muerto del todo. Las violetas son las que reverdecen con más prontitud. No hay canto ni lamento, la flor de la sonrisa ausente siempre está. Hoy vino a mi memoria el más crudo de los recuerdos. Recuerdo que al nombrarlo parece que viniera desde la inmensidad. La verdad es otra, la voz que llama desde lejos, apenas es el eco de la que clama acá. Mil días eran el plazo que tenía la hipoteca. Hoy que ya se han cumplido, saldada está la deuda y por lo tanto el alma ya queda en libertad. A PESAR DE TODO Aunque no llegue la primavera y los jardines no florezcan como en los viejos tiempos, cuando la luz del amanecer llegaba con sus tintes singulares, todos los días diferentes, pero hermosos. Aunque el invierno ponga cortinas lánguidas frente a tu casa, siempre ha de haber un buen motivo de gozo y júbilo que traiga un aliciente a tu existencia, sin que se perturbe lo más sagrado, el amor. Amor a lo bello, lo grande y noble; amor sufrido, amor al bien. La joya que más deslumbra puede ser falsa; cuando se busca la auténtica aparece aquélla, sábelo bien. Aunque la noche cierre sus pupilas metálicas, ha de quedar una ventana abierta en el alma, en línea recta hacia una vertiginosa inmensidad. Y, ¿luego qué? Fluye el viento, en el espacio brilla una estrella lejana; varias más la circundan. Todas radiantes, serenas y libres. O, ¿me equivoco? ¿Será este el cielo o habrá algo más que aquello, que los ojos hechos de tierra pueden apreciar?