Cuando la dicha se acaba y el dolor toque a tus puertas, todo el azul de los cielos se tornará gris, o negro. El gris de la tristeza, el negro del desencanto. No existe peor tormento que amar sin ser correspondido. Lo mejor en este caso, dar la espalda, y como el río, que sigue el cauce en silencio, marchar sin mirar atrás y no detenerse nunca.
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