martes, 22 de marzo de 2016
UN MUNDO SIN GUERRA
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ADÁN L. LÓPEZ
Don Adán es un ciudadano campesino, es sencillo pero no ingenuo. Es de pensamientos libres y de sus actos también.
Ha recorrido su sendero no exento de desgarramientos que le han inspirado varios de sus escritos, reconocidos por notables literatos.
Es un hombre serio, pausado y de largos silencios que aprovecha para escribir poesía, novelas y otros escritos. Coherente con su libertad individual, respeta al lector, no le impone sus criterios y tampoco le hace concesiones. En sus obras comparte sus ideas, experiencias felices y dolorosas. Usa un lenguaje claro, espontaneo, sin renunciar al halago de bellas comparaciones. Sin pretensiones científicas incursiona en la psicología humana de tal manera que se gana la admiración de sus lectores, que se sienten acogidos en sus exposiciones.
Don Adán se relaciona con el prójimo de manera cauta, franca, sincera y amable.
Heredó de su queridísima señora madre, doña Merceditas López Márquez, parte de la sabiduría de quien no tuvo repliegues en el alma.
Es amigo incondicional, y reserva parte de su fogosa tenacidad, que no saca a relucir sino cuando el caso lo amerita.
Ricardo Arango Posada
LLEGÓ LA GUERRA
Llegó la guerra. Me piden que me cuelgue del hombro una metralla.
No acato sus órdenes, sargento; tengo dentro de mí una batalla más grande que librar.
¿Acaso no es suficiente la inmensa llaga abierta en el costado?
La lanza hiere, hecha es de acero, la indolencia no lleva punta, pero desgarra las carnes con la misma contundencia.
No quiero la guerra, aún sabiendo que en un campo de combate, alguien se ha encontrado un auténtico Stradivarius. Con dos cuerdas rotas, tirado sobre los cadáveres de varios combatientes.
Nadie supo del último que pulsó el instrumento, ni qué extraña melodía pretendía interpretar.
LA CAÍDA
En la senda de la vida hay tramos bastante duros, y sin razón aparente el genio tiende a caer.
La caída es sorprendente, no se mide por el peso, se mide por el impacto, no por su proyección.
Fácil y cómoda parece al verla. En la mitad del trayecto, ¿qué se habrá de presentir?
Es necesario conocer la noche para así apreciar la claridad del día. Quien no conoce el abismo, no sabe nada de aquél.
A PUERTA CERRADA
Nadie reclamó ni dijo una palabra de reproche recriminando el hecho. Las puertas al cerrarse rechinaron. Afuera reinaba la oscuridad más azarosa. El suicida estaba libre de intrigas y de mofas. Todos pensaban:
“Un ser tan trasparente como era, no pudo adaptar su vida a las costumbres de este mundo violento y sacudido. Tenía que escapar de tal suplicio”. La muerte borró todo vestigio, de la flor no quedó más que la esencia.
Después de varios años abrieron el sepulcro. El despojo que hallaron era igual al de todos de los demás fallecidos, excepto por agujero que aparecía en su frente, por el cual asomaba la corola de una rosa fresca y pura.
¡Cómo puede ser! Exclamaron todos. La rosa se prolongó hasta el infinito, como una herida sangrante que derramaba rubíes y no pétalos marchitos.
Morir a los veinte años, si es por una pasión o un amor, resulta hermoso. Si se muere teniendo una esperanza, es más bello todavía, y si dicha esperanza es la de volver a ver al ser amado, puede resultar tan atractiva como una comunión floral en plena primavera.
No es el hecho de morir lo que entusiasma, es la posibilidad de encontrar lo ya perdido. Morir en pos de un ser amado, tiene el encanto de un copo de nieve que se diluye con suavidad en nuestras manos. Es el instante supremo en el que alma no soportando el dolor, no le queda otro consuelo que el de saber que el cuerpo muere y el sufrimiento termina. No por voluntad ajena, más bien por voto propio.
¿PARA QUÉ SIRVE LA GUERRA?
La guerra es el juego del ajedrez, en el cual juegan los generales, no con figurillas de plomo, marfil o carey, sino con soldados de carne y hueso; voluntad y obediencia ciegas. El potentado da la idea, el pueblo pone las víctimas.
La guerra sirve para tronchar vidas jóvenes y hacer que los viejos lleguen a su final más de prisa. El final definitivo es aún más paradójico. Cuando la guerra termina, los generales se saludan con efusión asombrosa, y a veces hasta se abrazan. Cenan en la misma mesa y hacen cuentas de sus bajas. “Ciento sesenta y cinco muertos para tomar una colina; ciento veinte para defenderla. En total, doscientos ochenta y cinco hombres caídos en el combate”.
La colina hoy está desierta, abandonada y sombría. No trina un ave, no hay señal de vida alguna, y hasta la brisa se acalla. Muchas madres miran tristes con sus ojos ya cansados, a las montañas y a los collados, al cielo que los cobija, y preguntan:
¿Por qué a mí, por qué a mi hijo? El hijo que aún no ha muerto, en otra Tierra interroga:
“¿Por qué me toca a mí, precisamente a mí, defender la paz, mientras otros en sus casas muy serenos, inventan leyes para hacerme morir y se cumplan contra mí?
En esos mismos momentos, los que iniciaron la guerra, beben whisky; cenan comidas servidas por manos bien enguantadas. Todo parece muy elegante, aunque en medio de tanta ostentación, los muertos saquen sus manos y las metan en los vasos y rieguen su contenido, o por lo menos lo enturbien.
Bien servidos y serenos todos ellos, con rostros de “yo no he sido”, ni siquiera se cuestionan. No tuvieron piedad de tantas vidas segadas por la acción de los fusiles oscuros y las metrallas sedientas de destrucción y de infamia. Ahí se ven complacidos, con la frente levantada y el alma puesta en la “prenda”.
Los vencedores escriben la historia. A los vencidos les queda la gloria de haber sobrevivido. Los muertos en sus fosas, nada tienen y menos lo necesitan. Los vivos pronto olvidan, y la tierra abre los surcos recibiendo las semillas rociadas de sangre y fuego. La cosecha viene luego, y no es extraño que sea más próvida que la inversión que puso el pueblo engañado por la astucia sutil de voces bien entrenadas.
LOS SOBREVIVIENTES.
Reparten el amor en pedacitos, la comunión no es más que aquello. Que los que odian se vayan a compartir su bilis con las fieras. Que se alejen al desierto, los que queman dinamita y que en el yermo paisaje los petardos explosionen.
Que el burlador visite los circos, si es que quedan algunos todavía. Que el que miente por complacencia, dé la cara y no se esconda entre los otros. Que el que hable, levante su voz en pro de los débiles, y los vencidos; ataque con su verbo contundente a los cobardes que esclavizan a los menos favorecidos, por medio de argucias milenarias, de trucos y de discursos que no pasan de ser promesas vacías, que han de quedar olvidadas, a la manera de las pavesas que el viento esparce.
Que se ponga una flor en cada puerta y no en las tumba, cuando el muerto no la vea. Que traigan vino y alegren a los sobrevivientes, que son los que padecen y sufren los horrores de la guerra fratricida.
Que se llenen de guirnaldas los balcones, que se vistan de topacio las aceras. Que cante el labrador en su comarca y celebre la fiesta de sus vides. Que el obrero pueda ver la luz del día sin sentir una espina que lo hiera. Que el Ama de casa tenga fuego y ese fuego no la queme. Que el que inicia un proyecto no se quede en sus inicios. Que encuentre el caminante, su camino y que la sombra del atardecer no lo trastorne. Que el estudiante pueda ver con trasparencia, cual es su meta y pueda comprender por qué la persigue, y si la percepción de su realidad es la más clara.
Que todo corazón sirva de nido a un gran amor que dé frutos lozanos y no la laxitud del desengaño. Que se traduzcan en accione las palabras, el pensamientos en ideas productivas.
Que puedan salir de paseo las familias y en un prado retozar con toda calma. Que al lado de la esposa esté el marido y junto a ellos los hijos, y si fuere posible, los vecinos.
Por último, que el mar cierre sus fauces y no sepulte a más embarcaciones, ni a más aventureros que buscan un sueño irrealizable, un sueño que si fue factible en otros días, hoy resulta quimérico y absurdo. El que quiera mirar un mundo nuevo que ayude a conservar el presente y empiece a construir el que desea, sin unirse a la voz de los cobardes.
UNA NUEVA VOZ
Una campana empieza a sonar en la distancia. La alegría comienza a visitar mi ser interno. No es la alegría conocida. Es algo indefinido que la mera razón no reconoce ni la entiende.
Ya puedo visitar el templo cuyo dios es el Amor. Se ha quedado mi garganta sin palabras; mis ojos y mis oídos suspensos ante tanta belleza y perfección.
Sobre todo, lo más grande es que, sin ser un iluminado comprendo sin saber.
VOCES MONÓTONAS
Mientras haya esclavitud, habrá libertadores, aunque luchen en vano, necesarios son. La libertad y la paz son utopías, meros sueños que desembocan en el valle desierto de una nueva sumisión. No es que la paz sea irrealizable; la agitación es el comienzo de lo nuevo, de lo que se gesta y llega a existir después. El polluelo ha de romper la cáscara del huevo. Sin un mínimo esfuerzo, el que nace no llega siquiera a buscar con qué calmar su hambre y su ansiedad.
Siempre han de haber malos versificadores y malos poetas, con el tintineo de sus voces perdidas entre la multitud. Soy uno de éstos, mi gloria se afinca en el absurdo de haberlo sido y continuar siéndolo. Y lo hago para vivir y trasmitir la parte de la verdad que desde el principio percibí, sin pretender sobresalir en absoluto. No quiero anularme al hundir en el silencio mi verdad. Mi verdad es la de todos, de los que claman, de los que callan y de aquellos que nunca se atrevieron a salir de la prisión del sometimiento, resultando víctimas de toda humana incomprensión.
Todos tienen derecho a la libertad, aunque sólo unos cuantos la puedan hallar. Los otros se habrán de consolar con los sobrantes que arroja la marejada de los dueños de la nata, que buscan a toda costa el gran botín. El que ignora cómo funciona ese aparato, lo disloca o de manera estúpida se somete a él
OSCURA NOCHE
Se refugia el alma en su noche de miserias; el corazón en su caverna oscura palpita sin parar hasta el final. Hombres hay que no quieren apartarse de ese estado. Un viento más frío que el del mismo polo, los vapulea inclemente, fustigándoles de manera constante. Con todo, el hombre va sin fe y sin norte, sin saber qué hay tras de la realidad conocida. Si es falso o es verdad cuanto se ha dicho. La dicha es apenas un leve susurro y nada más. La esperanza, un foco de luz que el viento azota. El amor, un horno que a veces calienta y otras veces se enfría. Impasible y a veces desdeñoso, como si nada se le viniera encima, avanza el hombre para perderse luego entre una nube tan oscura como amarga.
Así digan que esto no es más que una visión trágica y fatal de una mente delirante, mirad el fin y comprenderéis como muchos lo hicieron; no claudicaron jamás, pero tuvieron presentes las verdades tremendas e intangibles que muchos no perciben y menos descubren. Con ser así, sufren aunque lo ignoren todo. El que más se aproxima al conocimiento puede ver cómo avanza el peligro en la distancia y es factible que pueda rehuirlo.
CORTA NOTA
Quien sólo por el placer de mirar, es capaz de contemplar la hermosura de un rostro, una imagen grabada, un paisaje, una flor. También puede apreciar la imponencia del espacio y sus múltiples maravillas, sin sentir sufrimiento, amargura o pesar. Ver que el mundo es tan chico como un grano de arena, en la playa estelar.
Puede el hombre en su lucha constante, encontrar cosas nuevas, o llegar hasta el sitio en el cual esté lo que haya sido motivo de su mucha ambición; observarlo, palparlo, extasiarse en aquello, pero nunca incrustarlo en su ser.
MI PEQUEÑO MUNDO
Ahí está, es pequeño, tan pequeño que a una nuez, es comparable. Camina, no cabe duda. El movimiento es eterno como eternos son los mares y el espacio prototipo de poder y eternidad. Nunca se detiene, aunque a veces se distrae. Sigue su ruta fijada, no se queda plantado. En la acción está el motivo que lo impulsa a continuar.
Cuando llegaron los tiempos de las primeras tormentas, buscando, siempre buscando no cesó en su travesía. Fue dueño de su aislamiento, el que muchos confundían con una isla desierta, o una barca a la deriva. Es este mi mundo aparte, mi refugio y mi ventura. Si no existiera el cristal, la luna serviría de espejo y las noches siempre negras mirarían de soslayo.
A veces creemos que nos miran unos ojos, cuando ni siquiera nos ven, su visión está lejana. Miran sin que quedemos en el foco de esa mirada. Creemos haber hallado lo que con tenacidad hemos buscado. Cuando queremos asirlo, escapa con la presteza del rayo que nunca cae. Todo esfuerzo resulta inútil. Lo que creíamos cercano, resulta ignoto, y lo distante cercano a nuestro alcance, quizás.
DILEMA
No sé porqué me desconcierta el ruido. Ni cómo puede el alma olvidar lo que ya ha amado. El aire es vida, y sin embargo, a veces contamina y mata si en su corriente circula algo nocivo.
Si llega el bien, el mal se anula. Si el mal hace presencia en medio de la fiesta, la traición cumple su oficio. Lo amado llega a odiarse; se convierte en fealdad lo que hasta allí fue bien hermoso. La oscuridad cubre el recinto, la luz no ilumina la estancia, y el camino no es más que una cicatriz que pronto se abre.
No crean que el hombre solitario sea temible como afirman. Es un león domesticado, aunque pueda rugir no causa daño. Un ser apartado del grupo que mira desde otra dimensión el ajetreo de lo que los demás llaman, vida práctica. No rehúye a la gente ni la insta a que lo sigan, reconoce y respeta la libertad de cada uno. Lo demás, es ficción.
A veces soñamos que soñamos con algo tan bello e imposible, que el alma soñadora se despierta al más leve temblor que nunca ocurre.
SOBERBIA HUMANA
Flores rojas a la vista. Música lejana, tan lejana que parece venir de otras esferas. Aun, siendo todo así de hermoso y estupendo, hay algo que no encuadra en el conjunto. Un vacío, un abismo; una cicatriz que nunca sana. La manzana podrida, el vino triste.
El día que pasó ya no tiene importancia, ha quedado encallado en la orilla del tiempo. Imposible tratar de revivirlo. No reviven los muertos ni retoñan los astros que se están disgregando. La que reina es la noche y ésta tiene sus límites, vano es tratar de expandirlos, o siquiera fijarlos.
El alba del próximo día abre su ojo diáfano y puede verse el recorrido de un gusano oscuro, gigante que incursiona en el panorama desgarrando los velos de las futuras lloviznas. Se presiona una llave, se acciona un manubrio. Una broca abre un hueco en la pared, aparece una huella endeble e indiferente al paso del tiempo y a los muchos rumores que podrán circular.
NO SON VANOS LOS COLORES
Verde la esperanza, amarillo el enfado.
Azul la añoranza, de la remembranza
Es prima cercana la blanca ilusión.
Noche de continuas ventiscas, el invierno arrecia,
Dentro de mi estancia todo está en silencio.
Si más hubiera amado, más habría sufrido.
Si he sufrido penas porque amé una vez, cuántas sufriría
Si a cien se acercaran.
Y a pesar de aquello, no quiero apartarme de la fuente amiga,
Así esté enturbiada, la proclamo hermosa.
Una luz que salta entre el aquí y el allá
Ha de ser eterna, y si no lo fuese, la amaría también.
Hay quien se enamore del caprichoso perfil de una tormenta
Y hasta de las sombras del último fin.
REFLEXIÓN
A los que quieran saber de mi razonamiento, les diré sin tapujos mi opinión:
En esta vida he aprendido algo importante y de valor. Amar el milagro de la vida. Vivir cada momento con pasión. Haber nacido, haber llegado hasta el punto en el cual estoy, esperando sereno la despedida. Lo demás una farsa que da risa. Sin tocar ningún extremo avanzo y me pierdo entre el denso velo, figura evidente del fatal desdén. Conozco el paso que hasta el fin me lleva y la encrucijada que dejo al partir.
REHACER
Puedes caminar en silencio por un inmenso desierto, o recorrer dos mil kilómetros por las rutas de los Andes. Tu final puede ser triste, cumpliéndose tus temores, o por lo contrario un manojo de infinitos parabienes. Lo que lleves en el alma determina el resultado.
No hay viaje más alarmante y de cuidado, que el que se adentra en el tiempo, en uno mismo. Si tu pasado fue de gloria, de alegrías y de lujos, notarás la diferencia al mirar en el recuerdo las imágenes que fueron el centro y la periferia.
Sólo el presente tenemos, eso sí, por un instante, porque a medida en que pasa, los sueños quedan atrás y la esperanza se torna en remembranza y nostalgia.
Soledad, ¿qué espinas guardas, por qué te ensañas en aquel que tiene la frente rota y dolorida la piel y nunca pudo esquivarte?
Ninguna ilusión de corazón, ninguna alteración de los sentidos. El vacío me reclama y voy a él.
Últimamente he sentido que el mundo gira al revés. Tal vez los astros cansados de rodar en el espacio, buscan con sigilo, poder detenerse y volver al primer punto en el cual todo empezó.
SILENCIO
Calladas las notas del último canto
Cerradas las puertas de la habitación.
Mirad cómo yacen los viejos retablos
De idilios perdidos que no serán más.
La vida que tuvo color de esperanza
Tornada en pedazos semeja un mosaico.
Y lejos, muy lejos reposan las flores
Que antaño adornaban la mesa central.
Silencio, canción secreta que envuelve todo lo oculto
Con cuánta delicadeza deja en reposo el pasado
Procurando que otras notas
No aviven aquel fogón al expandirse las llamas.
NO ES HERMOSA
No es hermosa esta tarde como aquella, cuando el dolor aún estaba lejos.
Reina la misma quietud, pero en el aire fluyen otras brisas mas esquivas. El tiempo cambiante, busca una hoja para cada día y cada hora, sólo lo inerte permanece.
Pasa un ave, no se sabe a dónde va, ni de qué lugar procede. Es el ave precursora del olvido sepulcral y de la calma definitiva.
En la distancia hay un vacío en el cual caben todas las heridas que el mundo, desde su principio ha recibido.
Un hombre en un antejardín, lee un libro. Hombre, libro y soledad se funden en el más elemental de los conjuntos.
Todos los hombres recuerdan lo que una vez amaron y lo evocan en horas en que todo parece que se derrumba y se va a pique.
¿En qué parte quedaron suspendidas las últimas palabras que un día pronunciaran los labios adorados de quien marchó a su fin sin dejar rastro?
Escucho que me llaman con una voz apagada como la del viento de invierno. Su sonido es débil y no entiendo ese lenguaje.
Cuando el verano vuelva, la voz que me llamaba, será el simple eco del agua que cayó después de pasada media noche.
Sencillamente, sin más explicaciones, busca la acera el ciego y el perro su cubil. La luz que fue, será simples reflejos y las voces de hoy, un murmullo que se aleja y se apaga hasta su total agotamiento.
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